Por: Stephen Yurica.   5 septiembre

El gran debate sobre la viabilidad de la energía eólica se inició en Costa Rica en los años 90.

Impulsada por algunos ingenieros y técnicos del ICE y visionarios privados, la propuesta luchó a capa y espada contra los discursos de detractores que argumentaban la inestabilidad en la red y los altos costos.

Se logró un pequeño avance con la aprobación de la ley 7.200, elaborada para compartir los riesgos de la nueva tecnología con el sector privado. Pero el debate continuó, más aún, se intensificó.

En su nueva ofensiva, los detractores argumentaron que no se debía permitir que las empresas privadas obtuvieran ganancias económicas a partir de una actividad riesgosa. La entidad reguladora (ahora Aresep) escuchó las voces de los escépticos. La historia es triste, duró más de 20 años con múltiples apelaciones, protestas, juicios y demandas. Al final del día, a empujones y con un gran desgaste y pérdida de tiempo, la puerta se medio abrió y la energía eólica logró entrar y convertirse en una realidad y orgullo nacional.

Recientes comentarios sobre el uso del hidrógeno en Costa Rica me recuerdan esa lucha de la que fui testigo. “… Es muy caro”, “… es ineficiente", “… la tecnología es obsoleta”, “… es muy peligroso”.

Para responder a estos comentarios con datos reales e información fresca y actualizada, el 13 y 14 de agosto pasados se celebró en Costa Rica el Primer Foro Internacional de Hidrógeno. Organizado por la Asociación Estrategia Siglo XXI, en colaboración con el gobierno de la República, este encuentro trajo al país un distinguido grupo de ocho expertos internacionales en la implementación del hidrógeno a nivel mundial.

El grupo incluyó a representantes de grandes empresas como Shell New Fuels (Europa), Toyota Tsusho (Japón), Ballard (Canadá), Air Liquide (Francia), Hawái Natural Energy Institute (EE. UU.), Cummins (EE. UU.), Praxair (EE. UU.) y Ad Astra Rocket (Costa Rica).

Detractores ausentes

Durante dos días los expertos compartieron conocimientos, datos y experiencias e informaron sobre el rápido escalamiento del hidrógeno en los países desarrollados.

Entre los 400 invitados al foro estaban funcionarios del Gobierno, científicos, empresarios y, en general, tomadores de decisión. La lista también incluyó, con nombre y apellido a detractores nacionales que han manifestado públicamente su oposición. Esto, con el afán de crear un ambiente de debate sano y constructivo. Lo desafortunado y predecible fue que estos decidieran no participar.

El foro, sin embargo, nos hizo soñar despiertos con independizarnos del carbono en el siglo XXI como lo hicimos del ejército en el siglo XX; en poder producir toda nuestra energía en casa con nuestras abundantes fuentes renovables. Si pensamos que es caro, será más caro no hacerlo.

Las recomendaciones del foro fueron claras: debemos propiciar la visión país, la colaboración interinstitucional (ICE, Recope, MOPT, INA, etc.), las alianzas público-privadas, el enfoque en el transporte público, la regulación balanceada para que el hidrógeno cumpla su misión social y al mismo tiempo incentive la inversión privada local y extranjera.

La experiencia con la producción eólica nos ofrece una buena lección para proceder con visión, agilidad e inteligencia, repudiando el conformismo institucional y respondiendo con vehemencia y respeto los argumentos de los detractores. Soy optimista de que algo habremos aprendido de los viejos errores.