Por: María Fernanda Cisneros.   1 noviembre, 2018

La subida que tuvo el tipo de cambio en días recientes sí genera efectos de presión al alza en la inflación, medida por la variación interanual del Índice de Precios al Consumidor (IPC).

A setiembre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación interanual de 2,21%. Foto de Diana Méndez

El 31 de octubre, el precio del dólar llegó a un promedio de ¢620,24 en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex). El indicador subió casi ¢11 de un día a otro, realidad vista en mínimas ocasiones en la historia.

Ese mismo día, Rodrigo Cubero, presidente del Banco Central, explicó a EF que la devaluación del colón podía presionar al alza la inflación, razón por lo que la institución monitoreaba ese factor de cerca y cuando lo considerara prudente, acudiría a subir la Tasa de Política Monetaria (TPM) para mitigar el impacto.

Al término del día, la junta directiva del Central decidió incrementar esta tasa de referencia en 25 puntos básicos y notificó a la prensa pasada la una de la mañana del 1 de noviembre.

¿Cómo presiona el tipo de cambio a los precios?

Cuando el tipo de cambio sube, los bienes importados asumen ese incremento y esto, al final, impacta los precios del consumidor. La economía costarricense es una gran importadora de bienes y servicios, razón por la que este movimiento le impacta de manera importante.

Otro efecto se da en los bienes y servicios regulados, puesto que muchos de ellos utilizan el precio del dólar.

“Recope es el más claro ejemplo, pero algunas otras instituciones con pasivos en dólares importantes como el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) también ven un incremento en sus costos, y estos se transmiten a los precios”, explicó Adriana Rodríguez, economista de la firma Frecuencia Económica.

El principal incentivo que movió al Banco Central de Costa Rica (BCCR) a incrementar la Tasa de Política Monetaria fue la presión que generaría el comportamiento actual del tipo de cambio en la inflación futura, principalmente la del 2019.

Esta tasa, calculada por el Central, sirve de referencia y orientación a los intermediarios financieros para conocer hacia dónde se dirigirá la política monetaria en los próximos meses.

Los modelos económicos que utiliza el BCCR para pronosticar qué ocurrirá con la inflación, evidenciaron que en 2019 este indicador superaría el rango meta (ubicado entre 2% y 4%).

Así, el principal factor que impulsó este pronóstico es el efecto del traspaso del aumento del tipo de cambio sobre el nivel de precios, así como la aceleración de las expectativas de inflación.

A partir del 1 de noviembre del 2018, la TPM pasó a 5,25% tras un incremento de 25 puntos básicos.

Esto sucede pese a que los precios se encuentran estables –por ahora– y cerca del límite inferior del objetivo del Central. No obstante, los movimientos en el dólar los llevarían a subir de forma importante el próximo año.

A setiembre el IPC registró una variación interanual de 2,21%.

¿Por qué si subió el dólar en esta semana, el efecto en la inflación se percibiría hasta el otro año? La proporción de traslado de las presiones que genera un incremento en el tipo de cambio sobre los precios, no es uno a uno, sino menor. Toma entre cuatro y seis meses, explicó Rodríguez.

De igual forma, el mecanismo de transmisión de las acciones de política monetaria –al resto de tasas del mercado– actúa con un rezago de un año o más.

Es decir, si el Central mueve su TPM hoy, no influye sobre la tasa inflacionaria actual, sino sobre la que tendrá el país dentro de un año, explicó Cubero, presidente del Banco Central.

Por esta misma razón, las decisiones de política monetaria deben basarse en el pronóstico de inflación futura y no del comportamiento que tiene la inflación hoy.

¿Qué pasa cuando sube la TPM?

Un incremento en la TPM aumenta el costo de fondeo para los intermediarios financieros como bancos, mutuales y otras entidades financieras.

Cuando esto sucede, las entidades de crédito suben también sus tasas activas –las que paga el público por sus créditos–. Esto queda a criterio de cada entidad pero la presión al alza está presente.

Por consiguiente, a los consumidores financieros les es más caro obtener un financiamiento en colones.

Los anteriores son los riesgos de incremento de la tasa, pero detrás de esto hay una explicación.

La teoría dicta que en un régimen de metas de inflación –el que Costa Rica adoptó desde 2015–, la tasa de referencia toma más protagonismo y se convierte en el instrumento estrella que utilizará el Central para que la inflación, principalmente, se mantenga en la línea.

Al mismo tiempo, la autoridad monetaria abandona las continuas intervenciones cambiarias que lo habían caracterizado en los últimos años y acude a ellas exclusivamente en periodos de violentos desajustes y con mayor transparencia.

Por un lado, el Central no puede gastar de más de sus reservas netas internacionales para evadir la volatilidad del dólar y por otro, la flotación administrada no va en línea con una práctica de este tipo.