Por: Emilio Zevallos 9 agosto, 2012

En estos días se está desarrollando el VII Seminario internacional de Desarrollo Económico Territorial y Empleo, auspiciado por la fundación DEMUCA, la AECID, el BID-FOMIN y otros. Además de la variedad de temas asociadas al desarrollo económico local, un aspecto central que apareció en casi todas las ponencias fue el papel de lo público-privado-social.

Mi interpretación de los conceptos allí expuestos es que la capacidad de transformar (positivamente) una realidad es el eje del desarrollo; y ello consiste en generar los consensos políticos mínimos relevantes entre los actores sociales, económicos e institucionales para lograr estas transformaciones.

La complejidad de tales consensos ha forzado a que la variable “presencia del Estado” no sea una variable clave, o al menos, importante en el desarrollo económico local. La razón es la siguiente; el desarrollo del sector privado (la –pequeña- empresa para ser más claro), depende de lo que haga el sector privado. Si el sector público (a nivel local o nacional), interviene con el propósito de apoyar, promover, etc., estupendo, pero en general las empresas no deberían depender de lo que el Estado pueda hacer. Esta puede ser vista como una visión pesimista del rol del Estado, y quizás lo sea, pero existe una frase que señala que “un pesimista es un optimista con información completa”.

Sin embargo, y a pesar de la visión anterior, el aprendizaje de esta semana ha sido que existen varias experiencias en la región en donde las alianzas público-privado existen, son dinámicas, flexibles, tienen visión de mediano y largo plazo, y sobre todo, se convierten en herramientas para el desarrollo empresarial a nivel local. ¿Cuál es la receta? Parece simple pero es muy compleja. En mi interpretación, los actores identifican oportunidades en donde todos pueden ganar, y no se complican demasiado si unos ganan más que otros, siempre que todos ganen más de lo que aportan. El secreto se encuentra en la identificación del incentivo. Los resultados son gobiernos locales eficientes, innovadores, y que generan entornos participativos, empresas productivas, comprometidas con su territorio, etc. ¿Importante? Por supuesto, sobre todo cuando pensamos que la descentralización es parte de la construcción de los estados modernos.