Por: Ben Sisario.   16 septiembre

Durante décadas, los grandes sellos discográficos han sido, por lo regular, la vía para llegar al estrellato en la industria de la música.

Actualmente, casi todos los artistas que llegan a los primeros lugares de las listas de popularidad —ya sea Kanye, Adele, Beyoncé o Drake— lo logran con la ayuda de uno de los tres conglomerados que controlan cerca del 80% del negocio: Universal, Sony y Warner.

Ahora Spotify está experimentando con otro enfoque que está poniendo nerviosas a las disqueras.

A lo largo del año pasado, la compañía de doce años ha firmado discretamente acuerdos directos de licencia con una pequeña cantidad de artistas independientes. Dichos acuerdos les proporcionan una manera de entrar a la plataforma de música en continuo y tener una relación más cercana con la empresa —una ventaja cuando proponen música para sus influyentes listas de reproducción—, a la vez que les permiten evitar a las grandes disqueras por completo.

Aunque los acuerdos son modestos —con adelantos de decenas o cientos de miles de dólares, de acuerdo con varias personas involucradas—, las grandes compañías discográficas consideran que la iniciativa de Spotify es una amenaza potencial: un pequeño paso que, a la larga, podría transformar el negocio de la música como lo hemos conocido desde la época del gramófono a manivela.

Los contratos

Spotify, una empresa de Estocolmo que cotiza en la bolsa desde abril, ha dado pocos detalles sobre su incursión en el mercado de talentos. No ha revelado con qué artistas ha firmado acuerdos y rechazó hacer comentarios para este artículo.

De acuerdo con seis personas en la industria de la música que han recibido información acerca de los acuerdos recientes, pero que no tienen autorización de hablar públicamente al respecto, Spotify ha pagado adelantos a firmas de representantes y otras empresas que trabajan con artistas que no están con una disquera. Por ahora, eso implica contratar a novatos y veteranos que han obtenido el control de sus viejos éxitos.

Spotify ofrece a los artistas dos ventajas: tener un porcentaje financiero mayor y ser propietarios de sus grabaciones. Además, los acuerdos no son exclusivos, por lo que son libres de otorgar la licencia de sus canciones a otras empresas de reproducción en continuo, como Apple Music y Amazon.

El canal de streaming generalmente le paga a una disquera cerca del 52% de las ganancias generadas con cada reproducción de una canción determinada. El sello discográfico, a su vez, le paga al artista una regalía que puede ir del 15% a, en algunos casos, el 50% de esa cantidad. Si firman un contrato de licencia directo con Spotify, los artistas y sus representantes pueden quedarse con el total de lo que paga Spotify.

Daniel Ek, director ejecutivo de la empresa, se aseguró de enfatizar durante una conferencia telefónica entre directivos, inversionistas y medios realizada en julio que ese tipo de acuerdos no significan que Spotify se convertirá en un sello discográfico, algo que prohíben los contratos que sostiene con las grandes disqueras, de acuerdo con personas que conocen los términos de esos convenios.

Sin embargo, el siguiente Ed Sheeran o la próxima Ariana Grande podrían sentirse atraídos precisamente por el comentario que hizo Ek acerca de que Spotify no será una marca discográfica. Con 83 millones de suscriptores —y casi cien millones más que escuchan gratis— el servicio puede ofrecer una gran exposición a los artistas sin pedirles a cambio algo que las disqueras tradicionales exigen como parte de cualquier acuerdo: ser propietarias de sus grabaciones.

Taylor Swift es una artista que pretende ser dueña de su obra. Se convertirá en agente libre este año después de la expiración de su contrato con Big Machine, una disquera independiente de Nashville propiedad de Universal, y se rumora que está en busca de un acuerdo que le otorgue el control total de sus grabaciones.

Con cautela

Sin embargo, la decisión de Spotify de forjar relaciones más cercanas con los artistas conlleva un gran riesgo. Al final, quizá no valga la pena competir con los sellos discográficos de los que depende, dijo Amy Yong, analista de medios en Macquarie.

“Están avanzando con cuidado”, comentó Yong. “No quieren que los tres grandes retiren sus catálogos de contenido solo porque Spotify firme acuerdos con nuevos artistas y les dé un mayor margen de ganancias. Ese no es un intercambio económico conveniente”.

De varias maneras, las grandes disqueras han expresado su desaprobación respecto a la discreta iniciativa de Spotify. A través de comentarios anónimos en artículos noticiosos, los ejecutivos de la música han señalado que podrían castigar al servicio de reproducción en continuo al retener las licencias que la empresa necesita para expandirse en India. Los sellos discográficos también han insinuado que no estarán dispuestos a llegar a un acuerdo con Spotify después de que sus contratos expiren a lo largo del 2019.

Representantes de las tres principales compañías discográficas se negaron a hacer comentarios para este artículo.

Human Re Sources, una pequeña distribuidora fundada por J. Erving, un representante artístico, ha llegado a un acuerdo con Spotify.

En una entrevista, Erving dijo que Spotify le había pagado un adelanto modesto que lo ayudó a establecer su empresa. Human Re Sources, comentó, puede proponerles canciones directamente a los equipos internos de Spotify, una ventaja extraordinaria en el vasto entorno independiente de la industria.

Spotify no les ha dado porcentajes favorables a los artistas afiliados con Human Re Sources ni ha garantizado que aparezcan en sus listas de reproducción, agregó Erving. No obstante, los artistas de la empresa han tenido éxito al incursionar en las listas más influyentes del servicio de reproducción, como New Music Fridays (Viernes de música nueva).

“Spotify ha apoyado mucho el material que hemos lanzado hasta la fecha, como también lo han hecho Apple y Pandora”, dijo Erving.

Antes de empezar a cotizar en la bolsa, Spotify insinuó que tenía grandes planes para cambiar el “viejo modelo” del negocio de la música, el cual, dijo, dependía de “celadores” como las disqueras y la radio. En cambio, señaló la compañía, quería inaugurar una nueva era en la que se ayude a los nuevos artistas a incursionar en la industria con mayor facilidad.

“Están avanzando con cuidado. No quieren que los tres grandes retiren sus catálogos de contenido solo porque Spotify firme acuerdos con nuevos artistas y les dé un mayor margen de ganancias. Ese no es un intercambio económico conveniente”, Amy Yong, analista de medios en Macquarie.