Por: María Fernanda Cisneros.   23 diciembre, 2019

La economía de Costa Rica crecerá apenas un poco más en 2020 respecto a los resultados del 2019. De mantenerse el ambiente actual, los macroprecios estarían exentos de sobresaltos.

Es decir, los indicios de una mayor desaceleración o recesión se alejan, pero tampoco espere un crecimiento desmesurado o un repunte alocado del consumo o las ventas.

El dinamismo de la producción será nuevamente un gran reto para el Gobierno, pero en este nuevo año los agentes económicos tendrán las reglas más claras.

La esperanza del Banco Central e inclusive de los bancos estatales está puesta en que el sector construcción reanime la demanda de crédito. Este sería el mejor indicio de una recuperación económica. Foto: Rafael Pacheco

La reforma fiscal tendría más de cinco meses de haber entrado en vigencia, las empresas y personas ya conocen cómo opera y esto les permitirá tomar decisiones que pospusieron antes. Inclusive a noviembre la confianza de los consumidores empezó a ser un poco menos pesimista.

La actividad económica dio pasos positivos entre agosto y noviembre, una gran señal de recuperación. Sin embargo, todavía existen algunas industrias que muestran crecimientos negativos, como el comercio, la construcción de edificaciones no residenciales y las obras con destino público.

Si estos deprimidos sectores levantan el ánimo, como ya lo han hecho la manufactura, el agro y los servicios de forma leve, se amplía la posibilidad de hablar de una recuperación real de la economía nacional. Al menos la construcción da las primeras señales de mejoría.

De alguna forma el panorama internacional y local se alineó para pensar que las presiones en los macroprecios (inflación, tasas de interés y tipo de cambio) estarán ausentes. Eso sí, siempre existen riesgos que podrían cambiar el rumbo de estos indicadores.

Otro gran desafío que persiste para la administración Alvarado Quesada es la estabilidad de las finanzas públicas. El recorte de gasto y la generación de más ingresos deben persistir para que el Ministerio de Hacienda pueda ver una reducción del nivel de deuda y del déficit fiscal.

Por ahora el Gobierno aún cuenta con los recursos provenientes de la última emisión de bonos de deuda externa, pero este dinero se agotará en el arranque del 2020. Sin duda la Tesorería Nacional necesitará buscar más fondeo internacional para atender la demanda de los vencimientos y evitar presionar las tasas de interés domésticas.

El proyecto de ley que busca emitir $4.500 millones (adicionales a los $1.500 millones ya emitidos) se presentaría en el Congreso próximamente, por lo que en este momento no forma parte de la agenda de sesiones extraordinarias (diciembre 2019 - abril 2020).

Producción abandona caída
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La producción repuntaría levemente en 2020, ubicándose entre 2,2% y 2,6%, según las previsiones de puestos de bolsa, economistas y el mismo Banco Central.

Por ahora, hasta octubre, el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) cumplió cuatro meses de crecimiento, por lo que ya se puede hablar de una tendencia positiva.

Lo que no se puede decir es que la producción se recuperó, sino que está en el proceso de recuperación.

La actividad económica crece al ritmo del 2,5%, esta cifra es mayor al 1,3% de mayo, pero aun está muy lejos del 3% visto a mediados del 2018. Este dato, además, ya estaba por debajo del potencial de la economía que se ubica en al menos un 3,5%.

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Las economías que se reaniman están más que todo ligadas al sector de zona franca, pero las compañías del régimen definitivo siguen deprimidas.

El consumo y el comercio persisten en sendas de desaceleración o estancamiento y hasta tanto no se reanimen no existirá una recuperación completa de la economía nacional.

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Lo que puede ayudar a dinamizar estos dos campos es una percepción menos pesimista por parte de los consumidores.

La confianza ya dio los primeros pasos en esta línea y en noviembre tuvo una mejoría estadísticamente significativa, motivada por mejores expectativas de la economía personal, respecto a tasas de interés, ingreso familiar y capacidad de compra.

La cantidad de personas pesimistas se redujo casi a la mitad, según la encuesta realizada para el cálculo del Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborada por la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Además, en algunos campos se ven indicios de mejoría. Particularmente en construcción, un sector que ha estado deprimido desde hace once meses.

