Mike Pence, un republicano clásico para reconciliar a Trump con el partido

De perfil bajo y nombre poco conocido a nivel nacional, Pence es una apuesta que, sin entusiasmar a casi nadie, parece contentar un poco a todos, algo que ya es bastante teniendo en cuenta la insólita relación de guerra abierta entre sectores tradicionales del Partido Republicano y su candidato a la Casa Blanca


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Washington.- El aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, eligió el viernes 15 de julio como su candidato a vicepresidente al gobernador de Indiana, Mike Pence, un conservador clásico que puede ayudarle a reconciliarse con el núcleo tradicional del partido.

Pence, de 57 años, debía decidir este viernes si se presentaba a la reelección como gobernador, porque la ley de Indiana no permite competir por un cargo estatal y uno federal al mismo tiempo.

A Trump también le apretaba el tiempo: debía anunciar a su compañero de fórmula presidencial antes de la Convención Nacional Republicana, que se celebrará en Cleveland (Ohio) entre el 18 y el 21 de julio.

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El incendiario multimillonario, que ha roto todos los esquemas de las elecciones estadounidenses y de su propio partido, había dicho que quería un candidato a vicepresidente con experiencia política que le ayudara a tender puentes con las mayorías republicanas en el Congreso, donde muchos legisladores aún recelan de su nominación.

Pence, congresista por Indiana entre 2001 y 2013, guarda buenas conexiones de ese periodo en Washington, donde batalló por la disciplina fiscal, un Gobierno federal con menos peso, una política de defensa fuerte y una agenda social rigurosamente conservadora. Es decir, por el abecé de la ortodoxia republicana.

''Es un candidato que cumple todos los requisitos'', se comenta en los círculos políticos de Washington, donde Pence es visto como una ''opción de consenso'' que puede hacer ''digerible'' a Trump no solo entre la elite del partido sino también para el votante ultraconservador y el poderoso sector evangélico.

Estos grupos, con frecuencia entrelazados, nunca han confiado en que Trump sea un auténtico conservador: en el pasado apoyó a demócratas, se mostró abierto en temas divisores como el aborto y va por su tercer matrimonio, con un historial sentimental extensamente aireado en la prensa rosa.

Al contrario, Pence lleva casado 31 años con su esposa, Karen, tiene tres hijos y no se le conoce ningún escándalo personal.

Además, su legado de conservadurismo social es impecable. En la Cámara de Representantes lideró el tipo de batallas que exaltan a ese sector y, como gobernador, firmó una ley criticada por permitir la negación de servicios a homosexuales en base a motivos religiosos y otra que prohíbe abortar por la discapacidad, raza o género del feto.

Su política económica sigue al pie de la letra la doctrina clásica republicana: aprobó la mayor bajada de impuestos de la historia de Indiana, impulsó rebajas fiscales a las corporaciones para atraer la inversión y toda su vida ha sido un adalid de la más estricta disciplina fiscal.

Económico es también su mayor punto de fricción con Trump: como congresista votó a favor de todos los tratados de libre comercio que se propusieron y apoyó en varias ocasiones liberalizar más el comercio con China, una política que el magnate rechaza frontalmente por considerarla responsable de la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo en Estados Unidos.

Pence también apoya el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) que se ha negociado durante el Gobierno de Barack Obama y cuya oposición total es uno de los puntos cardinales de la campaña de Trump.

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Esta diferencia se ha salvado con una redacción ambigua en el programa político que el Partido Republicano aprobará en la Convención, que pide poner  ''a Estados Unidos primero'' -otro de los lemas de Trump- a la hora de negociar tratados comerciales y, sin rechazar el TPP, aboga por revisar con calma su ratificación en el Congreso.

Pence, que barajó presentarse como candidato a las primarias de este año, aporta al tándem republicano la experiencia legislativa y gubernamental de la que Trump presume carecer y encarna al conservador arquetípico del que el magnate dista en numerosos sentidos.

El gobernador no es conocido por su carisma ni por una personalidad arrolladora, pero no le hace falta: competirá por la Casa Blanca junto a unos de los candidatos que más pasiones, de amor y de odio, han levantado en la historia del país.

De perfil bajo y nombre poco conocido a nivel nacional, Pence es una apuesta que, sin entusiasmar a casi nadie, parece contentar un poco a todos, algo que ya es bastante teniendo en cuenta la insólita relación de guerra abierta entre sectores tradicionales del Partido Republicano y su candidato a la Casa Blanca.

Pence, que antes de que Trump ganara las primarias de Indiana apoyó al senador ultraconservador Ted Cruz, ha defendido después públicamente que el magnate ''ha dado voz a la frustración de millones de estadounidenses trabajadores con la falta de avances en Washington''.

El gobernador creció y cursó todos sus estudios, incluida su licenciatura en Derecho, en su Indiana natal, un estado eminentemente agrícola del Medio Oeste de Estados Unidos considerado históricamente un feudo republicano.

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