Proyectos, como el desarrollado por la firma danesa DONG, ha atraído la atención de bancos, administradoras de dinero, fondos de capital privado e individuos ricos.

Por:  12 marzo
 David Severn/NYT PARA EF Este es el sitio de construcción de la subestación de Dong Energy conocida como Hornsea 1, que se convertirá en una granja de energía en Killingholme Norte, en Inglaterra.
David Severn/NYT PARA EF Este es el sitio de construcción de la subestación de Dong Energy conocida como Hornsea 1, que se convertirá en una granja de energía en Killingholme Norte, en Inglaterra.

Cuando los ingenieros enfrentaron las resistencia de los residentes en Dinamarca por los planes de construir turbinas eólicas en las planas tierras agrícolas del país nórdico, encontraron un lugar mejor: el mar.

La central eólica en alta mar, la primera del mundo, tenía solo 11 turbinas y podía suministrar electricidad a unas 3.000 casas. Ese proyecto ahora parece un pececillo comparado con las ballenas que se extienden por kilómetros en los mares del norte de Europa.

Frente a esta venerable ciudad portuaria británica, una compañía danesa, DONG Energy, está instalando 32 turbinas que se alargan a 180 metros de altura. Cada turbina produce más electricidad que esa primera instalación.

Es precisamente el tamaño, tanto de los proyectos como de las utilidades que pueden aportar, lo que ha atraído la atención de bancos, administradoras de dinero, fondos de capital privado e individuos ricos como el dueño de Lego y el banco de inversión Goldman Sachs.

A medida que la tecnología ha mejorado y la demanda de la energía renovable ha aumentado, los costos han caído. Y la producción de energía eólica en altamar, antes una inversión radical, con alcance limitado y dependiente de los subsidios gubernamentales, está moviéndose hacia la corriente convencional. Europa, también parece más atractiva, mientras Estados Unidos bajo el mandato del presidente Donald Trump reconsidera su postura en torno a las energías renovables.

“Si hubiera encuestado a los inversionistas en infraestructura hace cinco años, solo uno cuantos habrían estado analizando la producción de energía eólica en altamar”, dijo Suzanne Buchta, codirectora mundial de bonos verdes de Bank of America Merrill Lynch. Ahora, dijo, “se sienten un poco más cómodos”.

Las centrales eólicas en altamar tienen varias ventajas sobre la producción de energía renovable basada en tierra, ya sea eólica o solar. Las turbinas pueden ser desplegadas en el mar con menos quejas que en tierra, donde a menudo son consideradas feas.

Pero la tecnología había sido costosa y dependía fuertemente de los subsidios gubernamentales, lo que hacía que los inversionistas se mostraran cautelosos. Eso está cambiando ahora.

Las turbinas actualmente son más grandes, producen mucha más electricidad y se despliegan en sitios mucho más grandes que en el pasado. el resultado es más energía limpia e ingresos extra.

El número de actores importantes también se ha ampliado, creando más competencia. Una empresa conjunta de Vestas, el fabricante de turbinas danés, y Mitsubishi Heavy Industries de Japón, está compitiendo ahora con Siemens, que durante mucho tiempo había dominado el mercado para la construcción de turbinas de altamar. Otros, como el gigante estadounidense General Electric y fabricantes chinos, también están entrando en el juego.

“Para nosotros, la competencia es grandiosa”, dijo Benj Sykes, un gerente de país para Gran Bretaña de DONG. “Impulsa la innovación. Estimula el desempeño. También impulsa el costo”.

Las compañías están desarrollando embarcaciones especializadas y mejorando las técnicas de instalación (tomando como pauta a la industria petrolera), reduciendo los cronogramas de construcción. DONG y sus competidores están aprendiendo a enfrentar mejor el mal clima, la corrosiva agua salada y las fuertes corrientes que incrementan los costos.

