País arrastra déficit de alternativas para consenso tras cinco años del referendum del Cafta

La sociedad costarricense tiene pocas alternativas para transitar hacia el diálogo y resolver sus grandes dilemas.


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A cinco años de celebrado el referéndum del Cafta, donde resultó ganador el “Sí” por escaso margen (51,2 a 48,1), ese procedimiento de voto popular se perfila como la única vía habilitada para llegar a un criterio mayoritario en el país sobre temáticas de peso.

El problema es que la ruta del referéndum, recién estrenada por la democracia tica, está llena de peajes de trámites que deben pagar a elevados costos aquellos que la proponen para que sea el voto popular el encargado de dictar sentencia.

No todos logran pagarle al recaudador –el Tribunal Supremo de Elecciones– un 5% de las firmas de los ciudadanos empadronados, ni es cualquiera el que cumple con los demás requisitos exigidos para llegar a las urnas.

Una inaccesible, otra ahuecada

Linda y sin baches en su carpeta asfáltica, la carretera del referéndum es inaccesible. Prueba de esto es su poco uso. Después del Cafta, entre el 2006 y el 2009 otros 18 asuntos pretendieron llegar a las urnas, sin mayor éxito.

Hoy el tema sobre la integración de la junta directiva de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) apenas inicia su tránsito con la esperanza de convocar al pueblo para que diga sí o no algún día. En su andar, la propuesta ya ha topado con obstáculos.

La otra arteria por donde se puede circular hacia el acuerdo nacional, la legislativa, se asimila más a una embarrialada trocha que se atrofió hace mucho tiempo durante el invierno de la representatividad popular.

Así, descuidada y ahuecada, casi siempre con el semáforo del diálogo en rojo, el Parlamento dejó de ser la calle preferida para moverse hacia la solución de los problemas comunes a todos.

El tema que se atreve a escoger ese camino, se arriesga a ser asaltado, o a caer en un bache y ser remolcado hasta su votación casi tres años después, según el promedio determinado por el programa “Estado de la Nación” para la duración del trámite de los proyectos de ley.

Es entonces cuando el déficit de infraestructura para alcanzar el entendimiento reviste la situación de gravedad por estar Costa Rica llena de disyuntivas en los ámbitos político, económico, administrativo y social.

Pero, ¿cómo soltar el nudo gordiano?

A diferencia de la leyenda alejandrina la respuesta no estaría en la espada, sino en la construcción de nuevas conexiones.

Los puentes necesarios

Sobre esas vías lentas, el politólogo y académico Francisco Barahona propone levantar el puente de una Asamblea Constituyente para intentar una revisión del aparato político e institucional, parecido opina Francisco Chacón, ministro de Comunicación.

El sindicalista Albino Vargas piensa en la construcción de un nuevo y ambicioso pacto social para llegar al entendimiento.

Por su parte, la diputada en tiempos del debate del Cafta y actual ministra de Economía, Industria y Comercio, Mayi Antillón, sugirió reformas al Reglamento Legislativo para agilizar la discusión de los planes de ley estructurales. El empresario Carlos Federspiel consideró necesario practicar más el referéndum y remozar su marco normativo.

Ideas hay. Pero mientras alguna se implementa, la familia tica avanza montada en el mismo vehículo peleando entre sí, sin rumbo definido para llegar al diálogo que todavía es quimera. La escogencia de ruta sigue pendiente.

La infraestructura para llegar al entendimiento

Hay diversidad de opiniones sobre cuáles puentes tender para desentrabar al país, pero sobresalen cuatro:

Pacto Social

Volver a la raíz

La propuesta de un pacto social tiene su génesis en sectores sindicales que abogan por un retorno a los valores del Estado social de derecho. La columna vertebral de esa propuesta es un gran acuerdo nacional donde los sectores político, empresarial y de los trabajadores logren acuerdos para fortalecer la institucionalidad costarricense que permitió el desarollo de una sociedad equitativa, aspectos que los representantes de los trabajadores ven perdido entre un modelo de desarrollo que, afirman, tiende a acrecentar las desigualdades sociales.

Constituyente

Una nueva arquitectura

Las reformas parciales a la Constitución Política dejaron de ser una alternativa viable para desentrabar al país. Es así como la idea de convocar a una nueva Asamblea Constituyente gravita alrededor de grupos intelectuales y políticos como la alternativa para desamarrar al Estado y permitir una nueva dinámica del país. Empero, la idea enfrenta el problema coyuntural de la atomización política que vive el país, lo cual se reflejaría en numerosas corrientes de pensamiento, uno de los factores que no facilitan el entendimiento nacional.

Remozar partidos

Más representación

Incluir la representación de más sectores sociales en las estructuras formales de pensamiento de los partidos políticos es uno de los puentes que se sugieren para poder llegar a un diálogo fructífero sobre los grandes temas sin resolver en el país. Aumentar la representatividad en las bases sería la alternativa para pelearle espacios a las cúpulas de los partidos en procura de un cambio de actitud para incluir más opiniones sobre los problemas que enfrenta la sociedad. El cambio generacional aún no se vislumbra claro en los partidos tradicionales.

Reforma legislativa

Acortar plazo a la respuesta

El Reglamento Legislativo es una de las trabas que impiden el avance rápido de las propuestas de ley que tocan terreno legislativo. En numerosas ocasiones se han caído los andamios que sostenían una reforma integral a la normativa legislativa. Apenas la semana pasada se empezó a discutir la construcción de otra plataforma donde cortar los plazos de discusión y votación de los asuntos es la propuesta fundamental. Una comisión de notables también analiza esos puntos, pero El debate aún está crudo y no se vislumbra una solución pronta.

Fuente Entrevistas y archivo GN.

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