¿Cuál es el futuro de los biocombustibles en Costa Rica en la era del petróleo barato?

Ministerio de Ambiente y Energía impulsa nuevos impuestos a las emisiones de gases mientras algunas empresas comienzan a hacer inversiones en energías alternativas


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En la era del petróleo barato, Grupo H&M, dedicado a la venta de concreto premezclado en el país, anuncia una nueva estación de servicio de biodiésel en la Zona Norte del país, con una inversión de $1,5 millones.

Una estrategia de negocio que podría parecer extraña si se toma en cuenta que las agujas del precio del petróleo siguen apuntando hacia abajo, con una proyección de $49 el barril en promedio en lo que resta del año.  

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Algunos analistas nacionales e internacionales estiman que, conforme bajan los precios de los combustibles tradicionales, es más difícil impulsar una inversión en energías alternativas que desahoguen la contaminada matriz energética del transporte.

Los biocombustibles, que son energías producidas a partir de materia orgánica y no fósil, suelen mezclarse con combustibles tradicionales para mejorar su calidad o utilizarse por sí mismas para disminuir la huella de carbono del transporte y de las fábricas. Su beneficio para el mundo no es necesariamente económico. Al menos no en el corto plazo.

Entonces, ¿por qué las empresas invertirían?

Lo que movió a los empresarios de H&M fue precisamente una razón ambiental. "Nosotros somos mineros y usted sabe que ser minero es como ser el diablo, pero yo me considero un ambientalista", relató el presidente de la corporación, Ricardo Herrera. Sin embargo, asegura que no emprenderían un proyecto tal si no fuera rentable para el grupo.

"Además de que emitimos menos gases de efecto invernadero, tiene algunas ventajas económicas para quien lo consume. Por ejemplo, te deja el sistema de inyección limpio y más que duplica la vida útil del motor", explicó el empresario. 

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Las piedras del ducto

Sin embargo, los motivos económicos para invertir en biocombustibles para el transporte no están a la luz del día. Primero se agolpan frente a los ojos todas las razones para no hacerlo: el precio barato de los combustibles, la materia prima para producirlo, que escasea frente a una demanda cada vez más amplia y todas las consecuencias derivadas.

"Si impulsamos los biocombustibles tenemos que saber que también aumenta el costo del transporte, con ello también el de la producción y, con eso, el empleo se vuelve más caro, entonces aumenta el desempleo", argumentó el coordinador del Programa de Energías Alternativas del Insitituto Tecnológico de Costa Rica, Carlos Roldán. 

Costa Rica, además, carece de una ley de biocombustibles que le dé seguridad jurídica a los empresarios para producir el biocombustible y venderlo dentro de un marco normativo establecido. En este momento, operan sin ley que los respalde. 

La propuesta de Ley de Biocombustibles (18.789) presentada ante la Asamblea Legislativa en el 2015 por el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) y el Ministerio de Agricultura, propone que Recope tenga el monopolio de mezcla y distribución de esos biocombustibles. Una propuesta que a los productores no les parece justa. 

Con miles de comentarios en contra, la ley fue desconvocada y el Gobierno volvió a analizarla, pero insistiendo en la necesidad de que Recope entre en el juego, pues es la mejor forma de promover la investigación en el campo, dijo el jerarca del ministerio, Édgar Gutiérrez.

LEA: Gobierno gatea hacia el biodiésel.

Las soluciones

Aunque las energías alternativas son más caras a corto plazo, son más sostenibles en el largo plazo. En eso están de acuerdo el Gobierno y los empresarios. En un país que depende de los combustibles ajenos, lo mejor sería optar por una energía propia. 

"La volatilidad de los precios del petróleo hacen que las energías renovables sean interesantes. Si soy un inversionista, quiero que la rentabilidad sea predecible en el tiempo", dijo el consultor internacional en energías alternativas, Esteban Bermúdez.

El planteamiento del Gobierno es darle impulso a la agricultura, con la producción de palma para extraer aceite y de caña para el etanol, al mismo tiempo en que se desincentiva el uso de combustibles baratos.

Para este último propósito, confirmó el ministro, Riteve cobrará un canon por emisión de gases. Eso desincentivará, según el Gobierno, el consumo de fósiles, e impulsará el de energías alternativas.

"El desarrollo costarricense es un desarrollo caro porque estamos pensando en un desarrollo humano. Para sostenerlo, necesitamos pensar a mediano y largo plazo", dijo Gutiérrez.

El futuro de los biocombustibles en el país, entonces, termina estando en manos de un texto sustitutivo y de una buena propuesta para incentivar su consumo, sin que resulte perjudicial para la economía del país. El reto es grande.

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