Por: Raymond Zhong y Li Yuan.   19 diciembre, 2018
Detrás de la batalla de aranceles en la que se han enfrascado Washington y Pekín yace una competencia más profunda por el liderazgo en las tecnologías del futuro, como la supercomputación, la inteligencia artificial y el internet móvil 5G. (Anthony Russo/The New York Times)

Nueva York. Es una de las historias de éxito corporativo que más orgullo inspiran en China, un coloso de la tecnología de punta que superó a rivales de Occidente para convertirse en el proveedor más grande del hardware que conecta nuestro mundo moderno.

Ahora, en todo el planeta, Huawei se enfrenta a nuevos obstáculos.

Estados Unidos, que durante años ha considerado que el gigante chino de las telecomunicaciones es una amenaza de seguridad, dirigió un ataque directo a los líderes de la empresa cuando aseguró el arresto, en Canadá, de la directora financiera de Huawei.

Sin embargo, últimamente, los reveses de Huawei han llegado desde distintos frentes, desde Nueva Zelanda y Australia hasta el Reino Unido y Canadá. China considera que la compañía es un motor fundamental de sus ambiciones en materia de liderazgo en el sector tecnológico global. Cada vez más, gran parte del resto del mundo la considera un posible medio para el espionaje y el sabotaje.

Huawei dijo que no estaba al tanto de ninguna infracción que hubiera cometido su directora financiera, Meng Wanzhou, hija del fundador de la compañía, y que cumplía con la ley en todos los lugares donde opera. La empresa desde hace tiempo ha negado ser una herramienta de espionaje al servicio de Pekín.

Con cautela

Durante muchos años, la cortina de desconfianza que rodea a Huawei fue un problema que se limitó en gran medida a Estados Unidos. Las grandes compañías telefónicas estadounidenses como AT&T han evitado usar el equipo de Huawei en sus redes desde que un informe del Congreso emitido en 2012 subrayó riesgos de seguridad.

En respuesta, Huawei enfocó sus iniciativas de negocio en otras regiones. Su éxito en lugares adinerados como Europa ha ayudado a que se convierta en el fabricante de equipo de telecomunicaciones más grande, así como la marca de teléfonos inteligentes que ocupa el segundo lugar. De los más de $90.000 millones en ingresos que obtuvo el año pasado, más de un cuarto provinieron de Europa, el Medio Oriente y África.

Ahora, más países parecen estar poniéndose del lado de Washington contra la tecnología de China. Una oposición masiva contra la empresa, dirigida por los gobiernos de muchos de sus mercados más importantes, tendría serias repercusiones para su negocio.

Este año, Australia prohibió que Huawei proveyera tecnología para las redes móviles de quinta generación, o 5G, del país. Nueva Zelanda no permitió que uno de sus principales servicios de telefonía móvil comprara equipo 5G de Huawei. El director de inteligencia del Reino Unido, en una aparición pública extraordinaria, dijo que el país tenía una difícil decisión que tomar respecto a si permitiría que Huawei construyera su infraestructura 5G.

Además, el principal espía de Canadá hizo eco de estas preocupaciones, sin nombrar a Huawei ni a China, en un discurso. Huawei ha probado equipo 5G con los principales servicios de telefonía móvil tanto en Canadá como en el Reino Unido.

Rivalidad

Detrás de la batalla de aranceles en la que se han enfrascado Washington y Pekín yace una competencia más profunda por el liderazgo en las tecnologías del futuro, como la supercomputación, la inteligencia artificial y el internet móvil 5G. Para muchas personas en China, la competencia resulta no solo comercial, sino de civilización. Está en riesgo la capacidad del país para reclamar un lugar como superpotencia.

“El gobierno chino y las empresas chinas deben enfrentar estas nuevas circunstancias, tomar medidas en respuesta y superar esta etapa de crisis”, dijo el jueves Fang Xingdong, fundador de ChinaLabs, un grupo de expertos en tecnología en Pekín. “Esta es una etapa transitoria, necesaria para el ascenso tecnológico global de China”.

Huawei ha intentado alejarse de esta batalla. En un memorando interno de enero que obtuvo The New York Times, Ren Zhengfei, el fundador de la empresa, definió una estrategia para navegar esta época incierta.

La clave, escribió, es seguir adaptándose, pero hacerlo discretamente. “A veces, es mejor encontrar un lugar seguro y esperar a que pase la tormenta”, escribió Ren.

Europa era uno de estos lugares, dijo Ren. Huawei ha cultivado amistades políticas e invertido bastante en lugares como el Reino Unido.

“Al final, mediante años de esfuerzo, nuestra meta es que los europeos perciban a Huawei como una compañía europea”, escribió Ren.

Canadá parecía ser otro lugar seguro. “El gobierno canadiense es muy abierto y razonable, lo cual nos da mucha seguridad en cuanto a nuestras inversiones en ese país”, escribió Ren.

Todo esto sucedió antes de que Washington casi dejara en la quiebra al principal rival chino de Huawei: ZTE.

En abril, el Departamento de Comercio prohibió que ZTE usara componentes fabricados en Estados Unidos después de señalar que la empresa no había castigado a los empleados que habían violado las sanciones estadounidenses a Irán y Corea del Norte. La medida fue eficaz y resultó ser una sentencia de muerte, puesto que ZTE dependía en gran medida de los microchips y otras tecnologías estadounidenses.

Al abrir el caso en contra de ZTE, el gobierno estadounidense comenzó a investigar también a Huawei.