Por: Michael J. de la Merced, Stanley Reed y Daisuke Wakabayashi.   3 mayo
Los negocios del mundo y el gobernante “de facto” de Arabia Saudita, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, reconocen que se necesitan los unos a los otros.
Los negocios del mundo y el gobernante “de facto” de Arabia Saudita, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, reconocen que se necesitan los unos a los otros.

Seis meses después de que agentes de Arabia Saudita asesinaron y desmembraron al escritor Jamal Khashoggi, las empresas ya no evitan el reino árabe.

El gigante de los cines AMC asegura que sigue adelante con sus ambiciosos planes de expansión con decenas de salas en aquel país. La semana antepasada, cientos de inversionistas se amontonaron para hacer pedidos por $100.000 millones para la primera venta de bonos a nivel internacional relacionada con la empresa petrolera respaldada por el Estado saudita. Google tiene un gran centro de datos en desarrollo.

Muchas empresas sostienen que en parte están ayudando a abrir una sociedad profundamente conservadora. Una proyección de “Black Panther” de Marvel a inicios de 2018 en una sala de conciertos readaptada levantó una prohibición de 35 años a las salas de cine, y asistieron hombres y mujeres juntos.

Sin embargo, la lógica es simple: se puede ganar muchísimo dinero al trabajar con el reino que vive de la empresa más rentable del mundo, Aramco. Hace unas semanas, Aramco divulgó que el año pasado había generado $111.100 millones en utilidad neta. Esa cifra supera la combinada de Apple, Royal Dutch Shell y Exxon Mobil.

“No es nada personal”, comentó J. Robinson West, el director gerente de BCG for Energy Impact, una consultoría con sede en Washington, para explicar por qué los inversionistas y los bancos se abalanzaron sobre la venta de bonos.

Para las corporaciones de todo el mundo, la muerte en octubre pasado de Khashoggi —un columnista de The Washington Post que fue estrangulado cuando entró al consulado saudita en Estambul— era una controversia que debían evitar. Los líderes empresariales se retiraron de un congreso de alto perfil a celebrarse en Riad, el cual iba a ser patrocinado por el gobierno, y desde entonces se han mantenido en silencio respecto de los vínculos de sus empresas con el reino.

Sin embargo, los negocios del mundo y el gobernante “de facto” de Arabia Saudita, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, reconocen que se necesitan los unos a los otros.

La fortuna de Arabia Saudita cae y sube con el precio del petróleo. Cada vez es más común que busque nuevas inversiones y nuevos negocios para mantener a su población de rápido crecimiento —33 millones de personas, la mayoría de las cuales son menores de 30 años— y para reducir una tasa de desempleo cercana al 13 %.

Tras un aumento de una tercera parte en los precios del petróleo este año, a unos $71 por barril de crudo Brent, la promesa de Arabia Saudita ha sido demasiado rica como para que muchas de las grandes empresas la dejen pasar. Google, JPMorgan Chase y el gigante de la tecnología SoftBank son algunos de los negocios que han mantenido su relación con Arabia Saudita.

“Analizamos la situación a profundidad y llegamos a la conclusión de que la mejor estrategia era seguir adelante”, señaló Adam Aron, director ejecutivo de AMC, en una entrevista en la que describió la decisión que tomó su empresa de abrir al menos 40 nuevos cines en el país de Medio Oriente durante los próximos cinco años.

“Es hacer lo correcto por la gente de Arabia Saudita”, afirmó este mes. “No han podido ir a ver películas al cine en décadas”.

Durante más de un año, Google ha trabajado en un centro de datos saudita, su primero en el Medio Oriente y un importante centro para sus servicios de cómputo en la nube. Las revelaciones sobre el asesinato de Khashoggi no han desviado el curso de sus planes. Cuando se le cuestionó sobre sus negocios con el reino, Google respondió que había firmado un memorando de entendimiento con Saudi Aramco a inicios de 2018 “para explorar la creación potencial de servicios en la nube con el fin de servir a nuestros clientes del Medio Oriente. No hay más novedades que compartir hasta el momento”.

Guardaron silencio

En octubre, el director ejecutivo de JPMorgan, Jamie Dimon, canceló una aparición en el congreso de Riad, pero hace dos semanas apareció para promover el acuerdo de bonos de Saudi Aramco a inversionistas de Nueva York.

La firma de inversiones Blackstone sigue con sus planes de gastar dinero de un fondo de infraestructura de $40.000 millones, del cual $20.000 millones tendrían que provenir de las arcas sauditas, de acuerdo con una persona informada sobre el tema que no está autorizada para hablar en público sobre los planes de inversión de la firma.

Además, SoftBank, cuyo fondo Vision Fund de casi $100.000 millones para inversiones en tecnología cuenta con el gobierno saudita como su más grande respaldo, ha tenido pocas dificultades para elaborar acuerdos mediante el dinero en efectivo de los sauditas. Ha participado en 20 inversiones desde que surgió la noticia sobre Khashoggi, de acuerdo con datos de S&P Global Market Intelligence.

Muchas empresas de Occidente guardaron silencio sobre sus inversiones continuas en Arabia Saudita semanas después de la desaparición de Khashoggi.

No obstante, en noviembre, el director ejecutivo de SoftBank, Masayoshi Son expresó con claridad una justificación que muchos titanes corporativos han usado discretamente para trabajar con el reino. “A pesar de lo terrible de este suceso, no podemos dar la espalda al pueblo saudita pues trabajamos para ayudarle en sus esfuerzos continuos de reformas y modernización para su sociedad”, mencionó Son a analistas e inversionistas en una presentación de ingresos en Tokio.

Sin embargo, algunas empresas han decidido retirarse.

A inicios de este año, Endeavor, la agencia de talentos de Hollywood, regresó una inversión saudita de $400 millones y terminó su relación con los líderes del reino. El empresario británico Richard Branson, quien regresó impresionado por la visión del príncipe heredero Mohamed después de una visita que realizó en 2017, reculó después del homicidio de Khashoggi. Branson suspendió su actividad como director en empresas sauditas de turismo y frenó sus conversaciones con el Fondo de Inversión Pública.

Muchas empresas mundiales sostienen que en parte están ayudando a abrir una sociedad profundamente conservadora.

En el caso improbable de que más empresas de Occidente sigan su ejemplo, el reino tiene un plan de contingencia: trabajar cada vez más con sus aliados de Asia.

Países como China, Corea del Sur y Tailandia se han vuelto clientes claves de los sauditas a medida que Estados Unidos reduce su dependencia en el petróleo importado debido a la producción doméstica de esquisto.

A su vez, el gigante petrolero de China Sinopec se ha vuelto un inversionista de alto perfil en el reino, con una empresa conjunta de refinería con Aramco y una instalación de investigación y desarrollo en un parque científico llamado Dhahran Techno Valley, al este de Arabia Saudita. El parque científico representa un esfuerzo de los sauditas para crear un centro tecnológico alrededor de Aramco y de la cercana Universidad Rey Fahd de Petróleo y Minerales.

Otras empresas que aparecen como locatarias en el sitio web del parque son Halliburton, Honeywell, Schlumberger, Emerson Electric, General Electric y Baker Hughes, una empresa de GE.