Por: Jack Healy.   17 julio
Michael Cole, the owner of Colorado Rocky Mountain Farms, which grows marijuana, in Pueblo, Colo., May 29, 2019. Colorado’s first-in-the-nation experiment with legalized marijuana five years ago has infused the drug into almost every corner of life. (Benjamin Rasmussen/The New York Times)
Michael Cole, the owner of Colorado Rocky Mountain Farms, which grows marijuana, in Pueblo, Colo., May 29, 2019. Colorado’s first-in-the-nation experiment with legalized marijuana five years ago has infused the drug into almost every corner of life. (Benjamin Rasmussen/The New York Times)

Denver. Serenity Christensen, de 14 años, todavía es demasiado joven para poder entrar a una de las muchas tiendas de marihuana de Colorado, pero pudo identificar una oportunidad de negocio en la marihuana legal. Ella es niña exploradora, y este año su madre y ella decidieron vender galletas afuera de un dispensario. “Se venden bien”, comentó Serenity.

Sin embargo, del otro lado de Denver, la legalización ha puesto en contra de los cultivos de marihuana en almacenes que ahora rodean su vecindario a otro estudiante de bachillerato, David Perez. Él dice que el aroma a marihuana que despiden es lo primero que huele cada vez que sale de su casa.

Estos son los efectos de cinco años de legalización de la marihuana. El primer experimento de este tipo en Estados Unidos, realizado en Colorado, ha reconfigurado la salud, la política, la cultura rural y la justicia penal de maneras sorprendentes que con frecuencia desafían tanto las peores advertencias de los críticos como la retórica brillante de la industria de la marihuana, y que nos dan una idea de lo que depara el futuro, mientras cada vez más estados adoptan y debaten la legalización plena.

Desde que comenzó la venta recreativa de marihuana en 2014, más gente ha ido a parar a las salas de urgencia del estado debido a problemas relacionados con la marihuana, y los hospitales reportan índices más elevados de casos de salud mental vinculados con este producto. Al mismo tiempo, miles más hacen escalas sin incidentes en los dispensarios todos los días, como la guía de senderismo del pueblo universitario de Boulder, quien guarda unas cuantas gomitas de marihuana en una bolsa bajo llave para que la ayuden a relajarse antes de dormir.

Algunas familias inquietas ante los problemas con el consumo de marihuana de sus hijos se han mudado, buscando refugio en estados menos permisivos. Pero, en general, las encuestas estatales no muestran un aumento en el número de jóvenes que fuman marihuana.

Aunque los delitos menores relacionados con la marihuana han disminuido considerablemente, la división racial en los arrestos por drogas persiste. Las cifras estatales muestran que los afroamericanos en Colorado continúan siendo detenidos por delitos relacionados con la marihuana a una tasa que casi duplica la de los blancos.

“No se ve a gente desconcertada por el consumo de marihuana por las calles, pero no hemos creado una utopía”, comentó Jonathan Singer, quien fue uno de los dos únicos legisladores que respaldaron la votación en Colorado que legalizó que los adultos mayores de 21 años compren, consuman y cultiven marihuana para uso recreativo.

Singer señaló con la mirada a su hija de 3 años, sentada en el asiento trasero una tarde mientras se dirigían a un día de campo. “El hecho de que esté dispuesto a tener esta conversación frente a mi hija”, dijo, “demuestra lo mucho que hemos avanzado para eliminar el estigma de este tema”.

Nuevo paradigma

Este es el mundo reconfigurado por la legalización, el mundo en el que Ethan Pierson, de 18 años, creció. Él nació el mismo año en el que la primera ley sobre el uso de la marihuana con fines médicos entro en vigor en Colorado; vio cómo florecieron los dispensarios a lo largo de las calles comerciales con dirección a su preparatoria en Lakewood, un vecindario suburbano.

“Si vives en Colorado, se siente como si alguien estuviera fumando al lado de ti todo el tiempo”, comentó Pierson, quien no consume el producto.

