Baja inflación y menor crecimiento económico seguirán presentes por tiempo indefinido

Por: María Fernanda Cisneros 12 enero

Una baja inflación y un crecimiento económico menor. Esta descripción puede sonarle muy familiar porque la vive Costa Rica, pero no es un fenómeno aislado; es una tendencia global que ha sido denominada la "nueva normalidad".

Es cierto que la actividad económica mundial muestra signos de recuperación, pero también que este proceso no está completo y que economistas alrededor del mundo estiman que el dinamismo llegue como máximo al 3% o 4%.

Esas eran las cifras vistas previo a la recesión del 2008-2009, pero hoy no son sinónimo de crisis. Es solo esa nueva normalidad a la que tienen que acostumbrarse las naciones alrededor del mundo y nuestro país no se escapa.

El beneficio de esta nueva realidad es la presencia de precios al consumidor más estables (e inclusive bajos), pero uno de los contras es la dificultad para crear empleos.

El crecimiento de la producción, aunque ha mejorado, todavía es débil en muchos países y la inflación está por debajo del objetivo en la mayoría de economías avanzadas.

En el caso de Costa Rica, los precios ya regresaron al rango meta del Banco Central (ubicado entre 2% y 4%), pero la actividad económica, en vez de mejorar, está perdiendo dinamismo.

En los últimos 25 años, Costa Rica ha registrado un crecimiento económico promedio de 4,15% (eliminando valores atípicos), por lo que niveles menores se podrían considerar por debajo del potencial de la economía, explicó el economista, Melvin Garita.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central, en su revisión del Programa Macroeconómico 2017-2018, estiman que nuestro país crecerá 3,8% y 4,1%, respectivamente, en este 2018.

La cifra del Central podría ser revisada en la presentación del Programa para el periodo 2018-2019, que debe estar listo a más tardar el 31 de enero.

Empero, los bajos resultados del dinamismo de la actividad económica en la segunda mitad del 2017 podrían cambiar la perspectiva. El país cumplió 11 meses de desaceleración en octubre de 2017.

Por el lado de la inflación, el 2017 concluyó con una cifra de 2,57%, la más alta en tres años pero lejos de lo visto en años previos y de las cifras de dos dígitos de décadas anteriores.

Aunque el Central prevé que el indicador llegue a 4%, este nivel no prevalecería y una nueva normalidad de los precios rondaría el 3%, en línea con los principales socios comerciales.

Tal es el caso de Estados Unidos, al que le ha costado llevar la inflación hasta el 2% y aunque se espera logre alcanzar la cifra, no se proyecta que sus precios repunten de forma desmedida, si no que se mantengan alrededor de esta.

En Costa Rica, aun con una inflación mayor a la vista en los últimos tres años, si el Banco Central maneja bien la política monetaria y la cambiaria, la inflación no debería ser un tema que nos quite mucho el sueño, afirmó el economista y exvicepresidente de la República, Luis Liberman.

Los efectos colaterales podrían llegar por el déficit fiscal y de una eventual reforma fiscal, pero este camino aún es incierto.

Independiente, atrás quedaron los aumentos salariales superiores al 3% cada año y los pluses, pues la tendencia mundial dicta que un mayor salario solo obedece a una mayor productividad, tal y como lo aplica Alemania.

El rol clave de la tecnología

Luego de la crisis económica mundial, a los países avanzados les ha costado retomar su dinamismo y la capacidad de la economía para crecer es mucho menor que hace una década. Las naciones emergentes tampoco la han visto fácil.

El comportamiento de las materias primas (en especial del petróleo) y la creciente deuda de los países han estrujado las posibilidades de crecimiento, pero hay un factor que reta a la competitividad: la tecnología.

La rapidez con la que han llegado los cambios tecnológicos acelera la necesidad de modificar la forma de producir, ya que los costos de producción varían y los trabajos se desplazan a otros sectores.

En Costa Rica esto es claro. Los servicios han ganado terrero y generan más riqueza, pero se hace más difícil multiplicar los empleos directos e indirectos por la falta de encadenamientos.

Entonces, ¿cómo debemos atender esta nueva normalidad? Este es el gran reto para las economías del mundo, incluyendo a Costa Rica.

Los países deben mejorar su competitividad, aprovechar la tecnología para ser más productivos, buscar la forma de generar empleos más flexibles y enmarcados a las nuevas tendencias e impulsar el espíritu emprendedor.

Plataformas como Uber y Airbnb llegaron para cambiar la dinámica de los mercados y algunos sectores productivos en particular, como transporte y turismo. Incluso, se han vuelto factores claves para evitar un crecimiento de los precios en ambos sectores.

Ante esta realidad, la recomendación es incorporar marcos legales que permitan regular la operación de estos negocios para que generen empleo.

En octubre, el secretario general de la Organización Mundial de Turismo (OMT) visitó Costa Rica y fue claro en que se deben regular estas plataformas tal y como lo han hecho otros economías con éxito.

En esa misma línea, será más difícil que funcione bien la estrategia de bajar tasas de interés para impulsar mayor producción, como lo dicta el manual de los bancos centrales.

La economía responderá ahora a distintos factores que antes, por lo que habrá que reinventar la política monetaria, y también la política económica en general, afirmó el economista, Luis Mesalles.