Por: Liz Alderman.   12 octubre
El gobierno del presidente francés, Emmanuel Macron, está tratando de apuntalar el apoyo otorgando exenciones fiscales a la clase trabajadora y asegurando a los inversores que sus diseños para una
El gobierno del presidente francés, Emmanuel Macron, está tratando de apuntalar el apoyo otorgando exenciones fiscales a la clase trabajadora y asegurando a los inversores que sus diseños para una "nueva prosperidad francesa" no han cambiado.

Mientras el presidente Emmanuel Macron continúa con la reforma del mercado laboral más amigable hacia el sector privado que haya habido en Francia en décadas, la popularidad que gozaba entre muchos de sus compatriotas se ha ido en picada. La confianza del consumidor está decayendo. Una recuperación naciente se está entibiando. El desempleo se ha quedado estancado por encima del 9 % durante meses.

Y luego, sucedió el encuentro con el jardinero.

En una conversación que se hizo viral en las redes sociales, se pudo ver cómo Macron sermoneó a un jardinero desempleado en París para que se esforzara más en su búsqueda de trabajo. “Si yo cruzara la calle, te encontraría uno”, le dijo al hombre, lo cual provocó que Macron, un exbanquero de inversión, recibiera una lluvia de insultos en Twitter.

Lo más seguro es que esta no sea la visión que tenía Macron de Francia, o de su presidencia, cuando llegó abruptamente a su cargo hace dieciocho meses con la promesa de revitalizar la tercera economía más grande de Europa promulgando reformas en la fuerza laboral que se habían postergado durante más de una década.

Su índice de aprobación se ha desplomado y el miércoles renunció su ministro del Interior, el tercer miembro de su Gabinete que renuncia en seis meses. En medio de la agitación, el gobierno busca apuntalar el apoyo que tiene regresando dinero a la clase trabajadora —con exenciones tributarias por un valor de 6.000 millones de euros ($6.900 millones) para asalariados de bajo y mediano ingreso— y al mismo tiempo tranquilizando y asegurando a los inversionistas que sus proyectos para una “nueva prosperidad francesa” van por buen camino.

Macron sigue con su actitud inflexible, y tampoco ceja en sus críticas respecto a que la sociedad francesa debe adaptarse para florecer. “No cambiaré el rumbo”, mencionó Macron al periódico francés Journal du Dimanche. “Estamos en un momento en el que muchos de los líderes políticos que me precedieron se han rendido”, agregó. “Pero ahora es más necesario que nunca seguir adelante con las reformas”.

Sus comentarios coincidieron con un bombardeo de relaciones públicas en el que estuvieron involucrados algunos de los miembros de su Gabinete en días recientes, y enfatizaron los riesgos que corre Macron al relajar las regulaciones para las empresas y cambiar los parámetros del estado de bienestar. Para generar dinamismo, Macron ha insistido en que medidas económicas dolorosas deben ser el primer paso, entre ellas una modernización del estricto código laboral de Francia y recortes presupuestales para mantener el déficit del gobierno dentro de las leyes europeas.

“Callejón sin salida”

Bruno Le Maire, el ministro de Finanzas, señaló que abandonar las políticas que favorecen a los negocios provocaría un “callejón sin salida”. El presupuesto para 2019 también incluye una reducción de 18.800 millones de euros en impuestos a las nóminas y en otros tipos de impuestos empresariales para fomentar la contratación de personal y las inversiones.

“Sin embargo, los franceses permanecen escépticos”, comentó Le Maire a los reporteros la semana pasada. “Debemos explicar que este nuevo modelo tendrá éxito, pero que pasará tiempo antes de que se puedan ver todos los beneficios”.

Si convencer a los votantes franceses es una batalla cuesta arriba, es un desafío especial para Macron, quien a nivel internacional es considerado un líder europeo dinámico. Sus políticas nacionales aún no han ayudado a la mayoría de las familias.

En su primer año, Macron otorgó exenciones impositivas a las corporaciones y al diez por ciento de los más ricos de Francia, lo cual le dio una reputación de favorecedor de los pudientes. En el 5 % de los hogares más pobres, cayó el poder adquisitivo, mientras que la mayoría de la clase media, cerca del 70 % de las familias, casi no resultó afectada, de acuerdo con el Observatorio Francés de Coyunturas Económicas, un centro de investigación independiente.

