Por: Frank Partnoy y Steven Davidoff Solomon.   16 junio

Una vez fuimos accionistas activistas. Durante dos años, realizamos una campaña activista en Tejon Ranch, la mayor propietaria privada de tierras en California y una compañía que cotiza en bolsa. Obtuvimos réditos del 13% –nada mal para los estándares de la industria– pero no logramos que la compañía cambiara mucho.

Nuestro mayor error colectivo fue pensar en términos de amenazas y no de oportunidades. Como muchos directivos hoy, los ejecutivos en Tejon Ranch respondieron a la defensiva al activismo de los accionistas. Entonces, como también es típico de los activistas, nos sentimos restringidos y pasamos al ataque. Conforme aumentó la tensión, se desvanecieron las probabilidades de trabajar constructivamente juntos en beneficio de todos los accionistas.

Aprenda a lidiar con un socio beligerante. Los activistas son accionistas que pueden ayudar a elevar el precio de las acciones de las empresas.
Aprenda a lidiar con un socio beligerante. Los activistas son accionistas que pueden ayudar a elevar el precio de las acciones de las empresas.

Nuestra investigación sobre el activismo de los accionistas muestra que en promedio los activistas producen valor para las compañías objetivo. En lugar de ver a los accionistas activistas como fuereños entrometidos, los directivos deberían verlos como una fuente potencial de valor, aunque una con grandes riesgos y costos potenciales.

¿Dónde encaja el activista como accionista?

Una opinión popular respecto a los activistas es que son operadores de corto plazo que buscan una ganancia rápida. Sin embargo, nuestra investigación empírica muestra que el activista promedio conserva sus acciones durante más de un año. En contraste, la información del Banco Mundial sugiere que, en el 2015, el promedio global de conservación de acciones fue de sólo siete meses en el caso de las compañías que cotizan en bolsa.

Debemos reconocer que la directiva de Tejon Ranch inicialmente mostró disposición. Parecían genuinamente abiertos a escuchar lo que teníamos que decir. Aunque la administración nunca tomó los pasos operacionales que solicitamos, la compañía eventualmente mejoró algunas de las prácticas respecto a las que nos quejamos: hoy, los informes de Tejon Ranch son más robustos y sus directivos son más amigables con los inversionistas.

En contraste, muchas intervenciones activistas se vuelven difíciles desde el inicio y las tensiones tempranas pueden fácilmente cerrar el potencial de intercambio constructivo. De hecho, todo ejecutivo en jefe tiene buenas razones para temerle a un activista. Piense en cuántas veces los activistas han presionado para la venta y reestructuramiento de las firmas, y para la salida de CEOs.

Sin embargo, los directivos no deberían suponer que los activistas los están atacando a ellos personalmente. Los activistas son accionistas significativos y si pueden ayudar a elevar el precio de las acciones al trabajar con la administración actual, suelen estar felices de hacerlo. La mejor estrategia, al menos inicialmente, es darle la bienvenida a cualquier aporte que puedan brindar los activistas y equilibrarlo respecto a los intereses de otras partes interesadas.

La mayoría de las compañías norteamericanas de la actualidad tienen accionistas significativos con horizontes de muy largo plazo. Como muchos activistas, ocupábamos un ámbito medio en Tejon Ranch, no tan de corto plazo como muchos accionistas, pero no tan pasivos como aquellos que planeaban mantenerse por siempre. Hay valor en esta clase de perspectiva intermedia. Más aún, en una compañía como Tejon Ranch, con muchos accionistas de largo plazo, un activista no puede jugar fácilmente un rol hostil. La mayoría de los activistas necesitan persuadir a una gran parte de la base de accionistas para iniciar una lucha o vender la compañía. Un directivo debería involucrarse desde el inicio para averiguar si las preocupaciones de los activistas están resonando con el resto de la base de accionistas.

Las compañías que cotizan en bolsa tienen muchas categorías de accionistas y cada una cuenta con diversos intereses. Los fondos de pensión difieren de los fondos índice, que a su vez difieren de las ventas al menudeo. Su primer pensamiento cuando un activista toca la puerta debería ser positivo: ¿dónde encaja este nuevo accionista?

No se vuelva nuclear (a menos que deba hacerlo)

Es tentador despreciar a los activistas. Muchos no tienen amplia inteligencia operacional; nosotros ciertamente no la teníamos.

Aunque los activistas parecen poderosos, sólo tienen algunas armas. Los accionistas de empresas que cotizan en bolsa pueden votar para expulsar directores, demandar por ciertas afectaciones o vender sus acciones. Muchas de estas tácticas, como llevar a cabo una lucha de poder, son armas de último recurso. Los accionistas, incluso los activistas, no quieren realmente asumir el costo y el problema de una proxy fight, a menos que sea indispensable. Los directivos que entienden esto evitan el escalamiento.

Desafortunadamente, cuando un CEO descubre que un activista ha comprado parte sustancial de las acciones, típicamente recurre a consejeros externos para montar una estrategia defensiva. En nuestra experiencia, desde el momento en que una parte lleva consejeros externos a una reunión, cualquier esperanza de buenas relaciones sale por la puerta. Los CEOs (presidentes ejecutivos) necesitan involucrarse con los activistas, pero sin capitular a todas sus demandas. La verdad y la transparencia pueden hacer mucho para eliminar la toxicidad innecesaria.

Prepárese

Aunque es importante que los CEOs se acerquen constructivamente a los activistas, es igualmente importante que traten de saber con quién están lidiando. Recuerde que un accionista activista probablemente se ha preparado durante meses antes de anunciar una campaña. Los informes de valores del activista le darán algo de información, pero vale la pena escarbar más. Pregúntele al activista si está planeando una solución sencilla o si tiene aportes operacionales valiosos. Además ¿hay alguna acción preventiva que usted pueda tomar para atender sus preocupaciones?

Los altos directivos deberían practicar el cómo comportarse en reuniones con activistas. Prepararse para un activista incluye pensar acerca de la transparencia y el escrutinio mediático. Pregúntese qué sucedería si todas sus conversaciones con accionistas se volvieran públicas. Los directivos en los Estados Unidos necesitan cumplir con la Regulation Fair Disclosure, lo que significa que no pueden revelar selectivamente a un accionista información que no esté disponible al público. Sin embargo, los directivos deben deberían comunicarse en formas que aquellos no involucrados directamente la conversación considerarían respetuosas en caso de que otras partes interesadas se enteren de las conversaciones.

Los directivos deberían ser claros y abiertos acerca de las iniciativas estratégicas importantes, incluyendo el vender la compañía. Aproximadamente el 20% de las intervenciones activistas resultan en una venta, y comprensiblemente los ejecutivos están a la defensiva respecto a esta posibilidad. Es importante tener un enfoque planeado sobre preguntas acerca de una venta. Los directivos deberían ser transparentes con la junta acerca de hasta qué punto han sido contactados por compradores potenciales.

El activismo como oportunidad

Finalmente, el mejor enfoque es ver el activismo en primer lugar como una oportunidad y no como una amenaza.

Como muchos inversionistas, estamos a la búsqueda de compañías subvaluadas, donde podríamos ayudar a los directivos a generar más valor para la compañía en general. Si los activistas llegan a tocar a su puerta, recuerde: probablemente tienen una buena razón.

Frank Partnoy ocupa la cátedra George E. Barrett de leyes y finanzas y es director del Center on Corporate and Securities Law en la University of San Diego. Steven Davidoff Solomon es profesor en la Escuela de Leyes en la University of California, Berkeley.