.  6 abril
Mientras Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, acusa a China de prácticas de comercio predatorias y aplica un castigo de manera unilateral, la Organización Mundial del Comercio, encargada de preservar la paz, aparece marginada.
Mientras Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, acusa a China de prácticas de comercio predatorias y aplica un castigo de manera unilateral, la Organización Mundial del Comercio, encargada de preservar la paz, aparece marginada.

​Lo más común es que los acuerdos comerciales necesiten años de negociaciones detalladas.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte requirió dos años.

La creación de la Organización Mundial del Comercio tardó ocho años.

Sin embargo, el gobierno de Trump quiere rehacer el comercio mundial en cuestión de meses.

Para garantizar acuerdos rápidamente, la Casa Blanca ha adoptado una estrategia contenciosa en las negociaciones que no se había visto en décadas: amenazar a aliados y adversarios por igual con aplicar duras sanciones como aranceles y cuotas.

Estas tácticas han producido algunas primeras concesiones de socios comerciales, entre ellos Corea del Sur: el miércoles, Estados Unidos anunció de manera formal el acuerdo comercial actualizado con el país asiático.

Sin embargo, aún falta ver qué tanto se beneficiarán los trabajadores estadounidenses de estos acuerdos y si el sistema de comercio a nivel mundial puede soportar el caos.

El presidente Donald Trump y su negociador comercial en jefe, Robert Lighthizer, han impuesto una serie de fechas límites cruciales que se están acercando a gran velocidad.

Las exenciones temporales a las importaciones del acero y el aluminio provenientes de Australia, Brasil, Canadá, la Unión Europea, México y Corea del Sur están programadas para expirar el 1° de mayo, y el gobierno de Trump ha utilizado esa fecha límite a fin de obtener concesiones de esos países.

Trump demanda que Canadá y México —naciones que durante meses se han enfrascado en negociaciones con Estados Unidos respecto del TLCAN— acepten reescribir el acuerdo en cuestión de semanas.

El Mandatario quiere que para esa fecha Europa lo apoye en un enfrentamiento comercial con China, y ha cuestionado en público si Estados Unidos continuará con un acuerdo que se firmó hace mucho tiempo según el cual la Unión Europea cobra un arancel a los autos importados cuatro veces mayor que el arancel estadounidense.

Aranceles multimillonarios

En la que podría ser la batalla comercial más complicada en el horizonte, el gobierno de Trump está tomando medidas con el fin de imponer aranceles por hasta $60.000 millones al año a productos chinos para finales de abril.

Detrás de la premura está una promesa política que Trump hizo como candidato y como presidente según la cual despedazaría los acuerdos comerciales que no funcionaran para Estados Unidos y los reformularía para favorecer a las empresas y los trabajadores de su país.

Con las elecciones intermedias de 2018 a la vuelta de la esquina y muchos republicanos en posiciones vulnerables, Trump está intentando lograr acuerdos que sean del agrado de sus bases y ayudar a los republicanos a mantener el control en el Congreso.

Si funciona la estrategia, Trump podría apresurar la rescritura más importante de reglas comerciales en el mundo desde que, en 1993, 118 naciones aceptaron crear la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Ginebra.

Sin embargo, la premura conlleva riesgos significativos. Para Estados Unidos, los acuerdos que se firmen con rapidez podrían tener un impacto menor en la resolución de problemas más importantes y que llevan mucho tiempo, como el apoyo financiero de China a sus empresas locales.

Los nuevos aranceles también podrían provocar que los principales socios comerciales de Estados Unidos retrocedan y desaten una guerra comercial o una grave confrontación geopolítica.

Simplemente, podrían generar que algunos países prefieran retirarse de Estados Unidos antes que ceder ante demandas que podrían ser mal vistas en casa.

“Si el bombardeo de saturación que está implementando Estados Unidos al comercio busca abrir una negociación, la cual es una de las interpretaciones, entonces creo que hay una gran posibilidad de que mejoren las reglas de la OMC. Pero si los funcionarios estadounidenses buscan acabar con el sistema multilateral, entonces es un asunto muy grave”, manifestó Pascal Lamy, exdirector general de la OMC.

