Por: James B. Stewart.   13 julio
El presidente Donald Trump habla ante la cumbre del Grupo de los 7 en Charlevoix, Quebec, Canadá, el 9 de junio pasado. Los economistas de muchas tendencias dicen que los aranceles impuestos por este mandatario invitan a represalias.
El presidente Donald Trump habla ante la cumbre del Grupo de los 7 en Charlevoix, Quebec, Canadá, el 9 de junio pasado. Los economistas de muchas tendencias dicen que los aranceles impuestos por este mandatario invitan a represalias.

El increíble momento en que el presidente Donald Trump dio a entender en junio que en realidad es un creyente fervoroso del libre mercado casi se pierde en el alboroto entorno a una guerra comercial que se ha intensificado y una serie de riñas con los aliados que ha tenido Estados Unidos desde hace mucho tiempo.

“No quieren que haya aranceles, no quieren que haya barreras y no quieren subsidios, pero hay casos de países que subsidian industrias y eso no es justo”, dijo en la reunión del G7 que se celebró en Quebec. “Entonces que no haya aranceles, ni barreras, ni subsidios. Así lo enseñan en la Escuela Wharton de Finanzas. Es decir, ese sería el objetivo final”.

Sin embargo, también lamentó que Estados Unidos fuera “una alcancía de la que roba todo el mundo”, con lo cual desdeñó el comunicado conjunto del G7 que rechazaba el proteccionismo, y está imponiendo aranceles a $34.000 millones en exportaciones chinas: señales de que en realidad está yendo en la dirección contraria.

No obstante, consideremos su declaración al pie de la letra.

“Si Trump habla en serio sobre la ausencia de aranceles, entonces hagámoslo parte de la agenda”, opinó Edwin J. Feulner, fundador y expresidente de la Fundación Heritage, de tendencia conservadora. “Lo apoyaría por completo”.

Trump tiene razón en que los economistas de Wharton, y casi los de cualquier otra escuela de negocios respetable, enseñan las virtudes del libre mercado. Es una de las pocas proposiciones que une a los economistas de todo el espectro político (sus oponentes también son aliados poco comunes: la derecha populista y nacionalista, y la izquierda anti libre mercado).

“Si habla en serio…”

“Si el presidente Trump habla en serio cuando dice que quiere un acuerdo exhaustivo que reduzca las barreras comerciales entre los miembros del G7, recibiría mucho apoyo”, comentó Joshua Meltzer, investigador y especialista en comercio internacional del Instituto Brookings, un centro de estudios apartidista.

Aunque el libre mercado pueda provocar una alteración a corto plazo en industrias específicas, a largo plazo reorganiza el capital y la mano de obra en sus usos más productivos, lo cual beneficia a consumidores, trabajadores e inversionistas.

La opinión de los economistas es casi unánime en cuanto a que el comercio entre las naciones no es una “guerra” en el sentido de que un país gana y el otro pierde. “Todos los presidentes desde Franklin Delano Roosevelt han reconocido que el libre mercado es un escenario en el que todos ganan”, señaló Daniel J. Ikenson, director del centro para el estudio de la política comercial del Instituto Cato, de tendencias libertarias. “Pero el presidente Trump lo ve como un juego de suma cero con una tarjeta de puntuación para llevar cuenta del déficit comercial. Eso es un enfoque absurdo”.

Estados Unidos tiene aranceles relativamente altos sobre las importaciones de comida, ropa y materiales para construcción y mantiene importantes subsidios en la industria agrícola. Si se eliminaran esas barreras, los consumidores estadounidenses se beneficiarían, pero a costa de esas industrias favorecidas.

Aun si se viera como un juego de suma cero, Estados Unidos se beneficiaría de una manera sustancial en un mundo donde no hubiera aranceles. Esto porque, en promedio, sus aranceles son más bajos que los de sus socios comerciales más importantes, así que sería un ganador neto si desaparecieran todos los aranceles.

Sin embargo, Trump no ha reconocido que muchas industrias estadounidenses —no solo las extranjeras— se benefician de los aranceles. Las Tres Grandes automotoras de Detroit aún venden muchos camiones en Estados Unidos, y tienen márgenes de ganancias muy altos, en buena parte gracias a un arancel existente del 25 % a las importaciones.

Del mismo modo, Estados Unidos tiene aranceles relativamente altos sobre las importaciones de comida, ropa y materiales para construcción y mantiene importantes subsidios en la industria agrícola. Si se eliminaran esas barreras, los consumidores estadounidenses se beneficiarían, pero a costa de esas industrias favorecidas. “En esencia es el impuesto más retrógrado que uno se pueda imaginar”, opinó Ikenson respecto de los aranceles estadounidenses. “Afectan los alimentos, la ropa y las casas”.

“Compromiso verdadero”

Larry Kudlow, el asesor económico principal de Trump y defensor del libre mercado desde hace tiempo, ha mencionado que el compromiso de Trump de bajar las barreras comerciales es verdadero. Las amenazas con aranceles, según Kudlow, son solo un medio para ese fin: una llamada “de atención” para los socios comerciales de Estados Unidos que desde hace mucho sacan ventaja del sistema para su beneficio.

Si ese fuera el caso, esa estrategia aún no ha demostrado generar resultados, mientras recibe las críticas de los economistas de todas las líneas políticas. “Utilizar los aranceles como elemento de negociación no tiene ningún sentido”, comentó Ikenson. “Tan solo es un impuesto al consumidor. Invitan a las represalias”.

El hecho de que al mismo tiempo Trump amenace a todos nuestros principales socios comerciales también es confuso. “Siempre pensé que si te repartes por muchos frentes, terminas perdiéndolos todos”, señaló Feulner. “¿Por qué no atacar a China primero, y después hacerlo con el que consideremos el siguiente alborotador? Hemos provocado que se unan todos”.

Meltzer coincidió. “¿Libramos una guerra con todos al mismo tiempo? Demuestra una completa falta de estrategia”, opinó. “Este gobierno no tenía ni la más mínima idea de cómo iban a reaccionar los otros países y no estaba preparado para eso. Trump pensó que el tamaño de Estados Unidos bastaba para poder intimidar a la gente. Ha quedado de manifiesto que estaba equivocado”.

Si acaso, los líderes extranjeros como Justin Trudeau de Canadá y Angela Merkel de Alemania han ganado estatura política al hacer frente a las amenazas de Trump.

Mucha gente que apoya el libre mercado ha argumentado que Estados Unidos debería hacer lo contrario y reducir de manera unilateral sus propias barreras para poner el ejemplo. “Si lo hacemos, otros nos seguirán”, afirmó Ikenson.