THE NEW YORK TIMES

El acero está desbordándose de China

Invocando una oscura ley comercial, Trump firmó una orden para una revisión de 270 días tendiente a determinar si las importaciones de acero estaban dañando a la seguridad nacional

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La enorme industria acerera de China es un blanco importante del presidente Donald Trump. Pero la enorme estructura de una planta siderúrgica aquí demuestra por qué es probable que China siga produciendo cada vez más acero, avivando las tensiones comerciales entre los dos países.

La planta acerera de Hangzhou, un enorme laberinto de altos hornos, almacenes, chimeneas y dormitorios para los trabajadores, fue uno de los proyectos favoritos de Mao Zedong. Construida en solo 13 meses a fines de los años 50, alguna vez empleó a 25.000 trabajadores.

La contaminación y la marcha del progreso hicieron de la planta siderúrgica un lastre. Pero cerrar una planta acerera elimina empleos bien pagados; una razón central para que China mantenga a las fábricas produciendo un acero que el mundo no necesita.

Cuando las autoridades se las arreglan para cerrar una planta, es una odisea costosa, como demuestra la historia de Hangzhou. Con la ayuda de una subvención de $34 millones de funcionarios del Gobierno, el dueño de la planta de Hangzhou, el Grupo Hierro y Acero de Hangzhou, ofreció a los 12.000 empleados restantes generosos beneficios de indemnización y pensiones.

“No tengo que levantarme temprano”, dijo Tang Guomin, de 49 años, quien había trabajado en los altos hornos desde que tenía 18. Recibió casi seis años de salario de la compañía como indemnización y, cuando cumpla 50 años en unos meses, podrá cobrar una pensión ajustada a la inflación del Gobierno igual a 90 % de su salario anterior por el resto de su vida.

“Duermo hasta que despierto y no tengo mucho de qué preocuparme”, dijo, mientras hacía la compra de verduras matutina de su familia en el mercado callejero. “Extraño la fábrica, pero ese tiempo no volverá”.

Oscura ley comercial

Invocando una oscura ley comercial, Trump firmó recientemente una orden ejecutiva para una revisión de 270 días tendiente a determinar si las importaciones de acero estaban dañando a la seguridad nacional. Si el Departamento de Comercio encuentra daño, Trump tendrá hasta 90 días para decidir si impone amplias restricciones a las importaciones.

China es un blanco obvio de la orden, aunque el efecto pudiera extenderse a todo el mundo. Aunque solo un 2 % de las importaciones de acero estadounidenses provienen directamente del gigante asiático, fabricantes de acero y expertos de la industria en todo el mundo culpan a este país por enviar su acero excedente a otras naciones, lo cual hace bajar los precios y provoca que esos países procesen el acero para hacer productos de alto valor que exportan a Estados Unidos. El gobierno de Trump, que ha puesto en claro que asumirá una postura más agresiva sobre el acero, ha sugerido que pudiera emprender acciones comerciales contra esos países también.

China niega que venda su exceso de acero a otros mercados por debajo del costo de producirlo, una acción llamada dumping . Pero sí admite que tiene demasiadas plantas siderúrgicas produciendo muchísimo acero.

El truco es recortar esa capacidad excesiva, lo cual no está resultando ser ni fácil ni barato. Producir acero representa una fuente confiable de empleos de altos salarios en un país donde el crecimiento económico se ha desacelerado en comparación con años anteriores. Ese metal también sigue siendo un material clave para el sector manufacturero de China, el más grande del mundo.

“El acero es el alimento de la industria de China”, dijo Wang Guoqing, director de investigación en el Centro Lange de Investigación de Información sobre el Acero, un grupo industrial chino en Pekín. “Está en una posición clave para el desarrollo y la infraestructura de China”.

La industria del acero estadounidense emplea a unas 140.000 personas, o menos de una décima de punto porcentual de la fuerza laboral estadounidense. Las plantas siderúrgicas de China, en comparación, emplearon a 4,7 millones de trabajadores en el 2014, la última cifra oficial dada a conocer, o 0,6 % de la fuerza laboral de China en ese entonces.

Casi 60 años después de que la campaña de Mao para hacer de su nación un gigante acerero contribuyera a una hambruna que mató a millones de personas, el país ahora produce tanto acero como el resto del planeta en conjunto.

Hoy, el sector siderúrgico de China representa el tipo de industria inflada y derrochadora que gente dentro y fuera del país dice está frenando el desarrollo económico.

Este gigante se comprometió a principios del 2016 a cerrar plantas acereras que representaban una décima parte de su capacidad en un plazo de cinco años. El año pasado cerró casi 60.000 millones de kilos de capacidad y planea cerrar otros 45.000 millones de kilos este año, según un discurso pronunciado a principios de marzo por el primer ministro Li Keqiang.

Producción récord

Sin embargo, la producción sigue siendo obstinadamente alta, y las nuevas plantas acereras siguen abiertas. Las plantas siderúrgicas de China produjeron una cantidad récord de acero el mes pasado. Este país no ha dado a conocer datos más recientes sobre la capacidad acerera total.

Por ahora, las exportaciones acereras de China se están reduciendo, aunque no está claro cuánto tiempo continuará eso.

El apetito de esta nación asiática por el acero ha mejorado en los últimos meses conforme la concesión de créditos y el gasto de parte del Gobierno y un renacimiento en su industria inmobiliaria impulsaban la economía y alentaban el consumo. Pero el Gobierno ha dicho que quiere controlar los créditos, preocupado de que la economía pudiera depender demasiado de la deuda cada vez más alta.

La planta siderúrgica de Hangzhou, y la ciudad que le da su nombre, representan el esfuerzo chino por alejar a su economía de industrias como el acero.

Un vocero de Hierro y Acero de Hangzhou declinó discutir lo que haría la compañía con el sitio, diciendo que aún no se había decidido pero que la empresa encontraría un uso “innovador” para los terrenos.

Para muchos residentes locales, el cierre de la planta siderúrgica ha significado aire más limpio; la razón que dieron los funcionarios para cerrar la planta.

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