Cumbre de las Américas: una de sal y otra de arena


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La Cumbre de las Américas en Panamá logró sentar por primera vez a los presidentes de Cuba y Estados Unidos desde su anuncio en diciembre encaminado a restablecer sus relaciones, pero al mismo tiempo fue escenario de numerosas voces del hemisferio opuestas al decreto de Washington que proclama a Venezuela una amenaza para la seguridad estadounidense.

Contrario a las emociones que vivió su estrecho aliado cubano Raúl Castro, quien se vio cara a cara con Obama en un encuentro para la historia, Nicolás Maduro de Venezuela ni siquiera pudo cumplir al menos en la sesión de la mañana su publicitada promesa de entregarle al presidente norteamericano las más de 10 millones de firmas que recolectó de gente que exige la eliminación del decreto.

El gobernante socialista señaló en su intervención y ante la ausencia de Obama en ese momento de la sesión que eso lo hará por la vía diplomática, sin precisar fecha.

La cumbre le dio la bienvenida a Cuba, la siempre gran ausente del foro por haber sido expulsada en 1962 de la Organización de los Estados Americanos que ejerce la secretaría general del evento.

La sétima cita hemisférica propuso esta vez que los líderes alcancen compromisos serios para llevar la bonanza alcanzada en las últimas décadas a los sectores más vulnerables de la región, en que alrededor de 167 millones de personas viven en la pobreza, según organismos de las Naciones Unidas.

El grupo de líderes coincidió en la necesidad de atacar la desigualdad, pero buena parte utilizó su turno en la sesión matutina para celebrar la primera participación de Cuba, y expresar al presidente Obama reacciones encontradas por las últimas decisiones de su política internacional respecto a Cuba y Venezuela. 

“Es una actitud positiva y lo valoramos”, dijo la presidenta argentina Cristina Fernández al hacer referencia a los esfuerzos de Washington y La Habana por poner fin a su prolongada hostilidad.  “Es un triunfo de la revolución cubana”.

Afirmó que cuando las cosas iban viento en popa, Obama se apareció con el decreto que coloca a Venezuela como una amenaza a la seguridad estadounidense.  “Es una pena realmente”.

Para la presidenta brasileña Dilma Rousseff,  “estas medidas unilaterales son contraproducentes”.

A su turno, el líder cubano Raúl Castro también despotricó por el decreto de Obama, aunque al mismo tiempo expresó su disposición de continuar tratativas con Estados Unidos. 

“Hemos expresado y le reitero ahora al presidente Barack Obama nuestra disposición al diálogo respetuoso y a la convivencia civilizada de ambos estados dentro de nuestras profundas diferencias”, manifestó Castro. 

“Aprecio como un paso positivo su reciente declaración de que decidirá rápidamente sobre la presencia de Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo en la que nunca debió estar, impuesto bajo el gobierno del presidente (Ronald) Reagan”.

Mientras Maduro hablaba, un sonoro toque de cacerolas se escuchó en edificios aledaños al centro de convenciones donde se celebran las deliberaciones, en lo que fue una manifestación de protesta de emigrantes venezolanos opuestos al gobierno del líder socialista.

Muchos emigrantes venezolanos acaudalados se han establecido en Panamá en los últimos tiempos.El presidente mexicano Enrique Peña Nieto mencionó, por su parte, las implicaciones del paso dado por ambos países. 

“Los líderes de ambas naciones le han recordado al mundo que la apertura al diálogo está cargado de futuro y posibilidades”, expuso. “También quiero aquí expresar el reconocimiento al proceso de paz que está viviendo Colombia”.

Según el presidente ecuatoriano Rafael Correa, la “alegría no puede ser completa. Queda el bloqueo (estadounidense contra Cuba) y la devolución de (la base) de Guantánamo”.

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