Por: Peter S. Goodman.   24 mayo
El primer ministro ha India sido elogiado por reducir la legendaria burocracia y cambiar la percepción de que su paí­s era hostil para los negocios, pero no ha logrado estimular de manera significativa el crecimiento económico.

A lo largo del valle de Kangra, en las faldas de los picos cubiertos de nieve de los Himalayas, la promesa de vías férreas modernas reverberó como el comienzo de algo fundamental: acceso a empleos, hospitales, universidades y tiendas.

Muchas poblaciones estaban conectadas al resto del país por caminos sin pavimentar y con baches y vías férreas ruinosas que instalaron los británicos hace un siglo. Durante la temporada de lluvias, los derrumbes bloqueaban los trenes e inundaban los caminos, haciéndolos intransitables.

Narendra Modi, quien entonces contendía para convertirse en primer ministro, había ido a la región en 2014 con promesas de liberación. Una nueva vía férrea resultaría en un servicio de trenes rápido y confiable. Sin embargo, cinco años después, ahora que Modi busca reelegirse, los pobladores observan el engaño en las vías viejas con una mezcla de disgusto y resignación.

“Aquí no ha pasado nada”, dice Lata Devi, de 55 años. “Quiero ver a Modi en persona. Quiero que vea cómo vivimos aquí. No voy a votar y le voy a romper las piernas a quien lo haga”.

A medida que India se acerca al fin de la elección más grande del mundo, que comenzó el mes pasado, Modi enfrenta el enojo ocasionado por no cumplir con las promesas que lo llevaron al cargo: la revitalización económica.

El primer ministro ha sido elogiado por reducir la legendaria burocracia de India; ha cambiado las percepciones de que su país era hostil para los negocios, pero no ha logrado estimular de manera significativa el crecimiento económico, en parte debido a su historial decepcionante en la recuperación de proyectos de infraestructura estancados. El primer ministro ha defendido los enlaces férreos, terrestres y eléctricos como un medio para aumentar el desarrollo en su país de 1.300 millones de habitantes.

Aunque la construcción de carreteras ha aumentado de manera importante, la infraestructura en general se ha quedado corta. Durante los últimos tres meses de 2018, las inversiones en nuevos proyectos cayeron a los niveles más bajos durante el mandato de Modi, según el Centro de Monitoreo de la Economía India, una organización de investigación independiente en Bombay.

“La caída después de 2016 ha sido bastante grave”, mencionó Mahesh Vyas, director del centro. “Pensó que podía resolver todas esas cosas con una varita mágica”, agregó.

El retraso en el crecimiento ha reducido los ingresos fiscales del gobierno, lo cual ha obligado a Modi a recortar el gasto en obras públicas. Las autopistas privadas y las plantas eléctricas se han postergado dado que los bancos han retenido el financiamiento tras pérdidas en emprendimientos previos.

El primer ministro heredó una situación conflictiva que ha azotado a India desde hace décadas: sin importar cuanto crezca la economía india no se producen suficientes empleos. Prometió crear diez millones de empleos al año.

Como exjefe de gobierno de Gujarat, su estado natal, (ampliamente aclamado como el más emprendedor de India) fue celebrado como un líder que pudo aprovechar los recursos naturales, la destreza intelectual y la enorme mano de obra de India en aras de la industrialización.

No obstante, uno de los programas por los que se le conoce, “Hecho en India”, que se proponía ayudar a la industria manufacturera, ha producido una inmensa ola de pronunciamientos públicos y pocas contrataciones, en parte debido a que la infraestructura desigual del país ha desalentado la inversión. La tasa de desempleo aumentó del 2,2% en 2011 hasta llegar a una cifra que no se había visto en 45 años del 6,1% el año pasado, según el sondeo nacional gubernamental.

Nacionalismo hindú

A pesar de ello, Modi se ha ganado el fervor de las masas con sus llamados al nacionalismo hindú y sus enfrentamientos militares con la némesis de India, Pakistán. Se espera de manera generalizada que resulte reelecto tras las votaciones.

Aquí en el estado norteño de Himachal Pradesh, el primer ministro goza de un apoyo particularmente fuerte debido a los días en los que supervisó esta región para su organización política nacionalista hindú, el Partido Bharatiya Janata, BJP, o Partido Popular Indio.

Desde la ciudad de Dharamsala —mejor conocida como la sede del líder espiritual tibetano exiliado, el Dalai Lama— hasta los poblados del valle de Kangra, la gente lamenta el estado de la economía, pero simultáneamente alaba a Modi.

“Es un gran hombre”, dijo Ajai Singh, director ejecutivo de Glenmoor Cottages, un conjunto de residencias privadas en una arboleda de cedros en Dharamsala. Una bandera del BJP ondea desde el techo del edificio.

“Todavía no ha logrado nada”, aceptó después Singh. “Va a gobernar por otro periodo y entonces veremos resultados”.

El fracaso de Modi para terminar los proyectos de infraestructura estancados ha dejado a muchos pueblos rurales sin empleos de ningún tipo.

Anek Kumar, de 42 años, ha trabajado en la compañía Dharmsala Tea durante más de una decena de años. Barre las hojas de té recién cosechadas para formar pilas y ponerlas en máquinas que las enrollan para convertirlas en té; su sueldo es de 7.100 rupias (alrededor de $100) al mes.

Tiene que hacer un recorrido de 90 minutos desde su pueblo a su lugar de trabajo, camina cuatro kilómetros por un camino sin pavimentar, para luego tomar un autobús. No hay empleos de tiempo completo cerca de donde vive, afirma.

En los mítines de campaña de 2014, Modi prometió fortalecer los enlaces férreos de Himachal Pradesh. Los miembros locales del Parlamento prometieron renovar la línea que va al oeste desde la ciudad de Pathankot, en el estado de Punjab, con destino a Joginder Nagar, un recorrido de 160 kilómetros que actualmente dura diez horas.

Remplazarían el ancho de la vía férrea para darle una mayor extensión, y a la vez expandirían la línea unos 804 kilómetros al norte hasta la ciudad de Leh, en el estado montañoso de Ladakh.

El pueblo de Baijnath parecía resultar beneficiado, dado su templo del siglo XIII dedicado a la deidad hindú Shiva. Los peregrinos viajan hasta ese sitio para hacer ofrendas, además de recibir turistas de todas partes del mundo. Un tren más rápido y cómodo traería más gente.

En las colinas por encima del templo, un deslucido hotel de lujo, el Hotel Taragarh Palace, pensaba que el proyecto ferrocarrilero ayudaría a llenar sus habitaciones, ahora con una ocupación de una cuarta parte del establecimiento, explicó su gerente, Rajiv Mahajan.

El Primer Ministro heredó una situación conflictiva que ha azotado a India desde hace décadas: sin importar cuanto crezca la economía india no se producen suficientes empleos. Prometió crear diez millones de empleos al año.

En Joginder Nagar, la polvosa ciudad donde el tren ahora comienza y termina, las empresas que suministran materiales de construcción y las tiendas de aparatos electrónicos habían imaginado usar el tren para traer mercancías de distribuidores y fábricas a la mitad del costo que pagan a las compañías de transporte en camiones.

No obstante, cuando el ministerio ferroviario comenzó a hacer encuestas en 2016, concluyó que la vía existente tenía “valor patrimonial” y debía conservarse.

“El tren no ha cambiado desde que los británicos lo construyeron”, afirma Suridender Pal, de 50 años, sastre. “Modi prometió tiempos mejores. No hemos visto tiempos mejores. Los ricos sí los han visto. Los pobres no”.