Por: Clifford Krauss.   31 agosto
Paul Thompson directs workers testing Petroteq's new oil sands processing plant near Vernal, Utah, Aug. 16, 2018. The company aims to have the first commercially viable oil sands production in the U.S. underway by Labor Day. (Kim Raff/The New York Times)

Vernal, Utah. Utah es un bostezo en medio del frenesí excavatorio que ha puesto de cabeza el panorama energético en los últimos años. Aporta un solo barril de petróleo de cada 100 que se producen en todo Estados Unidos.

Sin embargo, un par de ejecutivos que han pasado décadas buscando petróleo por todo Medio Oriente, Sudamérica y Canadá está apostando a que la próxima zona energética estará cerca de aquí, en una remota extensión de desierto peñascoso conocida como Asphalt Ridge.

Están intentando algo que ha fracasado repetidamente en Utah: excavar petróleo de los enormes depósitos de arenas bituminosas del estado, un arduo proceso que implica extraer petróleo de rocas duras.

Los dos supervisan Petroteq Energy, una empresa canadiense cuyo objetivo es poner en marcha la primera producción de arenas bituminosas comercialmente viable de Estados Unidos, aquí para principios de septiembre.

Las declaraciones de Petroteq desafían la idea de que la extracción en arenas bituminosas está en declive. El pesado crudo que se produce a partir de estas arenas está entre los combustibles con mayor emisión de carbono, lo cual representa un inconveniente a medida que aumentan las inquietudes sobre el cambio climático.

Incluso en Canadá, donde la producción a partir de arenas bituminosas domina la industria energética, algunas importantes empresas petroleras han retirado o anulado sus inversiones. El oleoducto Keystone XL, diseñado para llevar el combustible a las refinerías de EE. UU., ha sido detenido por los ambientalistas mediante protestas y demandas. Generalmente llaman a las arenas bituminosas “una bomba de carbono”.

David Sealock, director ejecutivo de Petroteq, está decidido. Compara su pequeña operación —con recipientes modulares de mezclado, trituradoras de roca y un sistema de cintas transportadoras— con un humilde juego de Lego. Sin embargo, cuando levanta un contenedor de petróleo recién procesado, sonríe ante el acre olor. “Es el aroma del dinero”, dijo.

“Contamos con una tecnología muy disruptiva”, dijo Sealock, quien ha trabajado para Chevron en varios países y administró dos empresas de arenas bituminosas en Canadá. “Aquí había un cofre con un tesoro al que le faltaba la llave, y esta tecnología es la llave”.

Dice que lo que distingue a sus operaciones de otras canadienses más grandes y profundas, y de todos los fracasos anteriores en Utah, es una mezcla de solventes que pueden separar el petróleo de las rocas a un bajo costo y sin contaminación del aire ni el agua.

Él y otro ejecutivo veterano, Jerry Bailey, dicen que su enfoque será mucho más limpio que el de la extracción en arenas bituminosas de Canadá, que requiere mucha más agua y genera vastos estanques de relave tóxico.

“Lo que sucede en Canadá es una pesadilla ambiental”, dijo Bailey, exejecutivo sénior de Exxon Mobil en Medio Oriente y ahora presidente de Petroteq. “Con nuestras operaciones, nada se va al aire, nada se va a la tierra, y no usamos agua”.

¿Amigable?

Como era de esperarse, los ambientalistas se muestran escépticos. “Si este proyecto arranca, implica el riesgo de que aparezca una vasta extracción a cielo abierto y contaminación del aire, el agua y los gases de efecto invernadero en una región que ya enfrenta un clima y un futuro en cuanto al agua nefastos”, dijo Taylor McKinnon, quien hace campañas a favor de las tierras públicas en el Centro para la Diversidad Biológica.

Los ambientalistas dicen que los remanentes de los solventes podrían llegar al aire, ser ingeridos por los animales salvajes y filtrarse a las aguas freáticas. Una vez que la capa superior de la tierra sea eliminada por el proceso de extracción a cielo abierto, el mantillo podría convertirse en polvo que flote por el aire y cubra la nieve en las crestas de las montañas.

La nieve sucia absorbe más el calor solar, lo que conduce a una mayor evaporación y un flujo de agua poco confiable, lo que puede afectar la agricultura y llevar a más incendios forestales.

Las protestas de los últimos años acerca de las arenas bituminosas se han centrado en otros proyectos, pero McKinnon dijo que ahora podrían cambiar. “Tenemos los ojos puestos en estos tipos”, dijo.

El sistema de Petroteq consiste en extraer y triturar las arenas saturadas de petróleo en pequeños trozos que luego se llevan a través de una cinta transportadora de 45 metros hacia un tanque donde se mezclan con solventes. Entonces la mezcla se transfiere a un segundo tanque, donde el grumoso líquido se centrifuga, lo que separa el petróleo de las arenas. Las arenas limpias se llevan a un vertedero de recuperación. Por último, los solventes se destilan para separarlos del líquido aceitoso y se reciclan una y otra vez.

La empresa dice que prácticamente no quedan sustancias químicas en las arenas que se regresan. Los ejecutivos sostienen que sus solventes y el resto de sus operaciones han aprobado todos los procedimientos regulatorios.

Sealock insiste en que sus empleados rocían agua sobre las arenas recicladas de manera que no se esparzan por el aire y que su mezcla de solventes es “benigna”, aunque se rehúsa a divulgar sus contenidos. “No tendrán un efecto importante sobre las plantas, la vida silvestre ni el agua”, añadió.

Por el momento, las operaciones aquí son de una escala muy pequeña, con solo 20 empleados. Su primera planta piloto produjo 250 barriles al día. Cuando la planta recién expandida comience su producción comercial, entregará mil barriles al día para su envío por camión a refinerías en Salt Lake City, a 241 kilómetros, donde se procesarán para obtener diésel. La meta de la producción es llegar a 5.000 barriles al día dentro de tres años.

Es una nimiedad en el mercado global de 100 millones de barriles al día, pero la empresa ha rentado más de 1.011 hectáreas de tierras particulares, y los ejecutivos dicen que llegará el momento en que puedan producir 10.000 barriles al día durante 25 años.

Podrían aparecer otras empresas con sus propios solventes, en especial puesto que Utah ofrece créditos fiscales considerables para la extracción en arenas bituminosas y esquisto. También ha sido de ayuda el aumento del 40% en los precios del petróleo durante el año pasado, lo cual es un incentivo para nuevas inversiones.

“El precio está ahora en una zona en la que Petroteq podría justificar lo que intenta hacer”, dijo Kevin Birn, experto en arenas bituminosas de IHS Markit, una consultoría sobre energía. “Si algo nos ha enseñado la década pasada es que no hay que descartar el potencial de la tecnología para generar nuevas fuentes de suministro energético”.

“Contamos con una tecnología muy disruptiva. Aquí había un cofre con un tesoro al que le faltaba la llave, y esta tecnología es la llave”, dijo David Sealock, director ejecutivo de Petroteq.