Necesitamos más espíritus críticos que cantos de sirenas para navegar en la odisea nuestra de cada día

Por: José David Guevara Muñoz 1 octubre, 2015
Las sirenas eran, en la mitología griega, divinidades marinas y se las representaba como mujeres con cola de pez.
Las sirenas eran, en la mitología griega, divinidades marinas y se las representaba como mujeres con cola de pez.

Vivimos en un país en el que abundan los cantos de sirena...

Cantos de sirena en el campo político, materia económica, terreno financiero, entorno empresarial, proclamas sindicales, ambientes académicos, materia de ética, moral y teología, redes sociales, discursos, declaraciones, debates, discusiones, conferencias de prensa, cadenas de televisión, tertulias, polémicas...

¿A qué me refiero? Me remonto a un episodio de la mitología griega para explicarme. Se trata, específicamente, de un relato que forma parte del poema épico "Odisea", que el poeta ciego Homero (el mismo autor de la epopeya "Ilíada") compuso en el siglo VIII a. C.

Esta obra narra las peripecias y contratiempos que enfrentó el héroe Odiseo (nombre en griego; Ulises en latín), rey de la isla Ítaca, en su viaje de regreso al hogar luego de participar en la guerra de Troya, en donde fue el autor de la idea de construir el famoso caballo de madera que parecía un trofeo para los troyanos pero en realidad fue una trampa que puso fin a un sitio armado que se prolongó por 10 años.

Odiseo estuvo, en total, 20 años lejos de su esposa Penélope y su hijo Telémaco, pues a la década que duró el conflicto armado que acabo de mencionar hay que sumar otro período igual para el tiempo que demoró el viaje por mar que lo llevó a Ítaca.

En determinado momento de ese periplo marcado, entre otros sucesos, por el enojo y los obstáculos del dios Poseidón y la furia de monstruos como el cíclope Polifemo, Odiseo enfrentó también el peligro de los cantos de sirena.

Las sirenas eran divinidades marinas y se las representaba como mujeres jóvenes con cola de pez. Poseían una extraordinaria voz con la que atraían, seducían, embelesaban, endulzaban los oídos de los navegantes a quienes luego entregaban a los monstruos Escila y Caribdis.

Desde entonces, la expresión popular "cantos de sirena" alude a un discurso elaborado con palabras agradables y convincentes, pero que en realidad oculta alguna seducción o engaño. Es decir, argumentos u opiniones que parecen acertados, pero en el fondo son falsos.

La "dulzura de las sirenas" es la expresión que reproduce el escritor rumano-francés E. M. Cioran (1911-1995) en su libro "Desgarradura" para referirse al mismo concepto.

Para evitar caer en la tentación de los cantos de sirena, Odiseo —aconsejado por la hechicera Circe— tapó las orejas de sus compañeros con cera y les ordenó atarlo a él de pies y manos en la parte inferior del mástil con el fin de poder escuchar los cantos mas no ir en pos de aquellas divinidades marinas. Así superó la prueba.

¿Y qué podemos hacer los costarricenses ante los cantos de sirena? Desarrollar una actitud más crítica ante todo lo que escuchamos y leemos, incluso con lo que pensamos y creemos; dudar, cuestionar, indagar, estudiar, analizar. profundizar, demandar pruebas, no creer de buenas a primeras, no conformarnos con solo una versión, olvidarnos de las "santas palabras" y las "vacas sagradas".

Después de todo, como también dice E. M. Cioran en el libro citado: "Imposible acceder a la verdad mediante opiniones, pues toda opinión es sólo un punto de vista 'loco' sobre la realidad".

Necesitamos más espíritus críticos que cantos de sirenas para navegar en la odisea nuestra de cada día.