“Una vez que empieza el proceso, es difícil de detener”, comentó Nelson G. Dong, un inversionista internacional y abogado con especialidad en tecnología que trabaja en las oficinas de Seattle del despacho legal Dorsey & Whitney. “Se convierte en un desafío de hombrías”.

En el caso de Corea del Sur, las tácticas de presión alta proporcionaron buenos resultados, aunque aún no está claro qué tanto ayudarán las concesiones de Seúl a los trabajadores estadounidenses.

Según el acuerdo que se anunció el miércoles, Corea del Sur reducirá cerca de una tercera parte de sus exportaciones de acero a Estados Unidos para evitar una nueva imposición de aranceles al acero por parte del gobierno de Trump.

Del mismo modo, Corea del Sur aceptó importar el doble de autos estadounidenses (50.000) que permite ingresar al país cada año y que no requieren cumplir las peculiares normas de seguridad surcoreanas, las cuales han sido criticadas durante décadas por los funcionarios estadounidenses y europeos, pues las consideran barreras comerciales.

La demanda surcoreana de autos estadounidenses parece haber empezado a crecer, pero las nuevas reglas podrían no implicar un aumento inmediato para Detroit.

De acuerdo con la Asociación de Distribuidores e Importadores de Automóviles de Corea del Sur, la cantidad de autos importados de Estados Unidos sigue siendo menor al límite de 25.000: el año pasado, fueron 20.019.

No obstante, lo sucedido con Corea del Sur podría ser un ejemplo del objetivo que busca Trump al presionar para que sus socios comerciales firmen acuerdos rápidos.

Presionar para negociar

La semana pasada, Trump dejó muy claro que su meta al confrontar a los socios comerciales era llegar a un acuerdo negociado, en vez de recaudar miles de millones de dólares con los nuevos aranceles.

“Creo que, en muchos casos —tal vez en todos—, terminaremos negociando un acuerdo”, mencionó el Presidente.

No se sabe bien qué tanto funcionará esa estrategia con China, un socio comercial mucho más grande y pendenciero. En repetidas ocasiones, los funcionarios chinos han señalado que se oponen a las amenazas, pero podrían considerar una reducción en las barreras comerciales del país.

En un discurso que dio este mes, el primer ministro Li Keqiang dijo que estaba listo para reducir los aranceles a los autos importados y algunos otros productos. “Gestionaremos mayor apertura del mercado, promoveremos tanto la actualización industrial como el desarrollo de un comercio equilibrado, y ofreceremos más opciones para los consumidores”, aseguró.

Según algunos analistas, ese tipo de comentarios predicen que se llegará a un acuerdo. “El resultado más probable es que China acepte”, mencionó Larry Hu, un economista que trabaja en las oficinas de Hong Kong de Macquarie Securities.

Sin embargo, aún hay riesgos significativos de que se desate una guerra comercial para finales del próximo mes.

“El TLCAN podría tener algunos resultados para esa fecha y la Unión Europea podría tener un acuerdo para ese entonces, pero en el caso de China será más difícil”, comentó He Weiwen, un exfuncionario del Ministerio Chino de Comercio y un experto en comercio desde hace muchos años. “Los chinos están enfurecidos”.

Pascal Lamy, exdirector general de la OMC, señaló que Estados Unidos logrará su objetivo, hasta un punto considerable, si busca una mayor apertura del comercio internacional —incluido un requisito para que China quite muchas barreras comerciales—o si termina protegiendo su propio mercado.

“Si el bombardeo de saturación que está implementando Estados Unidos al comercio busca abrir una negociación, la cual es una de las interpretaciones, entonces creo que hay una gran posibilidad de que mejoren las reglas de la OMC”, mencionó Lamy. Pero agregó que si los funcionarios estadounidenses “buscan acabar con el sistema multilateral, entonces es un asunto muy grave”.

(Steven Lee Myers, Sui-Lee Wee, Chris Buckley y Ana Swanson contribuyeron con el reportaje).