Los cambios al código laboral que buscaban aumentar la contratación de personas han reducido el desempleo con lentitud. Este ha caído al 9,3 %, en comparación con el 10,1 % que había cuando Macron fue elegido, pero sigue siendo más del doble de la tasa de desempleo en Alemania. Aunque la recuperación naciente que había antes de que Macron llegara a la presidencia ayudó a generar empleos, en los últimos tiempos el crecimiento se ha desacelerado hasta llegar a un ritmo del 1,7 % anual, del mismo modo que ha sucedido con el resto de la eurozona.

Macron les prometió a los votantes que iba a reducir el desempleo al siete por ciento para las siguientes elecciones presidenciales de 2022. Para lograr ese objetivo, la economía tendría que crecer al menos un 1,7 % en cada uno de los próximos cuatro años, de lo cual no se tiene ninguna certeza, según el Observatorio Francés de Coyunturas Económicas.

Las políticas económicas de Macron han servido para que empresas como Facebook y Fujitsu aumenten sus inversiones en Francia. No obstante, su estilo —la confrontación con el jardinero es un buen ejemplo— lo ha alejado de los votantes de la clase trabajadora y de los ciudadanos de edad avanzada, quienes lo consideran una persona que desconoce sus necesidades y que tiene una inclinación por favorecer a los grandes negocios a costa de los trabajadores.

Pensionados molestos

El presupuesto de Macron para el 2019 intenta enmendar un poco la situación. Su objetivo son las personas que no fueron incluidas en la ronda previa de recortes tributarios: un recorte de 6.000 millones de euros a los impuestos sobre la vivienda y las nóminas de la clase trabajadora, además de la reducción a las contribuciones para la atención médica y los pagos del seguro de desempleo. Otro plan apartaría 8.000 millones de euros para enfrentar el crecimiento de la pobreza con programas de ayuda y capacitación laboral para jóvenes desfavorecidos con menos de 25 años de edad.

El presupuesto tiene como objetivo “hacer que el trabajo pague” dejando más dinero en los bolsillos de los trabajadores. Sin embargo, para mantener el déficit bajo control, Macron también está recortando los beneficios de los desempleados y ha eliminado más de 40.000 empleos en el sector público.

Los incrementos en las pensiones y en los beneficios familiares tendrán un límite del 0,3 % al año, una cifra mucho menor a la tasa anual de inflación promedio del 1,8 %. A pesar de que quedarán exentos 300.000 pensionados que ganan menos de 1.200 euros al mes, muchos votantes de edad avanzada están enojados por estos recortes y están saliendo a las calles a protestar. En Francia, hay 15 millones de pensionados, y tres de cada cuatro votaron por Macron en la segunda ronda de las elecciones.

El gobierno también ha dificultado la elegibilidad para obtener el seguro de desempleo y ha dado una nueva forma a los programas de capacitación profesional para que la gente que no trabaja encuentre empleo más rápido. A pesar del alto desempleo, hay casi 330.000 puestos vacantes, pues los empleadores tienen problemas para encontrar programadores, choferes y otros trabajadores especializados.

Para estimular la creación de empleos, una nueva política busca aumentar la cantidad de negocios medianos en Francia, los cuales no han podido crecer al mismo ritmo que en los países vecinos. Como parte de esta iniciativa, se encuentra el recorte de impuestos de seguridad social a las corporaciones y la disminución de requisitos para que las empresas tengan representantes sindicales.

No obstante, incluso la comunidad empresarial se ha quejado de los cambios de Macron. Algunas empresas están molestas porque el gobierno tiene planes de limitar el uso de contratos a corto plazo, y arguyen que esa política ignora las necesidades de los lugares de trabajo en la actualidad. Durante la crisis financiera, los empleadores dependieron de los contratos a corto plazo. El tipo de industria innovadora que está buscando Francia —ya sea con base digital o manufacturera— necesita trabajadores ágiles y adaptables, afirman los grupos empresariales.

El presidente francés está “corriendo un riesgo”, comentó Éric Heyer, director de análisis y predicción del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas. “Mediante la relajación de los impuestos de la clase media, intenta alejarse de su imagen de ‘presidente de los ricos’”.

“Las medidas agravarán la desigualdad o impulsarán el crecimiento”, agregó Heyer. “Pero nada tiene el éxito garantizado, así que no está claro si Macron ganará o perderá la apuesta”.