Por: Juan Carlos Rojas.   27 abril

A pesar de una historia llena de glorias y galardones, lo cierto es que el equipo lleva rato con resultados mediocres. Y en los últimos años, por un sinnúmero de razones y factores, esa grandeza se ha ido erosionando a tal punto que en vez de luchar por el título, está luchando por el descenso. La alegría en las gradas —mundialmente reconocida en algún momento— se ha transformado en reproches y hasta violencia entre los mismo hinchas.

Hace cuatro años tocaba elecciones y los socios del club, ante el descontento popular por los inconsistentes resultados, le dieron la espalda a los dos grupos que tradicionalmente se habían rotado el poder al frente del equipo. Entró nueva dirigencia con tremenda expectativa. Los primeros partidos se jugaron a estadio lleno. Pero con una escuadra prácticamente nueva, la realidad es que al equipo le costó mucho el arranque: se notó la inexperiencia, la falta de conjunto y esto se tradujo en desorden táctico y a su vez en malos resultados.

Los fichajes bomba no funcionaron y esa gran ilusión rápidamente se transformó en un enorme descontento. Y a nivel dirigencial la sed de triunfo inmediato para calmar a los más fanáticos truncó la idea de un proyecto más serio: se infló la planilla de una manera insostenible y se descuidaron las bases del club para seguir alimentando las vacas sagradas, ídolos pasados que claramente ya no estaban en su mejor nivel. No se creó un ambiente propicio para la competencia leal por la titularidad, y ese conformismo pasó factura.

¿Jugarán los mejores?

Las taquillas, a raíz de los malos resultados, no subieron lo que se esperaba y más bien el hueco en las finanzas del club se agravó a punto de crisis. Y vino nuevamente una asamblea y se votó por un cambio al cambio, aunque sin tanto cambio. Y nuevamente hay un aire de esperanza, aunque esta vez más cautelosa.

¿Tendrá la dirigencia la convicción para quitar a los ídolos inamovibles del pasado, para liberar recursos que permitan balancear las finanzas y al mismo tiempo abrir espacios para los canteranos más talentosos?

¿Podrá la nueva directiva mantenerse fuerte cuando la afición presione violentamente?

¿Dará la directriz para que en la cancha juegue el mejor, bajo una competencia sana y basada en mérito?

La respuesta a estas preguntas determinará si el club volverá a su gloria y grandeza en unos años, o seguirá el triste y amargo camino hacia el descenso.