Por: Nicole Pérez.   19 febrero
"Lo más difícil fue pensar en la decisión y dejar ir tanto personal tan bueno de muchos años. Los colaboradores que teníamos eran el corazón de la empresa, una familia de años. Teníamos gente con más de 33 años trabajando ahí, ¡imagínese!", expresó Rafael Gallo, propietario de Ríos Tropicales (centro). Fotografía: Archivo GN.

La empresa Ríos Tropicales cerró sus operaciones de manera permanente como consecuencia del descenso en la actividad turística del país. Su presidente, Rafael Gallo, explicó que se trató de una decisión difícil en medio de una crisis que ha carecido de comparación en los 35 años que tenía la empresa de funcionar en el país.

EF conversó con Gallo para conocer más a fondo sobre su testimonio y también, para comprender el cómo se está comportando la industria turística en el país debido a la crisis económica causada por la pandemia.

Después de 35 años de operación en el sector turismo con Ríos Tropicales, ¿qué ha sido lo más difícil de cerrar sus puertas?

— Lo más difícil fue pensar en la decisión y dejar ir tanto personal tan bueno de muchos años. Los colaboradores que teníamos eran el corazón de la empresa, una familia de años. Teníamos gente con más de 33 años trabajando ahí, ¡imagínese!

Ahora es muy difícil, cada uno por su lado con sus propias familias. Teníamos mucha población de colaboradores en Turrialba y Siquirres. Luego, hay otras estaciones que teníamos en el país y que estaban en movimiento.

Como ha sido casi desde marzo que se cerró, muchos han tenido que ver qué hacen. Es muy triste ver a lo que se llega de tener un ingreso tan particular como lo es el del turismo a no tener nada. ¡Es duro!

¿Experimentaron otros periodos de crisis a lo largo del tiempo? ¿Cuáles y cómo los enfrentaron?

— Sí. Pues en la trayectoria hubo varias crisis financieras, diferentes y por varias razones.

Estuvo en una ocasión el 9/11 (ataque terrorista a las torres gemelas en Estados Unidos), que paralizó el sector turismo por un momento. En este país por dicha no afectó tanto, más bien ayudó al turismo de aventura.

Pero, una crisis como la actual, a tan largo plazo, nunca ha existido en el mundo, y pues no ha sido fácil para nadie.

Desde su perspectiva como empresario del sector, ¿que incentivos serían útiles para el turismo actualmente?

— Lo que está en la banca estatal; podrían haber exoneraciones más a largo plazo y que sean significativas, y que los intereses también no sean tan altos. El país tiene bastante altos los intereses.

Por otro lado, el gobierno con políticas estatales. Yo sé que no van a salvar al sector con dinero, pero creo que al Estado y al sector público los podrían convertir para que sean más eficientes.

También, el Ministerio de Trabajo, y la Caja Costarricense del Seguro Social, creo que las cargas sociales del país son sumamente altas.

Me parece que el Ministerio de Turismo tiene mucho que ver en el cómo recuperar la inversión, de que vengan más turistas de nuevo, con buenas políticas, con prácticas efectivas.

¿Cree que el turismo nacional es insuficiente para mantener al país? ¿Qué se podría hacer para hacerlo crecer y para apoyarlo?

— Lamentablemente el turismo nacional es solo de fin de semana.

Es muy difícil bajar los precios aquí en este país, pero más que todo va a ser difícil con el turismo nacional, tener lo que uno tenía antes con el turismo internacional que daba millones de personas al año. Es muy grande la diferencia.

Háblenos un poco de lo que está pasando actualmente con los ciclos de las empresas en el sector, ¿las están vendiendo, se están fusionando o definitivamente están tomando la decisión de cerrar?

— Hay casos muy diferentes. Uno tiene que tener recursos propios de alguna manera para subsistir financieramente. Creo que muchos empresarios se han reinventado y están haciendo algo más.

La cadena de valor en turismo es demasiado amplia, están los guías de turismo —que están sufriendo mucho—, están los transportistas, los operadores, hoteles, restaurantes; cada uno en la cadena está experimentando la situación de una manera diferente, y yo creo que mucho depende de la situación personal.

En el caso de hacer un cierre, muchas veces cerrar es más caro que mantenerse medio respirando, entonces esa consideración es importante, difícil.

¿Cuál es el mejor aprendizaje que le deja esta experiencia y qué mensaje le puede transmitir a las demás personas que han pasado o están pasando actualmente por una situación similar?

— Lo primero es que se cierre con dignidad, que se ponga la cara ante los acreedores necesarios y luego que se esté dejando un legado importante, que eso sea parte de la decisión de cierre. Un legado del que los empleados puedan salir adelante con una ventaja que la compañía les pudo dar.

Yo me voy tranquilo por el orgullo de lo que he logrado hacer en 35 años, especialmente con la conservación del medio ambiente y que es a lo que trataré de dedicarme, a seguir salvando los ríos del país.