Por: María Esther Abissi.   19 febrero

El consumo de los hogares se tambalea en el 2019 en medio del optimismo del Central y la desaceleración de los agregados monetarios.

A pesar de que el ingreso de los hogares no crecería este año y que el crédito muestra poca aceleración, la autoridad monetaria se encuentra optimista ante el hecho de que los agregados de la demanda interna (la inversión, el consumo privado y el consumo del Gobierno) puedan recuperarse.

El deterioro en la confianza de los consumidores, que llegó a su nivel más bajo en noviembre del 2018, también fue un hecho determinante en ingreso de las familias. (Foto: Melissa Fernández Silva).
El deterioro en la confianza de los consumidores, que llegó a su nivel más bajo en noviembre del 2018, también fue un hecho determinante en ingreso de las familias. (Foto: Melissa Fernández Silva).

Sin embargo, tres especialistas consultados por EF se cuestionan si la expectativa de la autoridad comulga con la realidad de un país que no termina de salir de la desaceleración.

¿Es una posibilidad real?

Según la economista Adriana Rodríguez, si se observa la duración del proceso de desaceleración del consumo interno de los hogares, es poco probable que pueda repuntar de manera que explique un crecimiento por encima del 3,1%, como asegura la autoridad monetaria.

Para Rodríguez, si bien hay mayor certidumbre en torno al tema fiscal, existen barreras difíciles de superar en la economía, como el incremento de las tasas en dólares y colones, que se espera que sean más altas en este año y la incertidumbre sobre la estabilidad del tipo de cambio.

Rudolf Lücke, economista investigador del Instituto de Investigaciones de Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica –que se encarga de la investigación del Índice de Confianza de los Consumidores–, asegura que no es probable que el consumo de los hogares se incremente.

“El crecimiento del consumo está determinado en gran medida por el ingreso disponible de los hogares y al existir una baja en la actividad económica y el nivel de empleo, es de esperar que el consumo privado –en el mejor de los casos– continúe creciendo de forma similar, no vemos una aceleración, más aún si le sumamos el hecho de que las tasas podrían aumentar”, aseguró Lücke.

Un hecho adicional que le restaría impulso al consumo de los hogares es la aplicación del impuesto al valor agregado a partir de junio de este año, que tendrá un impacto en el ingreso disponible de las personas.

Según comentó Karla Arguedas, gerente de Prival Advisory, los aumentos en el impuesto sobre la renta también afectarán las disponibilidades de las empresas, cooperativas, asociaciones solidaristas, familias y personas, por lo que se reduciría el ingreso disponible, limitando el gasto y la inversión.

A pesar de esto, la entidad monetaria prevé que este año las personas dispongan una mayor porción de los salarios al ahorro y en menor medida al consumo.

Arguedas afirmó que tampoco se prevén mejorías importantes en el empleo, algo que podría dinamizar el consumo.

“La promesa de un plan para reactivar la economía sigue siendo eso. Aunado a una nueva carga impositiva, se vislumbra una reducción en la disponibilidad de recursos de las empresas para nuevas contrataciones”, aseguró.

En cuanto al ingreso personal disponible, se espera que la reforma tenga un impacto negativo sobre el consumo privado equivalente a 0,29% y 0,61% del PIB para este año y el próximo, respectivamente.

Consumo arrastra bajo crecimiento

El 2018 no fue un año sencillo para los hogares: se redujo el ingreso, aumentó el desempleo, se incrementaron las tasas, cayó el crédito y el tipo de cambio tuvo fuertes fluctuaciones al alza.

Todo esto, representó el escenario ideal para que la demanda interna (que es la suma del consumo de los hogares, del Gobierno y la inversión) se desacelerara.

En el 2018, la demanda creció a un ritmo de 1,2% y el consumo privado, uno de sus principales componentes, a 2,2%, 0,7 puntos menor que en el año previo.

El alto endeudamiento de los hogares fue un hecho fundamental en la contracción, ya que, según el Banco Central, el pago de deudas representa el 60% del ingreso de las familias.

El consumo de los hogares también se vio afectado por el menor acceso a créditos, debido a la agudización de las regulaciones aplicadas a préstamos en dólares para no generadores y por la reducción en los ingresos de los costarricenses.

Además de las condiciones de la economía, el ingreso disponible se vio particularmente socabado.

Según el Programa Macroeconómico del Banco Central de enero pasado, la disminución de los ingresos se le atribuye al incremento de las tasas de interés, el aumento en la volatilidad de los mercados financieros y las tensiones sociales que tuvieron un efecto negativo sobre el crecimiento económico, entre otros factores locales.

El deterioro en la confianza de los consumidores, también fue un hecho determinante en ingreso de las familias.

El indicador determinado por el Índice de Confianza de los Consumidores de la UCR llegó a su nivel más bajo en noviembre del 2018.

A pesar de todo el escenario que se presentó en el 2018, para la autoridad monetaria los vientos de hoy soplan en una dirección diferente.

Según el Central, la demanda interna crecería dos puntos más que en el 2018. Particularmente el consumo privado crecería 0,2 puntos porcentuales respecto al año anterior, lo que marca un ligero camino hacia la aceleración que no se veía desde el 2016.

En gran medida, el crecimiento ocurriría por un aumento de la inversión que no se veía en años previos y por mayor consumo del Gobierno.

El Central es optimista frente a la recuperación de los hogares y espera que el crédito y el consumo tengan un repunte.

Los dinamizadores de la demanda

Dado que no se prevé una recuperación de los hogares para el 2019, lo que dinamizaría la economía sería la inversión privada y del Gobierno.

Varios proyectos que habían sido aprobados en años anteriores podrían iniciarse este año, un factor que mejoraría los resultados del crédito y un mayor dinamismo de la inversión en general.

Empero, hay que tener en cuenta que el 2019 será un año de transición por la entrada en vigor de la reforma fiscal, lo que implica pocas posibilidades de que el consumo del Gobierno, que es el otro eje de la demanda interna, tenga posibilidades para aportar dinamismo.