Médicos, educadores y funcionarios estatales han estado especialmente preocupados por los efectos de la legalización en la juventud de Colorado. ¿La proliferación de las tiendas de hierba recreativa haría que la marihuana pareciera inofensiva a los adolescentes, a pesar de los estudios que demuestran que es nociva para sus mentes en desarrollo? ¿El consumo de porros entre los adolescentes se dispararía? ¿Cómo afectaría los índices de graduación y la disciplina escolar?

Cinco años de encuestas demuestran que la mayoría de los adolescentes de Colorado son como Pierson: han probado la marihuana, pero el 80% no la consume en la actualidad. Las encuestas estatales muestran que el consumo de marihuana entre los adolescentes ha disminuido considerablemente desde que las ventas de marihuana medicinal se dispararon en 2009, y básicamente se ha mantenido estable desde la legalización total.

No obstante, Pierson y otros estudiantes y padres afirman que la legalización cambió la imagen y la disponibilidad de la marihuana.

Los hermanos mayores o incluso los padres ahora pueden comprarla y compartirla. Los compañeros de clase se toman videos de Snapchat fumando cerca de la escuela. En lugar de bolsas de hierba, ahora hay toda una colección de concentrados, tinturas y consumibles, que siguen siendo ilegales para los jóvenes, pero que son fáciles de conseguir.

“Es fácil de ocultar”, afirmó Pierson. “La llevan en la bolsa o en el estuche para lápices”.

Algunos administradores escolares dicen que están observando un consumo cada vez mayor de marihuana y una disminución en el consumo de alcohol entre los estudiantes. Las cifras disciplinarias de las escuelas muestran que la marihuana es la principal razón por la cual los estudiantes son castigados o entregados a la policía. No obstante, el número total de estudiantes expulsados por infracciones relacionadas con las drogas de hecho ha disminuido desde la legalización, en parte debido a que los legisladores de Colorado buscaron deshacerse de las políticas de “tolerancia cero” en las escuelas casi al mismo tiempo que la hierba fue legalizada.

En un tribunal en un cuarto piso de Denver, donde los menores se presentan ante un juez por delitos que incluyen violaciones a la hora límite y peleas, la cantidad de casos de posesión de marihuana está disminuyendo. El porcentaje de adolescentes arrestados por delitos relacionados con la marihuana ha disminuido alrededor del 20 por ciento desde que Colorado votó a favor de legalizar este producto, pero los jóvenes y los adultos de color continúan siendo arrestados en índices mucho mayores que la población blanca o hispana de Colorado, según un informe estatal. En 2017, las personas de color en el estado fueron arrestadas por delitos relacionados con la marihuana el doble de veces que la gente blanca, según la División de Justicia Penal de Colorado.

Algunos padres afirman que la marihuana se ha normalizado demasiado, hasta convertirse en otro riesgo para la salud legalmente permisible con publicidad bien lograda, como el alcohol o los cigarros. Con la diferencia de que las tiendas de marihuana no pueden anunciarse en espectáculos. Así mismo, están obligadas a revisar las identificaciones de los clientes en la puerta y se supone que deben ubicarse mínimo a 305 metros de distancia de las escuelas. Los consumibles ya no pueden parecer gomitas en forma de osos o frutas ni llamarse “caramelos”.

Para algunos padres, eso no es suficiente. Dicen que sus hijos huelen la marihuana cuando salen a caminar y cuentan el número de dispensarios en el camino a casa de la escuela. Antes de las citas para jugar en casa de amigos, Ben Cort ahora pregunta a los otros padres si tienen marihuana en la casa antes de que su hija visite el hogar de un nuevo amigo. Sujata Fretz, doctora en Denver, dice que ya ha tenido que hablar con su hijo de 13 años sobre cómo ha proliferado la industria de la marihuana.

“Me vi obligada a hablar con mis hijos porque es un asunto más público y evidente”, explicó Fretz. “No puedo limitarme a decir ‘Oye, las drogas son malas’, cuando es legal y hay tiendas que las venden. Me propongo lograr que no consuman marihuana”.

