Por: María Fernanda Cisneros.   18 octubre
El saldo de las tarjetas de crédito crece a un ritmo de dos dígitos, mientras en vivienda y consumo los saldos decrecen o crece mucho menos que hace dos años. Fotografía: Shutterstock.
El saldo de las tarjetas de crédito crece a un ritmo de dos dígitos, mientras en vivienda y consumo los saldos decrecen o crece mucho menos que hace dos años. Fotografía: Shutterstock.

El nivel de endeudamiento de los hogares de Costa Rica crece aceleradamente y aún más rápido que en el resto de la región.

El crédito llegó para satisfacer muchas necesidades y su utilización es necesaria para que la economía camine, sin embargo el que crezca tan rápido es una alerta. Aún más cuando los ingresos de las familias no se aceleran de la misma forma.

También, en los últimos dos años, la desaceleración económica golpeó el dinamismo del crédito y esto llevó a que el saldo de préstamos de vivienda, autos y consumo crecieran mucho menos o no se aceleraran del todo. Sin embargo, la deuda de la población en tarjetas de crédito siguió al alza. Este no es un buen síntoma de la economía.

Las malas decisiones de los consumidores al adquirir un mayor nivel de deuda del que pueden soportar explica una parte de la realidad de los hogares, pero algunos pecados también provienen del manejo del riesgo por parte de las entidades financieras.

En general, las deudas de los hogares son 8,6 veces más grandes que el ingreso que perciben, y esta cifra está en crecimiento (era de 7 veces hace cuatro años).

Un hogar debía en promedio ¢6,9 millones en 2015 y la cifra pasó a ¢8,7 millones al 2019. Durante este año, las cifras se estancaron, pero queda esperar si se logrará una reducción en el mediano plazo.

Costa Rica se ubica entre los primeros puesto de América Latina, en cuanto al nivel de endeudamiento de los consumidores respecto al Producto Interno Bruto (PIB), solo superado por Chile y Panamá, según datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef).

Además, el nivel de endeudamiento ha crecido más rápido que en el resto de la región, afirmó Danilo Montero, director ejecutivo de la Oficina del Consumidor Financiero (OCF).

Toda esta realidad limita las posibilidades de que el país crezca a un ritmo más acelerado. También, reta al Gobierno en su capacidad de maniobrar para reactivar la economía.

¿Cómo atender el endeudamiento de los hogares? La educación financiera es la mejor medicina, pero no tendrá réditos en el corto plazo.

Por lo pronto, parece que la renegociación de deudas a personas sobreendeudadas es un camino viable, sin ser el remedio efectivo para todos los que están ahogados en deudas.

“Muchas de las deudas que adquirieron para consumo fueron a plazos de hasta diez años en algunas entidades, con cuotas muy bajas”, destacó Montero.

En una refundición de deudas, una entidad financiera compra la cartera de crédito del deudor y le ofrece mejores condiciones (mayor plazo y menor tasa), para que la persona tenga más dinero libre cada mes.

Este tipo de operación ayudaría a quienes tengan préstamos de consumo a muy corto plazo, pero no tanto a quienes ya posean deudas a mayor plazo.

Un cambio de plazo de 10 a 15 años no se verá reflejado de forma tan prominente en la cuota mensual, aunque una tasa de interés mucho menor puede servir para aliviar un poco las finanzas.

Solo en la acera pública, unas 35.000 personas reciben menos de ¢191.000 al mes. Mientras, entidades como el Banco Popular afirman que la población está estrujada. En este banco, uno de cada tres clientes de consumo tiene un nivel de endeudamiento mayor al 75% de sus ingresos.

¿Por qué el alto endeudamiento?

El dinamismo de lo comprometidos que están los ingresos de los hogares no es un problema reciente, sino que se viene formando desde años atrás.

La ausencia de programas de educación financiera son parte de la explicación, pero también la evolución del mercado financiero y las particularidades que ha experimentado la economía nacional en los últimos 20 años.

La inflación baja y las menores tasas de interés han servido de incentivos, así como el mayor acceso a préstamos en dólares.

Costa Rica ha logrado niveles importantes de bancarización, realidad que no necesariamente se cumple en otros países. El acceso que tiene la población a los servicios bancarios es alta.

En los últimos años, el desarrollo de los créditos de consumo, vivienda y vehículos ha sido exponencial.

Una gran área de análisis es la prudencia de las entidades financieras en el manejo del riesgo y la supervisión.

Los modelos de supervisión nacional no limitan el nivel de endeudamiento de la personas, respecto a su ingreso. Cada entidad define esta relación según su apetito de riesgo. Las entidades supervisadas hacen provisiones por los créditos deteriorados y al entregar préstamos a deudores más riesgosos.

¿Por qué hay deudores con salarios tan comprometidos? “Creo que es una falla en la definición del apetito de riesgo de cada entidad, fueron más allá de lo prudente, les faltó prudencia. En algunos casos, porque no aplica para todos”, señaló Bernardo Alfaro, jerarca de Sugef.

“La regulación tiene muchos espacios de mejora, debe ser más orientada a medir apropiadamente el riesgo de cada deudor con base en mejor información, por eso una infraestructura de información crediticia sólida es crucial”, anotó José Luis Arce, director de FCS Capital y exjerarca del Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif).

El Gobierno y Sugef quieren robustecer el Centro de Información Crediticia (CIC), para incluir información de los operadores de crédito que no están regulados y así, mapear la mayor porción de deudas posible de cada persona. Todo con el fin de conocer cuál es el nivel de endeudamiento real de cada una.

Además, las entidades con población sobreendeudada “tendrán que recurrir a programas parecidos a la directriz del Gobierno para ayudarle a la gente para salir del problema en el que están”, anotó Alfaro.

Cuando el país da el paso a la supervisión basada en riesgos, confía en que los participantes del mercado actuaran de forma prudente, pero no todos lo hicieron según lo esperado.

¿Fueron muy tolerantes los reguladores bancarios y el mismo Banco Central? A criterio de José Luis Arce sí, y aún más en escenarios de riesgos y vulnerabilidad como durante la apreciación real del colón a mediados de los 2000, las bajas tasas de interés por el ambiente externo y distorsiones locales (afluencia de capital externo, por los bancos financiándose afuera para dar crédito local).

“El dueño de casa debió retirar la ponchera de la fiesta antes de que se presentaran problemas y no se hizo a tiempo”, añadió Arce.

La supervisión es solo una porción de la realidad que viven los hogares en Costa Rica, los cuales tienen la última palabra en las decisiones que toman y deben aprender que el sobreendeudamiento limita su calidad de vida.