Por: Cade Metz.   5 septiembre
Da la impresión de que el Pentágono está avanzando por su cuenta para encontrar formas de fortalecer sus lazos con los investigadores de inteligencia artificial, en particular dentro de Silicon Valley, donde hay una desconfianza considerable respecto de trabajar con agencias militares y de inteligencia.
Da la impresión de que el Pentágono está avanzando por su cuenta para encontrar formas de fortalecer sus lazos con los investigadores de inteligencia artificial, en particular dentro de Silicon Valley, donde hay una desconfianza considerable respecto de trabajar con agencias militares y de inteligencia.

En mayo, Jim Mattis, el secretario de Defensa, envió un memorando al presidente Donald Trump en el cual le imploró que creara una estrategia nacional relacionada con la inteligencia artificial.

Mattis arguyó que Estados Unidos no llevaba el mismo ritmo de los planes ambiciosos de China y otros países. Con una floritura final, Mattis citó un artículo de revista que escribió recientemente Henry Kissinger, el exsecretario de Estado, y solicitó la creación de una comisión presidencial capaz de “inspirar una iniciativa a nivel nacional que garantice el liderazgo de Estados Unidos no solo en asuntos de defensa, sino en una ‘transformación de la condición humana’ de mayor alcance”. Mattis incluyó una copia del artículo de Kissinger en su nota de cuatro párrafos.

El memorando de Mattis, del cual no se había dado noticia y que pudo ver The New York Times, reflejaba una creciente sensación de urgencia entre los funcionarios de defensa en torno a la inteligencia artificial. Los asesores y los responsables de planificación que intentan pronosticar amenazas creen que la inteligencia artificial podría ser el siguiente punto de inflexión tecnológico en las guerras.

El gobierno chino ha complicado más el panorama con su propia estrategia nacional. Organizaciones académicas y comerciales de China han sido abiertas respecto de su trabajo cercano con las fuerzas armadas en proyectos de inteligencia artificial. La llaman “fusión civil-militar”.

No queda claro qué efecto tuvo el memorando de Mattis, si es que tuvo alguno. A pesar de que en mayo —casi tres semanas antes de que Mattis enviara su nota— la Casa Blanca anunció que iba a establecer un panel de funcionarios gubernamentales con el objetivo de estudiar temas relacionados con la inteligencia artificial, los críticos aseguran que el gobierno aún no ha hecho lo suficiente por fijar una política federal. Funcionarios de la Oficina de Políticas de Ciencia y Tecnología, un órgano que tiene muchas probabilidades de desempeñar un papel de liderazgo en la creación de una agenda para la inteligencia artificial, señalaron que esta tecnología es una prioridad nacional de investigación y desarrollo, y que es parte de las estrategias nacionales de defensa y seguridad del presidente.

No obstante, da la impresión de que el Pentágono está avanzando por su cuenta, para encontrar formas de fortalecer sus lazos con los investigadores de inteligencia artificial, en particular dentro de Silicon Valley, donde hay una desconfianza considerable respecto de trabajar con agencias militares y de inteligencia.

A finales de junio, el Pentágono anunció la creación del Centro Conjunto de Inteligencia Artificial (JAIC, por su sigla en inglés). Los funcionarios de Defensa no han mencionado cuántas personas están asignadas al nuevo programa o dónde tendrá su sede cuando comience sus labores el próximo mes. Podría tener varias oficinas por todo el país.

$1.700 millones

El Departamento de Defensa quiere pasar $75 millones de su presupuesto anual a la nueva oficina para invertir un total de $1.700 millones en cinco años, de acuerdo con una persona familiarizada con el tema sobre el cual no tenía permiso de hablar públicamente.

Conocido como “el Jake”, el centro está promocionado como un mecanismo para facilitar decenas de proyectos de inteligencia artificial en todo el Departamento de Defensa. Dentro de estos planes se encuentra el Proyecto Maven, un esfuerzo que tiene como fin crear tecnología para identificar personas o cosas en video que hayan captado drones, el cual se ha convertido en un símbolo de la brecha ideológica entre el gobierno y Silicon Valley.

En la época que Mattis escribió el memorando para Trump, miles de empleados de Google protestaron por el involucramiento de su empresa en el Proyecto Maven. Después de que las protestas se hicieron públicas, Google se retiró del proyecto.

Es probable que las protestas hayan sido una sorpresa para los funcionarios del Pentágono, pues las grandes firmas tecnológicas han trabajado para el Departamento de Defensa desde que ha existido Silicon Valley. Además, hay un dejo de ironía en el hecho de que cualquier industria se rehúse a trabajar con las fuerzas armadas en la inteligencia artificial, pues las competencias de investigación patrocinadas por una rama del Departamento de Defensa, llamada DARPA, iniciaron el trabajo en la tecnología que llevan los vehículos autónomos y que ahora muchas empresas tecnológicas están intentando comercializar.

Sin embargo, para algunos investigadores, hay una gran diferencia entre crear vehículos robóticos y desarrollar armas robóticas. Además, temen que las armas autónomas sean una amenaza inusual para los humanos.

“Es un momento especial, pues hay mucho activismo proveniente de Silicon Valley”, opinó Elsa Kania, investigadora asociada del Center for a New American Security, un centro de investigación que explora las políticas relacionadas con la seguridad y la defensa a nivel nacional. “Una parte se debe a la situación política, pero también refleja una inquietud profunda por la militarización de estas tecnologías, así como por el uso que se les puede dar en el ramo de la vigilancia”.

Los funcionarios tienen la esperanza de que el Centro Conjunto de Inteligencia Artificial cierre esa brecha.

“Una de nuestras grandes fortalezas a nivel nacional es la innovación y el talento que se encuentran en el sector privado y en las instituciones académicas, esta cualidad es posible gracias a una sociedad abierta y libre”, mencionó Brendan McCord durante una reunión pública que se celebró el mes pasado en Silicon Valley. McCord, exoficial submarino de la Armada y veterano de las empresas emergentes dedicadas a la inteligencia artificial, dirigirá el centro. “El JAIC ayudará a que evolucionen nuestras colaboraciones con la industria, la academia y nuestros aliados”.