Los porristas nacionales de Hugo Chávez


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Las vueltas que da la vida. Hace 5 años estaban pegando el grito por lo que consideraron un proceso sesgado e irregular en el referéndum que resultó en la aprobación del TLC con Estados Unidos. Incluso algunos aún lo llaman "fraudulendum". En particular se quejan de la participación activa de la administración Arias en la campaña a favor del tratado comercial. Algunos señalan que el gobierno recurrió al clientelismo para comprar votos. Dicen que el Tribunal Supremo de Elecciones fue parcial al no detener dichas prácticas. Pero hoy, muchos de ellos no pueden contener su alegría por el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela.

En su página de Facebook. Luis Guillermo Solís, precandidato presidencial del PAC, compartió el siguiente mensaje (el subrayado es mío):

"Cuando en un país vota el 80% de los electores; cuando en un país el que gana obtiene más del 54% de los votos y el que pierde más del 44% de los mismos; cuando en esas elecciones no se reportan irregularidades flagrantes, ni violencia, ni mala fe y el perdedor reconoce con hidalguía su derrota, hay que decir con reconocimiento y enhorabuena, que habló el soberano. Y que unos y otros tomen nota: los ganadores, porque más de 6 millones de personas les adversan; los perdedores, porque hay firmeza en la legitimidad del Presidente reelecto. Poco más que agregar: ¡salud Venezuela!"

Por su parte hoy en La República, el columnista Álvaro Madrigal destaca la "cachimbeada" de Chávez sobre Capriles, señalando que sólo así se puede describir a una victoria de once puntos porcentuales "en Venezuela y en cualquier país que practique la pureza del sufragio".

Me resulta increíble que estos señores, que si bien son reconocidos simpatizantes de izquierda siempre se han caracterizado por la seriedad de sus análisis, ahora salgan a exaltar la victoria de Chávez como un ejemplo de ejercicio democrático transparente y puro. La votación en sí en Venezuela fue limpia (en el sentido de que no se han denunciado actos de fraude) pero la elección en general no sería considerada justa en ninguna democracia madura. Como señala mi jefe Ian Vásquez en este comentario, "si lo siguiente hubiese ocurrido en su país —tal como sucedió en Venezuela— ¿aceptaría el resultado?"

  • El gobierno descalificó a algunos de los principales candidatos mediante legalismos.
  • Chávez utilizó ilimitados recursos del Estado para explícitamente llevar a cabo su campaña de reelección. Por ejemplo, canales estatales de televisión transmitían propaganda chavista, y edificios estatales también mostraban propaganda oficialista.
  • Las apariciones televisivas de Capriles estaban limitadas a tres minutos diarios, mientras que Chávez aparecía durante horas a la vez en todos los canales de televisión, como lo demanda la ley.
  • El padrón electoral contenía irregularidades o era al menos cuestionable. Desde 2003 hasta 2012 el número de votantes registrados aumentó de 12 millones a casi 19 millones, a pesar de que la población creció tan solo unos pocos millones durante ese período. 14 de 24 estados en Venezuela tienen más votantes registrados que personas con capacidad para votar. Hay miles de votantes registrados con edades entre 111 y 129 años.
  • Las papeletas de votación fueron impresas de tal manera que los votos de muchas personas que pensaron que estaban votando por Capriles fueron contabilizados como votos para un tercer candidato.
  • El gasto del gobierno aumentó en un 30 por ciento durante el último año; 8 millones de personas de alguna manera dependen directamente del gobierno para su ingreso o reciben dádivas de este.
  • Chávez cerró el consulado de Miami, hogar de miles de posibles partidarios de Capriles, obligándolos a votar en el consulado de Nueva Orleans o a perder su derecho al voto.
  • El gobierno intimidó a votantes, incluyendo a empleados públicos, al insinuar que su voto no sería secreto.

En este último punto, la revista británica The Economistreportó cómo funcionaba ese tipo de intimidación:

“Algunos empleados públicos –cuyo número se ha más que duplicado bajo el gobierno del Sr. Chávez y llegado a más de 2 millones de personas– han sido obligados a llenar formularios diciendo exactamente dónde estarán votando. Al igual que las papeletas de votación, estos formularios requieren una firma y una huella dactilar: la implicación de que el gobierno vigilará cómo votarán no necesita ser deletreada”.

¿Sin mala fe? ¿No les importa que luego de la primaria de la oposición en enero que escogió a Henrique Capriles como candidato y en el que votaron 3 millones de venezolanos el gobierno intentó obligar a la oposición a que entregara la lista de las personas que habían participado en el proceso (probablemente para tomar represalias contra ellos como hizo luego del referéndum revocatorio del 2004)? ¿Pureza del sufragio? ¿No les incomoda que en Venezuela haya un padrón electoral, controlado por cubanos, que creció en un 58% desde el 2001 a pesar de que la población aumentó durante dicho período apenas un 18% y que contiene irregularidades documentadas como 2.272.706 votantes que viven en una misma dirección? ¿Sin violencia? ¿Y qué hubo de las amenazas de Hugo Chávez de que una victoria de Capriles llevaría a Venezuela a una guerra civil o cuando el entonces general Henry Rangel Silva (luego promovido a ministro de Defensa) dijo que las fuerzas armadas no aceptarían un triunfo de la oposición?

No queda duda que Hugo Chávez cuenta con las simpatías de un sector importante de la población que sienten que su calidad de vida ha mejorado significativamente desde que llegó al poder. Chávez ha dedicado aproximadamente un tercio de los $980.000 millones que ha recibido en ingresos petroleros a programas sociales. El resto nadie sabe qué se ha hecho, pero sin duda una gran parte se la han llevado los llamados "boliburgueses" como lo documenta este magnífico reportaje de La Nación de Argentina. Pero aún con este apoyo popular, nunca sabremos cuál habría sido el resultado si la elección hubiera sido realmente justa, guardando estándares mínimos.

Luis Guillermo Solís y Álvaro Madrigal la volaron. Dirán que simplemente aplaudían el proceso electoral venezolano. Pero la realidad es más clara: no pueden ocultar su algarabía por la reelección del dictadorzuelo venezolano.

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    Por la Libre Juan Carlos Hidalgo

    Juan Carlos Hidalgo es analista de políticas públicas sobre América Latina en el Cato Institute, en Washington DC. Escribe frecuentemente sobre temas de actualidad y sus artículos han sido publicados en medios estadounidenses como el International New York TimesMiami Herald, New York Post, Huffington Post, Forbes, y en importantes periódicos iberoamericanos como El País (España), La Nación (Argentina), El Tiempo (Colombia), El Universal (México), El Mercurio (Chile), entre otros. Es autor de la columna "De frente" en La Nación. También participa regularmente como comentarista en medios internacionales como CNN en Español, NTN24, BBC News, Al Jazeera y Voice of America. Se graduó en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional y sacó su maestría en Comercio y Política Pública Internacional en George Mason University en Estados Unidos. Además es miembro de la Mont Pelerin Society y Premio ANFE a la Libertad 2014.

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