Por: ALEXANDRA STEVENSON.   22 junio
Una bandera china ondea sobre el río Yalu en la frontera con Corea del Norte. (Yan Cong/The New York Times)
Una bandera china ondea sobre el río Yalu en la frontera con Corea del Norte. (Yan Cong/The New York Times)

Hong Kong. Corea del Norte es uno de los países más aislados del mundo; su gobernante es un dictador impredecible con un dedo puesto en un botón nuclear. Así que, ¿quién está listo para hacer negocios ahí?

Bueno, básicamente nadie.

Sin embargo, antes de la reunión del presidente Donald Trump con Kim Jong-un en Singapur, que concluyó con un acuerdo para seguir negociando, algunas empresas e inversionistas intrépidos comenzaron a considerar las posibilidades. ¿Qué pasa si Corea del Norte abre su economía, aunque sea un poco, dando a las empresas mundiales una oportunidad en el único mercado de crecimiento al que no se ha tenido acceso en el este de Asia?

El martes 12 de junio, Trump dio una idea de lo que Corea del Norte podría ganar si abandona sus armas nucleares y cambia su comportamiento.

“Por ejemplo, tienen unas playas maravillosas”, dijo en la conferencia de prensa después de la reunión de la cumbre. “Se pueden ver cuando hacen explotar sus cañones en el océano. Me dije: ‘Vaya, mira esa vista. ¿A poco no sería perfecta para un condominio?’”

¿Oportunidades?

Vamos a retroceder un poco. Las posibilidades de que Corea del Norte abra su economía de esa forma en un futuro próximo son pocas —muy, muy pocas— o nulas. A pesar de ello, algunas empresas están estableciendo grupos de trabajo internos para comenzar a diseñar planes, según abogados y asesores especializados en Corea del Norte. Las acciones de las compañías que podrían beneficiarse están comenzando a subir, en lo que un analista denominó “el repunte del Hombre Cohete”.

Unas cuantas empresas grandes han tratado con vacilación de comunicarse con contactos en Corea del Norte, comentó Wook Yoo, socio de Bae, Kim & Lee, un despacho de abogados surcoreano. Otros han investigado por dónde empezar. “Hemos recibido llamadas de varias empresas muy interesadas en preparar futuros negocios con Corea del Norte”, dijo Yoo.

No queda claro cuántas ni cuáles empresas están considerando la idea. Los funcionarios de las empresas se muestran renuentes a hablar de sus planes abiertamente. Los que inicialmente están tanteando el terreno en Corea del Norte temen violar las sanciones estadounidenses e internacionales, que al parecer no disminuirán pronto. Esas restricciones se han vuelto tan estrictas que los inversionistas han abandonado los esfuerzos tempranos para incursionar en el mercado norcoreano.

Incluso si se avanza, el mundo todavía estaría enfrentándose a un líder que desvió millones de dólares de la economía de su país para construir armas poderosas, lo cual ocasionó escasez de alimentos entre sus ciudadanos.

No obstante, a algunos en el mundo empresarial les parece que la idea es interesante.

Corea del Norte tiene una población relativamente joven, al igual que una tendencia emprendedora subyacente. Cuenta con una enorme cantidad de recursos, como terrenos excepcionales y mineral de hierro; además, Corea del Sur ha ofrecido a su contraparte del norte un plan de modernización que incluye construir ferrocarriles y plantas de energía.

“Ahí es donde se va a ganar dinero”, comentó Justin Hastings, profesor asociado de la Universidad de Sídney y autor de un libro sobre la economía de Corea del Norte. Es decir, “si puedes descubrir la forma de que no te expropien”, agregó Hastings, citando los antecedentes de Pionyang en la confiscación de activos.

Un cambio repentino en el clima empresarial de Corea del Norte tampoco sería algo inusitado: a principios de esta década, Birmania, antes cerrada al comercio, se abrió rápidamente, atrayendo a grandes empresas de todo el mundo.

“Quieren que la inversión estadounidense venga a Corea del Norte”, Chung-in Moon, asesor presidencial de alto nivel de Corea del Sur, dijo en abril a CNN, y agregó: “Sí, quieren una Trump Tower. Quieren McDonald’s y todo ese tipo de cosas”.

(Yan Cong/The New York Times)
(Yan Cong/The New York Times)
Vecinos

Casi tres cuartas partes de las empresas surcoreanas estarían dispuestas a hacer inversiones en Corea del Norte una vez que se levanten las sanciones, según una encuesta realizada a 167 empresas y publicada la semana pasada por el diario Maeil Business Newspaper en Corea del Sur.

Tratándose de negocios, Corea del Norte no es para los débiles. Su economía tiene la mitad del tamaño de la sexta ciudad más grande de Corea del Sur. Para las empresas, sería necesario garantizar la electricidad y el agua. Yoo comentó que Corea del Norte carecía de formas básicas de resolución de controversias empresariales para las empresas extranjeras.

Las pocas empresas chinas, japonesas y surcoreanas que se han aventurado a ingresar a Corea del Norte han visto confiscados sus activos.

Xiyang Group, una minera china, acabó de construir su primera mina ahí en 2012 solo para ver a Corea del Norte expulsar a sus empleados del país y asumir el mando. Xiyang dijo que perdió alrededor de 45 millones de dólares en el proyecto.

El Parque Industrial Kaesong, un centro de manufactura que construyó Hyundai en el lado norcoreano de la frontera hace más de una década, cerró en dos ocasiones antes de que Corea del Norte congelara los activos surcoreanos hace dos años. Las 123 empresas que operaban en el complejo declararon que, en conjunto, perdieron 1300 millones de dólares.

Además, la fuerza laboral norcoreana carece de habilidades básicas, según mencionaron los que han visitado el país.

“La brecha más grande que estamos tratando de acortar —y es muy, pero muy grande— es el gran aislamiento de Corea del Norte”, dijo Geoffrey See, fundador de Choson Exchange, una organización sin fines de lucro que organiza talleres con estudiantes, académicos y científicos norcoreanos. “Si observas a otros países que se abren, ya tienen una diáspora para regresar con conocimientos”.

El solo hecho de recibir una respuesta puede ser difícil, comentó See. Recordó que envió un correo electrónico hace una década a un funcionario de Piongyang sobre la apertura de Choson Exchange. Pasaron dos meses antes de que recibiera una respuesta.

Luego están las empresas nacionales de Corea del Norte y sus profundas conexiones con el gobierno.

“Hay intereses creados en Corea del Norte”, afirmó Christopher Green, investigador de la Universidad Leiden en los Países Bajos, quien ha entrevistado a los desertores norcoreanos. “La economía es subdesarrollada y hay personas que ya están ganando dinero ahí. Lo último que una empresa norcoreana querría es el ingreso de una empresa surcoreana como Samsung”.

Hyundai tiene planes futuros para el complejo Kaesong. incluyendo una zona para tecnología que podría albergar a 2000 empresas y 600.000 empleados, según su página web. Incluso tendría un campo de golf.

A pesar de la carencia de habilidades básicas de los norcoreanos, el país cuenta con una generación de aspirantes a emprendedores dispuestos a aprender, comentaron See y otros.

“Quieren que la inversión estadounidense venga a Corea del Norte. Sí, quieren una Trump Tower. Quieren McDonald’s y todo ese tipo de cosas”, ”dijo Chung-in Moon, asesor presidencial de Corea del Sur.