Por:  9 octubre, 2016

Es frecuente escuchar de la necesidad de generar empleo para los jóvenes y las mujeres, ya que de acuerdo a diversas estadísticas, el desempleo de estos grupos supera (en algunos casos duplica), el desempleo promedio de la economía. Al mismo tiempo, aunque con menos frecuencia (quizás porque no se ve como un problema), también se señala que las personas mayores de 40 años tienen cada vez menos espacio en el mercado laboral, y que para este grupo es casi imposible encontrar empleo.

Sobre este mismo grupo se indica que son personas “desfasadas” de las actuales tendencias, no tienen conocimientos de las nuevas tecnologías o bien no tienen deseos o interés en conocerlas. Además, por sus años seguramente también tienen “mañas” (en el mal sentido), difíciles de quitar.

Al mismo tiempo, encontramos a los jóvenes (llamados millennials) caracterizados por el Internet, el celular, las redes sociales, como elementos naturales de su día a día, ya que con ellos se comunican, compran, se divierten.

De esta forma, si vemos las cosas bajo esas perspectivas, los jóvenes no deberían tener problemas para insertarse rápidamente en el mercado laboral ya que cuentan con lo que las empresas necesitan; trabajadores nuevos, con conocimientos de tecnología y dispuestos a aprender. ¿Entonces, donde está el problema?

Quizás nos falta indagar un poco más sobre ambos grupos. De un lado, los millennials son personas que –probablemente- por las dificultades para encontrar empleo, buscan la independencia (¿el emprender?) y son escépticas respecto de la política, la sociedad, la religión, etc. De ahí que es probable que ello tenga consecuencias en el trabajo. Personas con menos compromiso con las empresas para las que trabajan, y quías también menor lealtad en otros ámbitos de su vida social. Si bien también son más dúctiles y moldeables a los requerimientos de las empresas, ello puede ser solo para que cambien de empleo cuando se presente una oportunidad mejor. ¿Será entonces que pueden ser mejores emprendedores? ¿Es posible que el afán de independencia los lleve a desarrollar actividades innovadoras y hasta disruptivas?

De otro lado, los Baby Boomers son personas profesionales con la experiencia laboral suficiente como para tener criterios objetivos en la toma de decisión. Algo que se critica fuertemente del mercado laboral es la habilidad de las personas para hacer las cosas que se le indican, pero no para crear nuevas formas de hacerlas. Es probable que en ese ámbito se esté desperdiciando un valioso recurso basado en prejuicios. De hecho hace un tiempo apareció una nota en LinkedIn respecto de una persona de Recursos Humanos que casi tuvo una “revelación” cuando se atrevió a entrevistar a una persona de 56 años para un puesto (y que contrató de inmediato). Tampoco parece ser tan cierto el desfase tecnológico: hoy las TICs se han desarrollado de forma tan intuitiva que muchos adultos actúan como los “nativos tecnológicos”.

Ante este “hipotético escenario”, ¿que deberían hacer los jóvenes, los adultos y las empresas? Si seguimos la línea de la nota, probablemente los jóvenes deberían desarrollar negocios propios, los adultos deberían ser empleados y las empresas deberían hacer negocios con los jóvenes y contratar a los adultos. Obviamente, debe existir un ecosistema favorable al desarrollo de los negocios (nuevos y consolidados).

Pero, ¿eso es lo que hacen los jóvenes, los adultos y las empresas hoy en día? Habría que ver dónde está el truco (o el prejuicio).