Por: Chris Buckley y Henry Fountain.   29 junio
Fábricas de China han ignorado una prohibición para seguir fabricando o utilizando una sustancia química industrial para producir aislamiento de espuma para refrigeradores y edificios.
Fábricas de China han ignorado una prohibición para seguir fabricando o utilizando una sustancia química industrial para producir aislamiento de espuma para refrigeradores y edificios.

El mes pasado, algunos científicos revelaron un misterio que afecta la contaminación global: un sorpresivo aumento en las emisiones de un gas industrial prohibido que destruye la capa de ozono de la atmósfera, diseñada para ofrecer protección.

Este aumento inesperado socava las metas del pacto ambiental de cooperación internacional considerado como el más exitoso suscrito en la historia: el Protocolo de Montreal, que prevé la eliminación de los clorofluorocarbonos, o CFC, una acción con la que se esperaba lograr la recuperación total de la capa de ozono para mediados de este siglo. Peor aún, se desconocía la fuente de tal contaminación.

Ahora, después de seguir una serie de pistas, se ha determinado que apuntan a una pequeña población rural de China que ha experimentado un crecimiento repentino.

Entrevistas, documentos y publicaciones recopilados por The New York Times y otros investigadores independientes indican que varias fábricas chinas ignoraron la prohibición global y han seguido produciendo o empleando la sustancia química designada CFC-11, principalmente para elaborar espuma aislante con aplicación en la industria de la refrigeración y en edificios, y las han identificado como una fuente importante de tal sustancia, quizá incluso la más destacada.

"Teníamos dos opciones: el agente espumante más barato, que no es muy bueno para el ambiente, o el agente caro que no lo daña tanto", explicó Zhang Wenbo, propietario de una fábrica de refrigeradores en Xingfu, en la provincia de Shandong; tanto él como otros fabricantes de talla pequeña dijeron que hasta hace poco utilizaban el CFC-11 en grandes cantidades para fabricar espuma aislante.

"Por supuesto, optamos por el agente espumante más barato", explicó Zhang durante una entrevista en su oficina. "Así sobrevivimos".

Al mismo tiempo que sosteníamos esa conversación, se realizaba una revisión estricta en esa población. Poco tiempo después, cuatro funcionarios ingresaron a la fábrica de Zhang, le entregaron un documento con advertencias acerca de varias violaciones ambientales, incluido el uso de CFC-11, y le ordenaron cerrar la fábrica.

"Nadie nos dijo nada hasta el año pasado sobre el daño que le ocasionaba a la atmósfera", se lamentó Zhang. "Nadie vino a verificar qué utilizábamos, así que pensábamos que todo estaba bien".

Contaminar para prosperar

China tiene el mayor mercado de espuma de poliuretano del mundo; representa aproximadamente el 40 % del consumo global. Además, China era responsable de casi toda la producción de CFC-11 y otras sustancias químicas similares en el sureste asiático antes de su prohibición.

Los problemas que ha enfrentado China para erradicar el CFC-11 son solo una muestra de los obstáculos que debe superar para aplicar medidas de limpieza tras décadas de expansión industrial frenética, durante las cuales los funcionarios consideraban que la contaminación era el precio que debían pagar para alcanzar la prosperidad. Sin embargo, estas acciones tienen consecuencias que van más allá de las fronteras de ese país.

En un estudio publicado el mes pasado, algunos científicos señalaron que un aumento en las emisiones de CFC-11 amenazaba las medidas aplicadas para reparar la capa de ozono, que protege a las personas y los cultivos de los nocivos rayos ultravioleta del sol.

Tales medidas comenzaron a aplicarse en la década de los ochenta, a partir de la firma del Protocolo de Montreal, que prohibió el uso de CFC-11 y otras sustancias químicas similares destructoras de la capa de ozono (además, son gases de efecto invernadero, por lo que contribuyen al cambio climático).

Según los cálculos de los científicos, conforme se degradaran y desaparecieran las sustancias químicas producidas antes de establecerse la prohibición, la capa de ozono lograría recuperarse para mediados de este siglo. No obstante, el estudio reciente indicó que las nuevas emisiones detectadas podrían retrasar esa recuperación hasta una década.

“La escala de este delito ambiental es terrible, pues puede tener efectos masivos en el clima y la capa de ozono”, aseveró Alexander von Bismarck, director ejecutivo de la Agencia de Investigación Ambiental, organización independiente con sede en Washington.

Algunos expertos expresaron escepticismo en cuanto a que la producción de espuma en China sea la responsable.

"Las cantidades son muy elevadas para haber aparecido de manera tan repentina", explicó en un correo electrónico David Sherry, ciudadano británico experto en sustancias químicas que ocasionan el agotamiento de la capa de ozono, quien ha trabajado en China.

