Por: Jairo Mena Arce.   8 noviembre, 2020

Sí, el Gobierno tiene problemas de “plata”. Los gastos públicos han sido mayores que los ingresos desde hace más de 10 años, y, en definitiva, la crisis actual solo ha dejado al descubierto una problemática que crece como una bola de nieve.

Sí, esta situación detonó por decisiones tomadas en el pasado, y se ha agravado por decisiones más recientes. Pero los culpables los buscaremos luego de que hayamos superado la crisis.

Sí, también es cierto que existen muchos y diversos criterios para solucionar el problema, y sí, algunos entran en conflicto.

Pero todos estamos de acuerdo en una cosa: las finanzas públicas están en un estado crítico y necesitan corregirse inmediatamente, de lo contrario todos vamos a sufrir las consecuencias. De ahí debemos partir; este punto de convergencia es el que nos va a permitir unirnos como país y diseñar la estrategia que nos permita superar esta situación.

Pero ¿Hacia dónde debe apuntar esta estrategia? ¿Qué tan grandes deben ser los ajustes para que sean efectivos? ¿Cuáles deberían ser los objetivos específicos de una mesa de trabajo que busque el saneamiento de la contabilidad pública?

En este articulo planteo respuestas a estas preguntas. Pero antes de entrar en detalle, es necesario definir algunos conceptos financieros importantes:

Gasto primario: desembolsos del sector público por gasto corriente (salarios, transferencias, compras, etc.). No incluye gasto por servicio de deuda.

Servicio de deuda: gasto financiero correspondiente al pago de intereses, amortizaciones, comisiones y otros gastos crediticios.

Resultado primario: ingresos totales del estado menos el gasto primario.

Resultado financiero: ingresos totales del estado menos el gasto total, incluye el gasto primario y el gasto financiero (servicio de deuda).

La operación de gobierno funciona a medida que los gastos sean iguales a los ingresos. A diferencia de una empresa privada, el estado no tiene como objetivo terminar el periodo con ganancias. El problema financiero inicia cuando el gasto primario supera los ingresos, como pasa en Costa Rica desde el 2009. En ese momento, para saldar el déficit primario se procedió a pedir prestado. Sin embargo, como en el siguiente año, el resultado primario también fue negativo, además de no pagar lo que se debía, se pidió más dinero prestado, y así sucesivamente hasta este momento. Consecuentemente, el resultado financiero también ha sido negativo desde entonces. Lo que nos lleva al primer objetivo, que podría ser el más obvio de todos.

Primer objetivo: lograr un superávit primario, es decir, que el gasto público sea inferior al ingreso.

Ahora bien, el consistente resultado primario negativo se debe a que, a pesar de que los ingresos “si” han incrementado en este periodo; los gastos crecen a una tasa más acelerada; tornando insostenible la operación. Si esta situación se mantiene, de nada servirá lograr el primer objetivo, pues sería cuestión de tiempo para que la situación vuelva a ser deficitaria. De aquí nace el segundo requerimiento.

Segundo objetivo: la tendencia de crecimiento de los ingresos debe ser mayor a la tendencia de crecimiento de los gastos, y esta relación debe sostenerse en el tiempo.

Una vez que los ingresos son superiores a los gastos, en proporción y crecimiento, es necesario que la diferencia entre estos sea lo suficientemente grande para cubrir los intereses de la deuda, y además reducir el monto adeudado.

Tercer objetivo: lograr un resultado financiero sostenido y equilibrado en cero (no negativo), después del pago de los intereses y una significativa amortización de la deuda.

Ahora bien, para lograr los primeros tres objetivos, deben establecerse medidas que combatan el gasto público y detonen los ingresos. Ya se han presentado diversas soluciones, y se plantearán más en la actual mesa de trabajo organizada por el gobierno. Pero antes de iniciar un proceso de discusión sobre cuáles propuestas implementar y cuáles no, es necesario conocer en qué punto se alcanza la eficiencia y en qué punto el esfuerzo sería insuficiente.

Según el modelo económico-financiero que desarrollamos en la Cámara de Comercio de Costa Rica, para iniciar un proceso de reducción de la deuda pública el superávit primario debe ser, en promedio, superior a 2,96% del Producto Interno Bruto del país (PIB) anual para los próximos 4 años. Esto se logra con un ajuste en los flujos anuales equivalente al 4,52% del PIB, para un acumulado de 18,08% del PIB entre el 2021 y el 2024. En palabras sencillas, si el resultado de las medidas es inferior al 4,52% del PIB por año, la deuda interna continuará aumentando.

Cuarto objetivo: alcanzar una inyección anual a las finanzas públicas correspondiente a la reducción del gasto y generación de nuevos ingresos superior a 4,52% del PIB.

Esta conclusión se consigue asumiendo un crecimiento anual en la producción del 2,5% a partir del 2022. Si bien es cierto que este crecimiento es conservador, va de la mano con las políticas de reactivación económicas que se desarrollen de ahora en adelante. De manera que, si el crecimiento es mayor a 2,5%, la barra a superar baja; recíprocamente si el crecimiento es menor, la barra sube.

Para finalizar, gran parte de la discusión se centra en determinar adonde deben predominar las medidas a tomar, ¿en el gasto o en el ingreso?

Sí, la forma más sencilla que tienen el Gobierno de salvar el barco es subir los impuestos, así no existiría ninguna tensión por reducir el gasto. No obstante, como expliqué anteriormente, la tendencia creciente del gasto va a rebasar cualquier aumento superficial del ingreso, y en unos años volveremos a estar en este predicamento.

Además, el costo social de los impuestos es sumamente alto. Los costarricenses perderán poder adquisitivo, aumentará la pobreza, las empresas enfrentarán mayores costos de operación y menores ingresos, morirán negocios, otros migrarán a economías más rentables. Y aunque en determinado momento la situación económica se estabilice, los sacrificados estarán pagando las consecuencias para ese entonces.

El aparato público debe restructurarse, los gastos tienen que ser acordes a los ingresos. Uno de los consejos más sabios que mi papá me dio desde niño fue “no se puede gastar más de lo que se gana”, pero pareciera que en el estado ese concepto no está claro.

Lo primero es modificar la estructura de costos públicos, luego implementar medidas que aumenten los ingresos con las cargas impositivas actuales. Solo después de esto se habrá ganado el derecho de mencionar en la mesa la posibilidad de ajustes tributarios; pero para ese momento de la discusión, estará demostrado que la alternativa fácil de los impuestos no era el camino a seguir.