Opinión

Tecnologías y palabras, las dos por favor

Preocupa la tendencia hacia la reducción de las competencias de lectoescritura de las nuevas generaciones

Las bondades de las tecnologías digitales para apoyar la educación no son un descubrimiento del año de la pandemia. El cierre de las escuelas está empujando al país a trabajar más duro para que las tecnologías sean parte de los recursos cotidianos en el hogar de todo estudiante.

Esta tarea impostergable no debe llevarnos a olvidar que un uso indiscriminado, negligente o excesivo de las tecnologías, sobre todo durante la infancia y adolescencia, tiene consecuencias que inquietan.

Comento dos: Preocupa la tendencia hacia la reducción de las competencias de lectoescritura de las nuevas generaciones. Vocabularios reducidos, abandono de reglas básicas de ortografía, conjugaciones verbales que quedan en el olvido. Es importante recordar que sin palabras no hay pensamiento, no se construye conocimiento, no se comparten las ideas. Menos palabras, menos pensamiento.

Preocupa el desarrollo de un pensamiento superficial dominante: se conoce por “encimita”, se brinca como colibrí de flor en flor, de tema en tema, sin profundizar en las ideas, sin procesar conceptos, sin desarrollar la memoria que es fundamental para pensar.

Nicholas Carr clasifica las herramientas en cuatro categorías de uso potencial:

a) aumento de nuestra capacidad física (un tractor);

b) ampliación de nuestros sentidos (un telescopio);

c) cambio de la naturaleza de las cosas (semillas genéticamente modificadas);

d) incremento de nuestra capacidad intelectual (tecnologías digitales)

En todos los casos, el uso que le demos define el alcance de la herramienta, y en ese sentido son neutras. Las tecnologías digitales, si se usan bien, pueden ayudarnos a pensar más y mejor. Si se usan mal, la evidencia apunta a efectos negativos. Paradójicamente, la tecnología puede ser un aliado para resolver esta situación. James Zull señala que es obligación de la educación llenar la gran brecha que la tecnología deja cuando no se aprovecha como instrumento para pensar.

La apropiación acertada de las tecnologías es clave. De lo contrario, me vienen a la mente las distopías de Orwell en su libro 1984, de Bradbury en Farenheit 451, o de Huxley en Un mundo feliz. La educación sigue siendo la respuesta.

Leda Muñoz

Leda Muñoz García

Leda Muñoz es catedrática de la Universidad de Costa Rica y cuenta con más de 35 publicaciones científicas y académicas. Actualmente es la directora ejecutiva de la Fundación Omar Dengo.