15 abril

El incremento en el precio internacional del petróleo, sus derivados y otras materias primas representan un riesgo no menor para la estabilidad macroeconómica del país, las metas de inflación del Banco Central y la lenta recuperación del crecimiento de la producción nacional.

Debido al incremento en la movilidad por el avance en los programas de vacunación en los Estados Unidos, Europa y China, la demanda agregada en esos países se está recuperando de manera acelerada y con ello el consumo de combustibles y otras materias primas. El precio internacional del barril del crudo alcanzó a finales de 2020 los niveles previos a la pandemia y hoy mantienen una clara tendencia alcista.

Mayor dinamismo internacional. Por su parte, el mundo empieza a desarrollar un mayor dinamismo en el crecimiento económico. Por ejemplo, la agencia de calificación de riesgos Fitch ha revisado sus estimaciones de crecimiento mundial al alza y proyecta que los Estados Unidos crecerá 6,2% en 2021 y China 8,4%, por encima de lo que inicialmente había proyectado en 4,5% y 8,0%, respectivamente. Con estas tasas de crecimiento, estos países estarían superando este año el nivel de la producción que tenían a finales de 2019.

El mayor crecimiento económico mundial ha venido de la mano con un repunte de la inflación. Los últimos datos de marzo ubican la inflación interanual de los Estados Unidos en 2,6%, siendo que los precios de la gasolina explican cerca de la mitad del incremento en los precios. Conforme el incremento en los precios se consolide, es de esperar que la Reserva Federal restrinja la expansión monetaria que ha venido practicando desde el inicio de la pandemia, lo cual provocaría un incremento en las tasas de interés internacionales. De hecho, este proceso ya empezó a observarse con los rendimientos de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos.

Localmente, no son buenas noticias. En primer lugar, la reactivación económica es tan solo incipiente en Costa Rica, pues el Banco Central espera que el crecimiento sea solo 2,6% en 2021 versus el 6,1% mundial indicado por Fitch. A pesar de ello, este crecimiento estará a merced del avance en la vacunación, la cual mientras no se acelere, tendremos episodios de caídas en la movilidad de las personas y en la actividad económica. A falta de reactivación de una producción, cualquier esfuerzo monetario para incentivar la demanda creará presiones inflacionarias, y al paso que vamos nos tomará varios años alcanzar el producto interno bruto de finales de 2019.

En segundo lugar, la tendencia en los precios internacionales del petróleo y otras materias primas implican un deterioro en los términos de intercambio para nuestro país. Lo anterior genera presión en el mercado cambiario, o sea, hacia una mayor tasa de devaluación.

En tercer lugar, la tendencia al alza en las tasas de interés internacional tendrá un impacto directo sobre las tasas locales, más aún mientras el irresuelto problema fiscal y una deuda pública insostenible sigan presionando hacia arriba el mercado local de fondos prestables. Esto encarece el consumo y la inversión, lo cual castiga el crecimiento económico.

Rango meta de inflación. La gran pregunta es: ¿podrá mantener el Banco Central la inflación entre 2% y 3% anual proyectado? La respuesta es afirmativa, siempre y cuando se mantenga fiel a su política de metas de inflación, o sea, si el Banco Central maneja su política monetaria para evitar que los mayores precios de las materias primas se materialicen en un incremento en la oferta de dinero. Sin embargo, ello no lo logrará hacer sin costos.

Si el precio del petróleo y las materias primas continúan subiendo y la balanza de pagos se deteriora, el Banco Central tendrá que ver aumentar el tipo de cambio y contraer el ritmo de crecimiento de la masa monetaria para lograr alcanzar la meta de inflación. Ello requerirá un ajuste hacia arriba en las tasas de interés locales, lo cual permitirá equipararlas con las tendencias globales. Todo esto operaría contra el ciclo, o sea, tendrá un efecto negativo sobre la tasa de crecimiento de la producción. Después de todo, no estamos describiendo otra cosa que lo conocido como la “Trinidad Imposible”, o sea, la incapacidad de controlar la inflación y el tipo de cambio, en un país que tiene movimientos libres de capitales.

Opciones de política a la vista. ¿Qué posibilidades tiene el Gobierno para contrarrestar los efectos de la escalada de precios en mercados internacionales? Como lo indicamos en el editorial del 25 de marzo (Hoja de ruta para la reactivación económica), su prioridad número uno debe ser acelerar el plan de vacunación, pues el incremento en la oferta agregada iría en contra de las presiones inflacionarias.

En este mismo sentido, avanzar con la firma del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional le daría acceso al país a mayores fuentes para financiar un desbalance comercial menos favorable, lo cual aplacaría las presiones sobre el tipo de cambio y le daría mayor flexibilidad al Banco Central para mantenerse dentro de la meta de inflación.

Por último, queda en la lista la discusión de reformas de mayor calado, como por ejemplo, la transformación de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), una institución con beneficios salariales desproporcionales y un nivel de empleo excesivo que no le permite importar combustibles de una manera más competitiva.

A pesar de que los aumentos cada vez más frecuentes en los combustibles locales son causados por los precios internacionales, se genera ruido y malestar entre la población, así como cambios en las expectativas de los consumidores en relación con su situación particular, todo lo cual puede tener resonancia en la Asamblea Legislativa sobre el futuro de Recope, en momentos donde el Gobierno y la oposición negocian reformas muy importantes.