8 febrero

En este editorial vamos a comentar el Programa Macroeconómico 2019-2020 presentado por el Banco Central en cumplimiento con lo establecido en su ley orgánica. Pero vamos a aprovechar para hacer una mirada más integral de la macroeconomía.

El documento presentado se titula “Programa Macroeconómico”, a pesar de que la Ley Orgánica del BCCR en el inciso b del artículo 14 solo pide “el programa monetario que se propone ejecutar durante el año”. Si nos guiamos por el título, el Banco Central presenta algo más que su política monetaria y cambiaria, pues la programación macroeconómica adicionalmente debería incluir otras políticas como la política fiscal y la política de empleo.

Cuando se revisa el documento se observa que su contenido está asociado principalmente a la meta de inflación y a los instrumentos monetarios para lograrla. Hay referencias a la política fiscal, pero más bien como supuestos indispensables para cuadrar la situación monetaria.

Las referencias a los temas de empleo y desempleo son abundantes en el “programa macroeconómico”. Sin embargo, en ningún caso hay metas de empleo o desempleo (como si las hay de inflación), ni un planteamiento explícito de los instrumentos de política macroeconómica para incidir en los mercados laborales.

El Banco Central con razón puede decir que los temas fiscales o de empleo no están en su programa porque no es la autoridad responsable de tales políticas. Sin embargo, para no inducir a error debería llamar a ese documento simplemente como se lo pide la ley: el programa monetario.

Pero nuestra crítica no trata solo de llamar a las cosas por su nombre correcto. Con nuestra reflexión queremos decir que el país carece de un verdadero programa macroeconómico donde las diferentes autoridades del Banco Central y del Poder Ejecutivo establezcan en forma coordinada las principales metas macroeconómicas y los instrumentos para lograrlas.

Un verdadero programa macroeconómico tendría que plantearse el tema de la consistencia de las diferentes políticas de corto plazo. Es decir, tendría que pasar solo de las políticas del Banco Central, a todo el conjunto de políticas macroeconómicas y a su integración.

Detrás de la ausencia de un verdadero programa macroeconómico está la ausencia de institucionalidad para lograr el diseño, ejecución y coordinación de las diferentes políticas macroeconómicas. Para esto sería necesario contar con una instancia colegiada integrada por el Ministerio de Hacienda, el Banco Central, el Ministerio de Trabajo y el Ministerio de Planificación. En general, los gobiernos establecen algún mecanismo de coordinación en su sector económico. Sin embargo, es necesario lograr una consolidación y un fortalecimiento de los mecanismos de coordinación en las decisiones macroeconómicas.

El programa presentado recientemente nos trae buenas y malas noticias. Una buena noticia es el bajo nivel de la inflación alcanzado por Costa Rica y que según la proyección del Banco Central se mantendrá en 2019. Esto se logrará gracias a su política de metas de inflación y a los bajos precios esperados para el petróleo en los mercados internacionales.

El programa presentado por el Banco Central trae malas noticias sobre el crecimiento de la producción. Si las cifras del crecimiento del PIB se ajustan para aislar el efecto de la huelga de trabajadores del sector público, el crecimiento en 2019 sería menor al crecimiento ya mediocre observado el año pasado.

Los datos de la Encuesta Continua de Empleo del INEC del IV trimestre de 2018 revelaron una altísima tasa de desempleo que llegó al 12 por ciento de la fuerza de trabajo, una cifra sin precedentes en los últimos años. El aumento de la tasa de desempleo está asociada a una mayor disposición de las personas a participar en el mercado laboral; es decir, un incremento en la oferta de trabajo. Este incremento parece originado más en las dificultades económicas de los hogares que en un mercado laboral atractivo.

Pero como el crecimiento del año pasado fue escuálido y el crecimiento de la demanda de trabajo también, la creación del empleo ocurrida en el IV trimestre de 2018 con respecto a igual periodo de 2017 fue de baja calidad: ocupaciones de baja remuneración y de tiempo parcial. Todo esto más bien son síntomas de un incremento de la informalidad en el mercado laboral.

Otra señal del deterioro del mercado laboral costarricense reportada por la Encuesta Continua de Empleo es la reducción real del 6 por ciento en el ingreso de los trabajadores entre el IV trimestre de 2018 e igual periodo de 2017. Esta reducción es mayor para el caso de las personas empleadas en el sector privado.

La situación de debilidad en el crecimiento de la producción y en el empleo hace indispensable el establecimiento de una política para la reactivación de la economía. La ministra coordinadora de Área Económica ha anunciado un conjunto de medidas con este fin. Esperamos que estas lleguen a ejecutarse para impulsar el crecimiento de la economía.