Rodrigo Cubero, presidente del Banco Central, expresó que la tasa anualizada del sector muestra un rebote de varios meses y está acompañada de elementos más cualitativos.

“Entidades financieras nos han manifestado que ya han tenido proyectos de construcción importantes tocándoles la puerta para pedir crédito”, comentó Cubero.

En esto coinciden Douglas Soto y Gustavo Vargas, gerentes generales del Banco de Costa Rica (BCR) y del Banco Nacional de Costa Rica (BNCR) respectivamente.

“De agosto a noviembre hay muchísimos más créditos aprobados de construcción, de desarrollos hoteleros y otros. Eso no se verá en el portafolio este año, pero hay señales de que va a levantar el próximo”, indicó Vargas.

En el BCR ha aumentado la demanda de créditos de vivienda para clase media y también de proyectos de obra pública mediante fideicomisos, apuntó Soto, quien espera que en 2020 la producción crezca apenas un tanto más del 2%.

Entre tanto, si el crédito se dinamiza también ayudará a la reactivación. Por ahora, este decrece al ritmo del 3,5% en la banca, debido a la caída de la cartera en dólares (-9,3%). En colones, el saldo crece 3,15%.

Tasas de interés bajas
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Las tasas de interés en colones se mantendrían bajas y estables, pero ha sido usual en los últimos años que dependan de la dinámica que sigan las finanzas públicas.

Un elemento a favor es que la coyuntura internacional también daría soporte a un escenario de tasas de interés bajas y estables, anotó Freddy Quesada, gerente general del puesto de bolsa INS Valores.

Estos intereses han tendido a la baja luego de que el Ministerio de Hacienda superara una etapa de fuerte iliquidez. Le ayudó la entrada de los recursos de préstamos multilaterales y los eurobonos, además de una gestión de la deuda que permitió canjear bonos que vencían pronto por otros a mayor plazo.

A octubre, el déficit primario (diferencia entre ingresos y egresos, sin intereses) del Gobierno bajó a 1,9% por la mayor recaudación. Sin embargo, la presión de los intereses de la deuda dan un déficit fiscal de 5,5%, un tanto más alto que en igual momento del 2018.

Asimismo, este panorama se vio apoyado por una gestión de política monetaria más expansiva por parte del Banco Central, que redujo su tasa de referencia en varias ocasiones.

El Central bajó la Tasa de Política Monetaria (TPM) de 5,25% a 2,75% durante el 2019, con tal de apoyar la reactivación económica.

Tipo de cambio sin alarmas

El precio del dólar mantendría movimientos históricos por las estacionalidades, como el visto en noviembre por la alta oferta de divisas, así como algunos picos de demanda dados por momentos coyunturales.

“Esperamos que continúe la volatilidad por efectos estacionales y picos de demanda, sin grandes oscilaciones”, apuntó Vanessa Olivares, gerente general de BCR Valores.

El ambiente de confianza incide en esta perspectiva, en la que juegan a favor elementos como la colocación de bonos de deuda externa, la captación de recursos por parte de Hacienda y la poca o nula presión en tasas de interés.

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Al 18 de diciembre, el colón se apreció cerca de un 6% respecto al dólar, en términos interanuales y basándose en el precio promedio en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex).

Esa apreciación llevó al Banco Central a intervenir más en operaciones a través del Sector Público No Bancario, con tal de evitar que el precio del dólar bajara de una forma más abrupta.

Inflación estable
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El comportamiento de los precios parece ser una de las menores preocupaciones para el Banco Central, puesto que las previsiones ubican a este macroprecio en el límite inferior del rango meta.

Por lo pronto no se espera una modificación en el rango de los precios por parte del Central, por lo que se mantendría entre 2% y 4%.

A nivel externo, las materias primas se mantienen controladas, especialmente el petróleo.

Y en el mercado local, las presiones son pocas debido a que no se estima que la actividad económica se recuperará de forma abrupta.

En términos generales, “recientemente se muestran algunas señales en la economía estadounidense que podrían hacer cambiar el panorama actual de que la economía más grande del mundo se aproxima a una recesión, de confirmarse estas señales, el país tendría un 2020 mucho más benigno del que se vislumbraba durante el presente año”, apuntó Melvin Garita, gerente de BN Valores.