Nuestra cita con el destino


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En cuatro días Costa Rica tiene una cita con el destino. Es nuestra oportunidad colectiva para definir el rumbo del país por los próximos cuatro años. La de este domingo es quizás la más importante que hemos enfrentado en una generación: el 2 de febrero tenemos ante nosotros una clara disyuntiva: seguimos igual, retrocedemos o avanzamos.

Sin duda ha sido una campaña única. Las redes sociales han servido de caja de resonancia en la discusión política cotidiana. Antes, nos agarrábamos entre familia y amigos. Hoy, nos vemos enfrascados en interminables discusiones con desconocidos sobre una amplia gama de temas. Haciendo las sumas y restas del caso, creo que el balance es positivo. Ciertamente hay un ambiente de hartazgo en el aire y muchos queremos que esto termine ya. Pero también estoy bajo la impresión de que esta será la elección donde el ciudadano promedio irá más informado a emitir su voto. Esto no quiere decir que haya sido una campaña ejemplar. En lo absoluto. Ya en el pasado he manifestado mis serios problemas con la democracia. Pero, como dijera Churchill, es el peor sistema excepto por todos los demás.

A partir de mis interacciones en estos meses estoy bajo la impresión de que hay tres grandes vertientes ideológicas dentro del electorado nacional:

Continuistas: Es gente que cree que el país ha logrado grandes avances en las últimas tres décadas y que simplemente debe mantener el rumbo haciendo algunas correcciones para enfrentar retos como el gran déficit fiscal, el estancamiento de la pobreza y el aumento de la desigualdad. Aquí encontramos personas que están satisfechas con el modelo económico mercantilista de apertura a medias, ya que no representa "al socialismo comunista ni al libre mercado total”. Este votante se precia, por lo tanto, de ser de “centro” y rechaza los percibidos "extremismos de izquierda y derecha". Para ellos la pobreza se soluciona mediante más bonos y asistencialismo. De ahí que no extrañe que tengamos 44 programas antipobreza. Además, son personas para las que los altos niveles de corrupción que vivimos constituyen una realidad inescapable con la que debemos aprender a vivir. "Sí, es cierto que roban, ¿pero quiénes no?" "Impuesto" para ellos significa más plata para que el Estado haga más cosas. En resumen, es gente que está satisfecha con el "nadadito de perro" de los últimos 30 años y que se conforma con que Costa Rica sea campeona de segunda división.

Nostálgicos: Aquí encontramos a gente que está harta del actual modelo económico y cree que la liberalización económica implementada tras la crisis de inicios de los ochenta es la responsable del estancamiento de la pobreza y el aumento de la desigualdad. Muchos de ellos incluso asocian la apertura con corrupción. Por lo general, es un votante que siente que el país perdió el rumbo cuando abandonamos ese modelo con un Estado grande que brindaba empleo público seguro y una economía dominada por el agro. No es casualidad, entonces, que a muchos de ellos se les erizó la piel cuando vieron el famoso video de "Nuestro nombre es Costa Rica", con sus referencias a aquel idílico antaño. Aquí está mucha gente que se opuso al Combo del ICE, al TLC y a las aperturas de monopolios. Aún seis años después piensan que ese 7 de octubre del 2007 el país cometió un gran error colectivo ("¿Dónde está mi BMW o Mercedes?"). Son personas que prefieren "público" a "privado", "Estado" a "mercado", "social" a "lucro", "nacional" a "extranjero" (aunque por lo general son los más fiebres de la tecnología y las redes sociales). La palabra "déficit" simplemente no existe en su vocabulario. "Impuesto" es sinónimo de distribución de la riqueza. Finalmente, es gente que detesta la corrupción y el clientelismo, pero cree que estas se solucionan con ética, mística y acción ciudadana.

Progresistas: Finalmente, tenemos un segmento de la población que, al igual que los nostálgicos, está harto de la corrupción, el clientelismo y la incompetencia de los últimos gobiernos. También siente frustración por el modelo mercantilista de las últimas tres décadas donde la clase política ha favorecido con privilegios a sectores poderosos a expensas de los que menos tienen. Pero cree que la solución no parte por regresar a modelos económicos que ya fracasaron. Piensa que el cambio consiste en modernizar la economía nacional, abrir a la competencia los monopolios restantes en hidrocarburos y electricidad, adelgazar el elefantiásico Estado que tenemos con todo y sus 276 instituciones públicas, eliminar el odioso proteccionismo agrícola que encarece los alimentos a los que menos tienen y empezar a desmontar esa maraña de regulaciones, permisos y trabas que hace de empezar un negocio todo un viacrucis. Para ellos, la pobreza se resuelve con empleo, y la mejor política social es una economía pujante. Es gente que ve a la inversión extranjera como algo positivo que hay que incentivar con impuestos bajos, reglas claras e infraestructura de primera (no importa si el que la hace o administra es privado y extranjero, mientras lo haga bien). Es gente que no se satisface con que Costa Rica salga de primero en índices centroamericanos (aunque ya Panamá nos pasó en algunos), sino que quiere que el país destaque mundialmente por su economía moderna y altos indicadores socioeconómicos. Esta persona detesta la corrupción, pero cree que la solución consiste en quitarle poder a los políticos. "Impuesto", significa menos plata en el bolsillo de la gente que se la ganó. Finalmente, es un votante que está muy al tanto que el gobierno está al borde de la bancarrota y no se deja persuadir por las promesas de más gasto, más subsidios y más instituciones.

Por supuesto que no solo consideraciones económicas pesan a la hora de emitir el voto. Mucha gente también se guía por el caracter del candidato, su honradez, sus antecedentes de probidad, su consistencia ideológica, su posible equipo de gobierno y sus posiciones en otros temas sociales y de derechos humanos. Lamentablemente, mucha gente también votará basada en el miedo o la tradición. Todo esto hace que la decisión del próximo domingo sea muy personal.

En este blog he analizado de manera crítica las propuestas, récord y posiciones de todos los candidatos. Lo he hecho como alguien que por naturaleza desconfía de los políticos y, por lo tanto, cree que necesitamos restarles poder. A mí parecer, haciendo eco de un ensayo publicado por dos colegas, la política nos hace peores personas. Quiero un país más abierto, moderno, cosmopolita y tolerante. En resumen, un país más libre. Pero esos son mis valores. Cada lector tendrá los suyos. Buena suerte con su decisión el domingo.

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Por la Libre Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo es analista de políticas públicas sobre América Latina en el Cato Institute, en Washington DC. Escribe frecuentemente sobre temas de actualidad y sus artículos han sido publicados en medios estadounidenses como el International New York TimesMiami Herald, New York Post, Huffington Post, Forbes, y en importantes periódicos iberoamericanos como El País (España), La Nación (Argentina), El Tiempo (Colombia), El Universal (México), El Mercurio (Chile) y El Comercio (Perú), entre otros. También participa regularmente como comentarista en medios internacionales como CNN en Español, NTN24, BBC News, Al Jazeera, Univisión y Voice of America. Se graduó en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional y sacó su maestría en Comercio y Política Pública Internacional en George Mason University en Estados Unidos. Además es miembro de la Mont Pelerin Society.

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