El más injusto de todos los impuestos

Por:  3 marzo, 2016

La diferencia entre robo y hurto está en que en el robo a usted le quitan algo, contra su voluntad, utilizando violencia, mientras que en el hurto no, a usted lo despojan de algo suyo en muchos casos sin siquiera darse cuenta, tal como lo hace el Banco Central de Costa Rica en particular, y todos los Bancos Centrales alrededor del mundo en general.

Para ilustrar este hurto -¡estilo carterista!- pensemos en una familia que su ingreso apenas alcanza para satisfacer sus necesidades de calorías, o sea, está en el límite entre ser pobre y no pobre. Para simplificar nuestro ejemplo, pensemos que esta familia solo consume arroz, cien bolsas de arroz al mes, y que los aumentos de salario se dan una vez al año.

Para nuestra familia representativa, en el segundo mes los precios aumentan y solo pueden comprar 99 bolsas de arroz, para el tercer mes lo precios vuelven a aumentar y ahora solo pueden consumir 98 bolsas, esto continúa así hasta que en el doceavo mes la familia solo puede comprar 89 bolsas de arroz.

Como esta familia tenía un ingreso que apenas le alcanzaba para comer lo mínimo, al solo poder consumir 89 bolsas de arroz, esto implica que esta familia está pasando hambre, que pasó la línea de la pobreza, ahora tenemos una nueva familia pobre.

En este ejemplo el aumento de precios representa literalmente a la inflación; mientras que esa bolsa menos de arroz que se puede comprar mes a mes, representa -también literalmente- la pérdida de poder de compra o el impuesto inflacionario, eso que dice que usted con su mismo ingreso puede comprar menos, que el costo de la vida aumenta.

Las bolsas de arroz de nuestro ejemplo se pueden medir en términos monetarios, en plata. En el siguiente gráfico se muestra el impuesto inflacionario que hemos pagado en Costa Rica en los últimos 30 años, medido en cientos de miles de millones de colones.

Por ejemplo, al cierre de 1984 el impuesto inflacionario, medido en colones de diciembre de 2015, en plata de hoy, fue de ¢4.730.000.000.000,00 o ¢4.7 billones, esto cuando se presentó una inflación de 17.58%.

Como se observa en el gráfico, a medida que disminuye la inflación el impuesto inflacionario también disminuye, hasta alcanzar los resultados del 2015, dónde la inflación de -0.80% produjo un impuesto inflacionario negativo de ¢20.539 millones, esto significa que la familia en mención compró no solamente lo necesario para alimentarse correctamente, sino que le sobró para comprar algo más, algo que solo ellos sabían que les convenía.

Esto, en términos generales, justifica por qué el control de la inflación es deseable, por qué algunos creemos fielmente que un Banco Central debe comprometerse con el control de la inflación, que es a la larga lo único que puede hacer bien.

Otra cuestión que nos dice el gráfico es cuáles de nuestros banqueros centrales estuvieron comprometidos con lo que realmente pueden controlar, o sea, cuáles de ellos realizaron cambiaros significativos para disminuir la inflación, y el impuesto inflacionario, de manera significativa durante su administración, entre estos resaltan Francisco de Paula Gutiérrez y Olivier Castro.

El caso específico de "Guti" se basa en haber adoptado las bandas cambiarias, en detener la inflación inercial que implicaba depreciar el tipo de cambio tomando como referencia que el 50% de la economía costarricense lo que producía era comida, sí señor, comida, como lo hacía Eduardo Lizano en las minidevaluaciones entre el 98 y el 2006: exportábamos ya microprocesadores, dispositivos médicos, servicios de todos los colores y sabores, pero el BCCR, en su administración, suponía que la mitad de nuestra producción era comida.

La actual administración del BCCR nos ha introducido a un contexto histórico de baja inflación, llevándonos a registrar por primera vez niveles de inflación similares a los de nuestros principales socios comerciales. Se podría decir que el BCCR aprovechó la caída de los precios de las materias primas en los mercados internacionales para restringir la liquidez (la inflación es un fenómeno monetario en el mediano y largo plazo), con lo cual se alcanzaron los resultados actuales, aspecto que se ha visto reflejado incluso en las expectativas de inflación.

Sin embargo, hay altos riesgos para la sostenibilidad de estos resultados, la promoción de tasas de interés bajas (nominales y reales), junto con el manejo reciente de los agregados monetarios, son aspectos que ameritan seguimiento, ya que podrían tirar por la borda el esfuerzo hecho hasta el momento, poniendo en duda la credibilidad de la meta de inflación del 3%.

Hacer mal la cosas se paga, y en muchas ocasiones se hace con sangre, si extendemos el anterior análisis para los últimos 66 años, podemos ver lo ocurrido entre 1974 y 1984, cuando la irresponsabilidad monetaria hizo de las suyas en nuestra economía. No debemos olvidar eso nunca.

Otro punto para ayudar a la familia no pobre de nuestro ejemplo, sería que el precio del arroz en Costa Rica no esté entre los 10 más caros del mundo, pero eso de que los pobres le transfieran plata a los ricos no es un tema que le interese a nuestros políticos, al menos no a los políticos que aún nos representan.