Por: Verónica Gutiérrez.   21 febrero

Los colaboradores interactúan constantemente en una cultura organizacional específica, que les influye y en la cual también generan un impacto. Dicha dinámica se despliega porque las organizaciones son sistemas con vida que desarrollan patrones de comportamientos, desempeño, interacción y relación. En esta dinámica de reciprocidad, se comprende la importancia de asegurarse que tanto estos como las empresas tengan condiciones saludables de vida para influirse positivamente.

En este sentido, la salud mental se convierte en un aliado corporativo, que potencializa a los colaboradores, incentivando su concentración, inspiración y motivación. Una persona con salud mental, tiene mayor enfoque y capacidad de innovación; además, gestiona más fácilmente los detonantes de estrés que se le pueden presentar tanto dentro del trabajo como fuera de él.

Relacionando con lo anterior, nace la necesidad imperante de promover organizaciones mentalmente saludables. Pero, ¿cómo comprender qué es una organización mentalmente saludable?, para esto es adecuado remitirnos al concepto de salud mental establecido por la Organización Mundial de la Salud, según está entidad, “la salud mental es un estado de bienestar en el que la persona reconoce sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, para trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”. Es decir, la salud mental es un importante referente de bienestar, a través del cual el individuo puede hacer un reconocimiento de sus capacidades, lo cual además le permite afrontar de manera adecuada las situaciones reto de vida y trabajar de una manera provechosa.

Lamentablemente los indicadores a nivel global en salud mental son preocupantes, y Costa Rica no es la excepción. Según una nota efectuada por Repretel, denominada “Vulnerabilidad socioeconómica incide en la salud mental de la población de Costa Rica”, en enero del 2021, basada en dos estudios efectuados por la Universidad Nacional y la UNED en el 2020; se indica que, el 61% de la población costarricense presentó en octubre pasado alguna sintomatología depresiva, un aumento del 50% en términos absolutos, al compararse con los resultados obtenidos en marzo de 2020.

Por otra parte, se menciona que un 43,7% de la población consultada presentó alguna sintomatología asociada con ansiedad generalizada severa, contrastando con los resultados en marzo pasado, cuando únicamente un 14% de las personas participantes manifestaron síntomas de ansiedad. El 32% de la población presentó una afectación crítica en su salud mental en octubre de 2020.

Por esta razón, es fundamental tomar protagonismo y promover la salud mental desde las organizaciones, lo cual trae una serie de beneficios no solo a nivel de bienestar mental, sino también financiero.

Según un informe de World Economic Forum, “las consecuencias económicas de una mala salud mental son igualmente significativas. Un estudio del Foro Económico Mundial y de la Escuela de Salud Pública de Harvard estimó que el impacto global acumulado de los trastornos mentales en términos de pérdida de la producción económica ascenderá a $16,3 billones entre 2011 y 2030”.

En el informe se mencionan que, “los trastornos mentales no tratados (en los empleados o los miembros de su familia) producen una disminución de la productividad en el trabajo, reducen los índices de participación laboral, disminuyen los ingresos fiscales, aumentan los accidentes de trabajo, e incrementan el cambio de personal y el pago de beneficios sociales. La buena noticia es que la evidencia está demostrando que el tratamiento de la ansiedad, la depresión y otros trastornos mentales es una forma asequible y rentable de promover el bienestar y la prosperidad”.

Relacionando con lo anterior y según un informe desarrollado por la Organización Mundial de la Salud, se ha estimado que dichos trastornos cuestan anualmente a la economía mundial US$1 billón. Según este mismo informe, por cada US$1 invertido en la ampliación del tratamiento de la depresión y la ansiedad, se obtiene un rendimiento de US$4 en mejora de la salud y la capacidad de trabajo.

Entonces, ¿cómo podemos hacer para que nuestra organización sea mentalmente saludable? Se deben tomar en consideración los siguientes aspectos:

Reconozca la importancia de la salud mental: aquí es fundamental la participación de los encargados de salud ocupacional, como de Talento Humano y gerencia; lo cual permitirá una visión común entre los diferentes actores cruciales para la toma de decisiones.

Visualice su organización mentalmente saludable: un ambiente organizacional sano, donde las interacciones se den de una forma estable y amigable, las personas se sientan bien, puedan aprender cosas positivas y buenos hábitos que les permita ser cada día mejores y realizar valiosos aportes a la cultura organizacional.

Determine cuáles son las iniciativas que se han desarrollado: o si por el contrario no se han desarrollado y a partir de ahí buscar cómo orientar los esfuerzos. En este punto es fundamental obtener la colaboración de un profesional en psicología, especialista en temas de salud mental organizacional, para que pueda guiar oportunamente en el proceso, incluso en el de diagnóstico y la propuesta de intervención.

Tome acción: una vez que se ha efectuado un diagnóstico de necesidades y existe una propuesta o un plan específico, es fundamental concretar con acciones Promover las actividades necesarias que darán paso a una organización mentalmente saludable.

Evalúe: es primordial hacer una medición de cada una de las iniciativas planteadas, para determinar el impacto que están teniendo en la promoción de la salud mental.

Las trasformaciones positivas comienzan por el reconocimiento de las necesidades existentes y visualizar en estas, las oportunidades de mejora que definitivamente contribuyen a lograr un mayor crecimiento integral y estratégico, un ambiente organizacional sano y próspero.