Por: Agencia AFP.   9 mayo

Washington y Pekín reanudan este jueves sus negociaciones comerciales en medio de renovadas tensiones ante la amenaza de la entrada en vigor el viernes de nuevos aranceles estadounidenses contra productos chinos.

Luego de haber sido presentada como la última ronda de negociaciones antes de un encuentro entre Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, para sellar un acuerdo histórico, los vientos cambiaron y el optimismo dio paso a la incertidumbre, provocando nerviosismo en los mercados mundiales. Foto: AFP

Tras varios meses de afirmar el buen avance de las pláticas, los representantes de Estados Unidos y China volverán a encontrarse este jueves y viernes en Washington pese a las amenazas mutuas de medidas proteccionistas.

Luego de haber sido presentada como la última ronda de negociaciones antes de un encuentro entre Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, para sellar un acuerdo histórico, los vientos cambiaron y el optimismo dio paso a la incertidumbre, provocando nerviosismo en los mercados mundiales.

El portavoz del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gerry Rice, advirtió que, "claramente, las tensiones entre Estados Unidos y China en la esfera comercial son una amenaza para la economía global".

Pekín confirmó que el viceprimer ministro Liu He, considerado muy cercano al presidente chino, liderará las discusiones en Washington frente al representante estadounidense de Comercio (USTR), Robert Lighthizer.

Y este mismo jueves, se divulgaron los datos del déficit comercial de Estados Unidos de marzo subió 1,5%, menos de lo esperado, a $50.000 millones, en tanto el saldo negativo con China retrocedió 6,16%, a $28.260 millones, su menor nivel en tres años.

Presiones y amenazas

Washington acusó a Pekín de dar marcha atrás en sus principales compromisos y Trump anunció la imposición desde el viernes de un alza de 10% a 25% de aranceles sobre importaciones chinas equivalentes a $200.000 millones, medida que estaba frenada desde enero.

“Aumentaremos los aranceles a China hasta que dejen de robar nuestros empleos”, dijo el miércoles el presidente en Florida.

Pekín se defiende y este jueves el portavoz del ministerio de Comercio, Gao Feng, afirmó que “China ha mantenido sus promesas y eso no ha cambiado”.

"China no capitulará ante ninguna presión y tenemos la determinación y la capacidad para defender nuestros intereses", advirtió Gao.

Y ya había advertido previamente que "si se aplican las medidas tarifarias de Estados Unidos, China no tendrá otra opción que aplicar las necesarias contramedidas".

Trump ha adoptado una estrategia de máxima presión, primero con aranceles al acero y al aluminio en marzo de 2018, a los que luego sumó gravámenes a $250.000 millones de importaciones chinas.

Además, dijo estar listo para imponer aranceles adicionales a todas las importaciones chinas (539.500 millones en 2018), lo que ha incrementado los temores sobre el crecimiento económico mundial y la estabilidad de los mercados financieros.

Dominio tecnológico

Economistas alrededor del mundo y organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) han advertido durante meses que una guerra comercial extensa entre China y Estados Unidos tendría consecuencias negativas en la economía global.

La administración Trump exige que China termine con prácticas comerciales que considera desleales, que respete las leyes del mercado y que detenga el "robo" de tecnología estadounidense.

También busca un acuerdo para evitar que Pekín devalúe su moneda dando impulso a sus exportaciones.

Pide igualmente el fin de los subsidios de las empresas estatales, sostén del plan estratégico "Hecho en China 2025".

Ese plan, adoptado en 2015, busca transformar al país de taller del mundo a líder mundial en las industrias del mañana, como la inteligencia artificial.

Pero Estados Unidos, que hace tiempo que perdió la batalla por las manufacturas, está tratando de mantener su dominio en el sector de la alta tecnología.

Al ritmo de los tuits

Desde el inicio de las negociaciones, Washington alterna entre la amenaza y el diálogo, y Trump modera el tono a través de tuits, que enfrían y calientan la relación.

Esta semana, Trump se ha mantenido fiel a sus hábitos: "China nos acaba de informar que ellos (el viceprimer ministro) venían a Estados Unidos ahora para llegar a un acuerdo", escribió, optimista, en la red.

“Veremos qué ocurre, pero me dejan contento los más de $100.000 millones (de aranceles) que llenarán los cofres de Estados Unidos... Es muy bueno para Estados Unidos; no es bueno para China”, tuiteó.

Pero su negociador Lighthizer tiene la intención de lograr un acuerdo histórico que renueve la relación. Agobiado por lo que Estados Unidos considera promesas incumplidas por los chinos, ha luchado desde el principio para lograr no solo un acuerdo sino también un mecanismo para controlar su implementación.

A principios de esta semana, muchos economistas creían que un acuerdo era posible. Pero muchos dudan de su contenido. “Va a ser un trato vago”, predice Mary Lovely, profesora de economía en la Universidad de Syracuse.