¿Noruega bipolar?Líder climático y gigante petrolero


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En un día atípicamente cálido para la temporada, el ministro del Clima de Noruega, Vidar Helgesen, caminó por un enorme estacionamiento de autos eléctricos, contando los Tesla.

“Dos, tres, cuatro, cinco”, se maravilló el Ministro. Y ese era solo un pasillo.

Hay grandes beneficios por comprar un Tesla o cualquier auto eléctrico en Noruega. El Gobierno condona los altos impuestos que impone a las ventas de otros carros. Permite que los autos eléctricos circulen por los carriles de los autobuses. Las carreteras con peaje son gratuitas. Algunos estacionamientos ofrecen una carga gratis, y se están construyendo nuevas estaciones de carga en las autopistas.

De hecho, Noruega espera que solo se vendan autos eléctricos en el país para el 2025; una meta sorprendente, dado que significa patear en la espinilla a la poderosa industria petrolera de la nación.

Pero la gran campaña a favor de los autos eléctricos de Noruega no significa que la nación esté abandonando los combustibles fósiles, revelando lo que críticos llaman una notable contradicción en su política sobre el clima.

¿Querer es poder?

Aunque Noruega quiere que sus propios ciudadanos abandonen los combustibles fósiles, sigue siendo uno de los productores petroleros más grandes del mundo y está acelerando su producción, casi toda para exportación. Así que, aun cuando el país trata de reducir las emisiones y limpiar su propio registro de carbono internamente, de hecho está haciendo lo contrario en el extranjero.

Estimulada por atractivos subsidios estatales, la compañía petrolera noruega Statoil está a la búsqueda de nuevos campos petrolíferos y gaseros en el Ártico. Casi todo el suministro está destinado para exportación.

Peter Erickson, un destacado científico del Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo, una organización de investigación, encontró que las emisiones de las exportaciones petroleras de Noruega este año serán 10 veces más altas que las emisiones de carbono nacionales de esta nación de la Europa septentrional.

A medida que el Gobierno lidia con lo que debería hacer para evitar que el planeta se caliente a niveles peligrosos, los críticos afirman que esa monarquía democrática parlamentaria debería frenar el suministro de combustibles fósiles, en vez de solo recortar la demanda entre sus propios ciudadanos.

“Noruega se ha propuesto ser un líder mundial en la acción climática, sin embargo la continua expansión de la producción petrolera y gasera pudiera eclipsar los beneficios de los esfuerzos de reducción de sus emisiones”, escribieron Erickson y su colega Adrian Down en un reciente artículo de investigación.

Es uno de los problemas incluidos en el acuerdo de París sobre el clima que el presidente estadounidense Donald Trump promete abandonar, argumentó Erickson: los países son medidos por cuánto reducen sus propias emisiones, dentro de sus fronteras, no por el impacto que tienen en el planeta en general.

Noruega pretende reducir sus propias emisiones de carbono en un 40 %, excediendo las metas de la UE. Ya genera toda su electricidad con plantas hidroeléctricas. Un transbordador eléctrico para distancias cortas ha empezado a navegar en uno de los fiordos.

Pero el petróleo y el gas son vitales para la economía de Noruega, representando el 12 % del producto interno bruto y más de un tercio de las exportaciones, según la junta directiva petrolera de la nación.

Y aunque pudiera haber un esfuerzo mundial según el acuerdo de París para reducir las emisiones, eso ciertamente no ha detenido la competencia internacional por el petróleo ártico. Noruega está a la vanguardia de ese tumulto, seguida por Rusia, Canadá y Estados Unidos.

El Ártico está sintiendo algunos de los efectos más agudos del calentamiento global. Las temperaturas están aumentando al menos el doble de rápido que el promedio mundial, según han concluido los científicos.

El Ártico tuvo menos hielo marino al final del invierno de lo que se ha visto antes en casi cuatro décadas de mediciones satelitales. El mar de Barents casi no tuvo hielo el invierno pasado.

Pero, paradójicamente, el cambio climático también podría ayudar a las ambiciones de exportación de Noruega. Las aguas en derretimiento van a abrir nuevas rutas navieras que harán más barato que Noruega venda su petróleo a países en Asia.

Greenpeace Noruega demandó al Gobierno, argumentando que conceder nuevos permisos para perforación en el Ártico es inconsistente con sus obligaciones según el acuerdo de París, el cual busca mantener el aumento global en las temperaturas desde la era preindustrial por debajo de los dos grados centígrados.

En mayo, Statoil empezó a trabajar en cinco nuevos pozos de exploración en el Mar de Barents, y la compañía es optimista sobre las perspectivas. Dice que explora solo en aguas libres de hielo. (Limpiar un derrame petrolero en hielo es casi imposible, dicen ambientalistas).

Un vocero, Morten Eek, dijo que Statoil tiene mucho cuidado en mitigar los riesgos ambientales, que su proceso de extracción deja una huella de carbono más pequeña que el promedio mundial, y que la compañía no veía razón para detener la exploración ahora.

“Habrá demanda de petrolero y gas incluso si avanza un escenario de los dos grados”, dijo Eek.

En cualquier caso, señaló, puede intercambiar sus asignaciones de emisiones en toda Europa, como parte del sistema de tope e intercambio de emisiones de la UE, destinado a crear incentivos para reducir la huella de carbono de una empresa.

El Volkswagen del Ministro

El mercado petrolero, sin embargo, quizá tenga otras ideas. El petróleo noruego es caro, en relación con el petróleo de muchas otras partes del mundo.

Los precios declinantes del petróleo en el planeta pudieran hacer a la oferta de Noruega aun menos competitiva en el mercado internacional, dijo Thina Margrethe Saltvedt, analista en Nordea, una compañía de investigación de mercados.

“El mundo quizá no necesite nuestro petróleo”, afirmó.

Además, están las implicaciones climáticas, añadió: “Queremos ser un líder en el cambio climático. Pero lo que hacemos es exportar CO2”.

La perforación petrolera puede ser un tema políticamente polémico para los noruegos. Una propuesta para explorar en busca de petróleo cerca de las islas Lofoten, un terreno de reproducción del bacalao ecológicamente susceptible, enfrentó la encarnizada oposición de los ambientalistas y pescadores; y fue archivada hasta después de las elecciones nacionales del próximo otoño.

El ministro Vidar Helgesen enfatizó que su país estaba tratando agresivamente de frenar la demanda de petróleo y gas. Él conduce un Volkswagen Golf eléctrico. Puede desplazarse casi 160 kilómetros con una sola carga, aunque en los duros inviernos noruegos, admite, se agota mucho más pronto.

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