Nada es seguro

Las cifras parecen claras: la cantidad de habitantes de Colorado que fuma porros es casi del doble en comparación con el resto de Estados Unidos. El número de adultos que consumen marihuana ha ido aumentado poco a poco desde la legalización.

Ahora, la batalla entre los que apoyan la legalización y sus detractores se centra en si el mayor consumo de marihuana está siendo nocivo para la salud. Es una pregunta de alto riesgo, y Andrew Monte, doctor especializado en toxicología médica y urgencias e investigador de la Universidad del Hospital de Colorado, está en la vanguardia, tratando de descifrar qué dicen los números.

Los datos de hospital analizados por Monte y otros indican que más gente está llegando a las salas de urgencias por motivos relacionados con la marihuana. Él ha tratado a muchas de esas personas. Algunos de estos pacientes son consumidores muy frecuentes de marihuana que presentan vómito severo. Otros son niños que han consumido marihuana comestible, ya sea accidentalmente o no. Llegan a la sala de urgencias desorientados, deshidratados o alucinando tras consumir marihuana en exceso.

“Hay una desconexión con lo que se propuso como una droga totalmente segura”, explica Monte. “Nada es completamente seguro”.

Sin embargo, ninguna de las visitas a las salas de urgencias a las que han dado seguimiento los investigadores en estudios recientes acabó con la muerte del paciente. Además, Monte, quien ha tratado y estudiado muchos casos de cannabis, dice que miles de habitantes de Colorado consumen marihuana a diario de manera segura.

Un granjero jubilado del sur de Colorado usa marihuana en forma de ungüento para sus pies adoloridos. Gracias a ella, una mujer en Denver superó las náuseas y el dolor tras una mastectomía doble y quimioterapia. Los veteranos lucharon para poderla utilizar como tratamiento del estrés postraumático. Los niños la consumen en casos graves de convulsiones. Alli Fronzaglia, quien dirige un grupo de senderismo para mujeres, la usa para relajarse antes de ir a la cama.

“No está sembrando el caos”, afirmó. “Hay gente que consume este producto de manera responsable en Colorado”.

Stephanie Angell, de 63 años, solía pensar que era una de esas personas. Comenzó a fumar bastante todos los días tras enterarse de que tenía esclerosis múltiple en 2014. Comenzó a fumar al levantarse, y luego optó por consumir extractos más densos y ambarinos que ofrecen mayores concentraciones del compuesto psicoactivo THC. Los dispensarios tienen ofertas, dijo, como los “Miércoles de consumibles”.

“Comencé a fumar mañana, tarde y noche”, dijo la mujer.

En comparación con las 72.000 muertes por sobredosis en Estados Unidos en 2017, con los delitos y las pérdidas ocasionados por la crisis de opioides, la adicción a la marihuana, según sus consumidores, puede parecer demasiado inocua para siquiera llamar la atención. Los datos de salud estatal no han mostrado un aumento repentino de pacientes que busquen tratamiento contra la adicción a esta sustancia.

Sin embargo, Angell mencionó que su hábito dejó su vida vacía, como si fuera un lápiz usado. Perdió interés por el punto de cruz y otros pasatiempos y sentía necesidad de fumar antes de ir al cine o a cenar.

Wanda James and Scott Durrah, the first African-Americans to obtain a license to sell marijuana in America, in their shop, Simply Pure, in Denver, May 28, 2019. Colorado’s first-in-the-nation experiment with legalized marijuana five years ago has infused the drug into almost every corner of life. (Benjamin Rasmussen/The New York Times)
Wanda James and Scott Durrah, the first African-Americans to obtain a license to sell marijuana in America, in their shop, Simply Pure, in Denver, May 28, 2019. Colorado’s first-in-the-nation experiment with legalized marijuana five years ago has infused the drug into almost every corner of life. (Benjamin Rasmussen/The New York Times)