Por: Constantino Urcuyo.   26 abril, 2019

La palabra populismo se utiliza con ligereza. Tiene diferentes significados, lo que lleva a la imprecisión y evita entender el fenómeno.

Para algunos, tiene una significación exclusivamente económica: el gobernante dispendioso que reparte la riqueza para quedar bien con las masas.

Otros ven en ese concepto el fenómeno carismático: el salvador providencial que se identifica con el pueblo. La creencia de que el caudillo es igual al pueblo lleva al desprecio de las instituciones. Frente al pueblo y el mesías, desaparecen las libertades públicas. La verticalidad es la ley; los resultados, la norma suprema.

La otra gran vertiente se centra en el tema cultural, en la cuestión de la identidad, en la distinción entre el Nosotros y los Otros; el derecho a gobernar corresponde a los iguales y se excluye a los diferentes.

Globalización

La primera definición corresponde a los populismos de izquierda; la segunda, a los populismos carismáticos de ambos lados del espectro. La tercera, por su parte, está asociada con los de derecha, que determinan al pueblo en torno a la raza, la etnia o la religión.

El origen es variado y se relaciona con la globalización, la cual ha dejado atrás a la vieja clase trabajadora de países desarrollados al migrar los empleos hacia países con costos salariales más bajos, con la lentitud democrática para tomar decisiones y con el no reconocimiento de las identidades culturales, lo que engendra enojo por el irrespeto a las particularidades desplazadas por los inmigrantes (diferentes).

Es necesario reducir la desigualdad, pero creando riqueza. Asimismo, es indispensable la defensa institucional frente a los delirios carismáticos.

Finalmente, hay que aceptar las diferencias sin recurrir a la exclusión. Sólo un análisis multivariable puede llevar a estas metas.