Sin embargo, los autores del estudio afirman que la única explicación para esa cantidad tan grande de emisiones, de alrededor de 13.000 toneladas métricas al año, es la producción ilegal a partir de nuevas fuentes, y que lo más probable es que estas se encuentren en el Sureste Asiático. Las pruebas indican que sería importante examinar a los pequeños fabricantes de espumas y proveedores de sustancias químicas de China, donde desde hace tiempo los reguladores han tenido problemas para controlar a las empresas contaminantes.

Algunas empresas y expertos chinos hablaron con toda naturalidad acerca de algunas plantas químicas pequeñas y rudimentarias que han seguido fabricando CFC-11 a pesar de la prohibición, y algunos documentos gubernamentales respaldan esas declaraciones.

"En este momento todavía se produce ilícitamente una gran cantidad de CFC-11 en la industria de las espumas", subrayó Shao Changying, funcionario ambiental de Shandong, en un reporte publicado el año pasado. Otro informe de la agencia ambiental de Shandong presentado en el 2016 describe una "vigorosa producción ilícita de CFC-11 anticuado", y señala que "representa riesgos para el mercado y el ambiente".

Si bien Shandong y otras provincias han aplicado medidas más estrictas para controlar esta sustancia química, algunos comerciantes chinos todavía la venden en línea.

Stephen O. Andersen, exfuncionario de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos que participó en uno de los comités asesores del Protocolo de Montreal, destacó que existen alternativas lícitas más baratas para remplazar al CFC-11. No obstante, según la información obtenida durante nuestras entrevistas, los pequeños fabricantes chinos parecen desconocer tales opciones, o no estar dispuestos a incurrir en los costos necesarios para modificar su equipo y poder emplearlas.

Liu Le, experto en refrigeración de Shandong, enfatizó que todavía hay empresas dispuestas a suministrar CFC-11.

"Pueden fabricar pequeñas cantidades cuando nadie los vigila, o bien cuando reciben un pedido (clandestino, por supuesto)", explicó Liu. "Se dedican a producir hasta que los descubren y entonces cambian de ubicación".

Capa de ozono

La Agencia de Investigación Ambiental señaló que identificó ocho fábricas en cuatro provincias chinas que utilizaban esa sustancia química como parte del proceso de fabricación de espuma. Esta organización independiente, con sede en Washington, indicó que esas pruebas, entre otras, como conversaciones con vendedores confirmados de CFC-11, apuntaban a la industria china de espumas como fuente principal de las nuevas emisiones.

"La escala de este delito ambiental es terrible, pues puede tener efectos masivos en el clima y la capa de ozono", aseveró Alexander von Bismarck, director ejecutivo del grupo. También subrayó que la agencia había comunicado sus hallazgos iniciales al gobierno chino y a la Secretaría del Ozono, encargada de monitorear la implementación del Protocolo de Montreal, y planeaba publicar un informe completo el mes entrante. "Esperamos observar una respuesta firme a partir de un convenio ambiental sólido", declaró von Bismarck.

Tras enterarse de los hallazgos de The New York Times y la Agencia de Investigación Ambiental, Erik Solheim, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, encargado de la supervisión del protocolo, advirtió que la producción ilícita de CFC-11 no es "nada menos que un delito ambiental que requiere acciones decididas".

"También es necesario realizar investigaciones más a fondo", añadió Solheim en una declaración. "Las dimensiones de las emisiones detectadas nos indican que el problema va más allá de los casos descubiertos hasta el momento".

El Ministerio de Ecología y Medioambiente de China no respondió ninguna pregunta acerca de la regulación de sustancias químicas dañinas para la capa de ozono ni sobre su producción ilícita, pero indicó que estaba preparando una respuesta. Hu Jianxin, profesor de la Universidad de Pekín dedicado al estudio de estas sustancias químicas y que asesora a los legisladores, comentó que tanto él como otros expertos necesitan algún tiempo para revisar los hallazgos y rastrear las posibles fuentes, tanto en China como en otras regiones.

"Por supuesto, la producción y el uso ilícito de CFC pueden contribuir a las concentraciones atmosféricas", aceptó Hu. De cualquier forma, añadió que el salto en las emisiones detectado por el estudio más reciente puede indicar que hay nuevas fuentes no consideradas con anterioridad.

En la década pasada, los líderes del Partido Comunista Chino comenzaron a aceptar que el esmog, el agua contaminada y otros tipos de contaminación representan amenazas serias para la confianza en el gobierno, por lo que ha emprendido acciones amplias para combatir el esmog y controlar el aumento de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases que ocasionan calentamiento en el planeta. Además, desde que se anunció la prohibición del CFC-11, China ha exigido a las empresas cambiar a sustancias químicas menos dañinas.