Por:  20 junio, 2013

Como su nombre lo indica el libre comercio se compone de dos conceptos claves, la “libertad” que supone la ausencia de barreras, de trabas, y de otro lado, el “comercio”, que no es otra cosa que el intercambio, pero no cualquiera, sino uno en condiciones de igualdad.

La pregunta no deja de ser relevante en la medida que no encontramos ambas condiciones y tampoco hemos hecho nuestra tarea en generar las condiciones de libertad e intercambio en igualdad. Todos sabemos que los países industrializados recurren a mecanismos de protección disfrazados para su agricultura y algunos sectores de su industria. Pero de otro lado, nosotros no hemos avanzado en mejorar las condiciones del entorno que reducen nuestra competitividad: infraestructura, servicios públicos, marcos institucionales y de regulación. Así, si ellos protegen sus industrias, nosotros no solo no lo hacemos, sino que además le subimos más la barda a nuestras empresas: mala infraestructura, servicios públicos malos y caros, leyes que obstaculizan, etc., solo sirven para incrementar costos por asuntos que no tienen nada que ver con nuestro negocio. Así, nuestra posible (o real) ventaja competitiva se pierde en “un camino lleno de piedras (o más bien, de hoyos)”.

En el tema del intercambio, hay por supuesto países grandes y pequeños. Pero ello no debería ser un problema si las reglas del intercambio son claras y se cumplen escrupulosamente (para ambos lados). Hace unos días veía una caricatura donde en una imagen aparecía la renegociación de Telefónica en Perú (aun cuando deben una millonaria cantidad en impuestos), mientras que en la otra imagen se veía como la dirección de impuestos cerraba un pequeño negocio por “no pagar impuestos”.

Bajo ese escenario, ¿cómo se les puede pedir a los empresarios que sean más competitivos? Hace dos años un hotelero de San Carlos recibía casi 600 colones por cada dólar, ahora recibe 500. Una pérdida de 20%. ¿En cuánto bajaron los precios en ese tiempo para compensarlos?

Los acuerdos de libre comercio son la invitación a una gran fiesta. Pero de la entrada no depende que nos vaya bien. Ello solo nos permite el acceso. Como nos movemos adentro es lo que nos hace exitosos o no. Lo mismo pasa con el posible acceso a la OECD, aunque esa entrada es mucho más cara. Los requerimientos de acceso a la OECD son muchos y rigurosos, en términos de fiscalidad, transparencia, políticas públicas, etc. Claro, muchos lo ven como la gran oportunidad de entrar a las grandes ligas. Sin embargo, lo importante es tener un equipo que pueda competir en las grandes ligas, y no solo un invitado nuevo a quien le pueden hacer 10 goles (lástima Tahití). A eso nos exponemos si no estamos preparados. Nadie quiere ser el "pobrecito" de las grandes ligas, o s?

Para estar a la altura de los retos, esta es una labor que como empresarios debemos emprender: innovación en productos, procesos, creatividad, nuevos modelos de negocio, etc., pero el Estado debe hacer su parte también. ¿Como estamos por casa?