Por: Constantino Urcuyo.   24 mayo, 2014
Crucitas y la prohibición
Crucitas y la prohibición

La huelga de maestros de estos últimos días ha dejado en claro que hay una segunda intención detrás del movimiento.

La convocatoria inicial, en mi opinión exagerada para recibir a un nuevo Gobierno, no se justifica y menos que desde el primer día de trabajo la señora Ministra de Educación dedicó su tiempo y capacidad a encontrarle opciones de solución al problema.

El problema de los pagos errados –incompletos para unos y excesivos para otros– se acarrea desde hace años; no es nuevo.

Y si bien esta situación no justifica lo ocurrido a las familias de maestros afectadas, sí deja un extraño sabor la convocatoria a la entrada de un nuevo Gobierno y más aun, que para el viernes 23 se haya convocado a otros gremios, que no han sido del todo afectados, a unirse al movimiento cuando ya está en vías de solución.

No ha habido luna de miel para el nuevo Gobierno.

La situación de los maestros afectados le dio la oportunidad a los sindicatos de evaluar si las medidas de presión seguirían funcionando para intimidar y bloquear cambios necesarios para el país como son las concesiones, las alianzas público-privadas, la racionalización del gasto público y la revisión de las convenciones colectivas.

El Gobierno debe mantenerse firme.

Debe recurrir a las instancias judiciales lo antes posible y una vez que los tribunales declaren ilegal e injustificada la huelga, debe proceder con carácter y firmeza.

Si cede a la presión y permite que los sindicatos se salgan con la suya sin que medien sanciones –aunque sea la rebaja de salarios por ausencia injustificada– habrá sentado un precedente que lo va a debilitar durante el resto de sus cuatro años.

El país votó por un cambio y el manejo de esta situación es una buena oportunidad de empezar a mostrar que el primer cambio será no sucumbir a la presión injustificada de “líderes” que han decidido medir la fuerza de carácter del Presidente y su equipo.