La primera instalación de producción de energía eólica en altamar, Vindeby, empezó a generar electricidad en 1991. Frank A. Olsen, el ejecutivo danés que dirigió su construcción, recuerda que se construyó usando una barcaza con una grúa montada en un camión.

La central Burbo Bank Extension de DONG frente a Liverpool está mucho más avanzada. En la distancia, un barco tiende cable eléctrico, mientras una pequeña flota de otros barcos de unos 24 metros de largo se bambolean en el oleaje mientras cuadrillas de mantenimiento terminan su trabajo.

Todos esos factores en conjunto han ayudado a bajar los costos. DONG dice que sus costos anticipados para la generación de electricidad se han reducido en la mitad. Apenas en 2014, eran de 156 euros, o $166, por megavatio-hora (una unidad mayorista de la electricidad), en un proyecto británico. Para el año pasado, habían caído a 78 euros por megavatio-hora en una serie de centrales eólicas en Holanda.

Esa declinación de los precios ha despertado las esperanzas de que la producción de energía eólica en altamar pueda competir pronto con fuentes de energía convencionales como el gas natural y, eventualmente, se lleve a cabo sin subsidios.

La producción en altamar está “en el umbral de un nuevo mundo”, dijo Samuel Leupold, vicepresidente ejecutivo para energía eólica de DONG.

La industria no carece de desafíos. Los gobiernos han estado reduciendo el apoyo para la energía limpia en un esfuerzo por equilibrar sus presupuestos, mientras que parece probable que el gobierno de Trump, con base en sus promesas durante su campaña electoral, apoyará vigorosamente a los combustibles fósiles.

Los megaproyectos planeados que empequeñecerán a la Burbo Bank Extension pondrán a prueba si los inversionistas siguen viendo a las energías renovables como una inversión atractiva y si Europa conservará un papel de liderazgo cuando se trate de la energía verde en la era de Trump.

Por ahora, la producción de energía eólica en altamar es una industria relativamente pequeña, aunque está creciendo rápidamente. Actualmente, representa menos de una décima parte de las instalaciones de nueva capacidad eólica en todo el mundo.

Pero la inversión en la industria casi se triplicó en los cinco años concluidos en 2015, según Michael Gulbrandsten, un analista de la firma consultora danesa Make.

La producción de energía eólica en altamar se ha vuelto una fuerza importante en Gran Bretaña, Dinamarca, Alemania y Holanda, donde las aguas someras y ventosas ofrecen condiciones ideales para las centrales eólicas frente a las costas. Expertos dicen que parte de Norteamérica y China también tienen potencial.

La producción de energía eólica en altamar “ha sido un área de gran interés para nosotros”, dijo Carol Gould, directora de energía y renovables para Europa en MUFG, un banco japonés que está respaldando una gigantesca central eólica separada frente a Gran Bretaña, entre otros proyectos.

Como las tasas de interés en el mundo occidental están en niveles históricamente bajos, los inversionistas se han sentido atraídos por los rendimientos más altos de la producción de energía eólica en altamar. Y, con proyectos que tienen una expectativa de vida de 15 años o más, esos rendimientos también son de larga duración.

PensionDanmark, un proveedor de pensiones danés, ha invertido más de 1.600 millones de euros en participaciones accionarias en proyectos eólicos en altamar y espera rendimientos de entre 6% y 9%, dijo Torben Moger Pedersen, el director ejecutivo.

Esas recompensas reflejan los riesgos sustanciales.

Básicamente, están invirtiendo en plantas eléctricas y enfrentan una veintena de problemas potenciales: tormentas, problemas de construcción, cables eléctricos cortados, fluctuaciones en los precios de la electricidad e incluso la posibilidad de que los gobiernos no cumplan sus promesas. Hace cuatro años, el descubrimiento de toneladas de municiones sin explotar a lo largo de la ruta de un cable condujo a costosos retrasos para una central eólica en altamar alemana.

Para una compañía como DONG, que construye y en muchos casos opera las centrales eólicas, los riesgos se amplifican. A diferencia de los inversionistas, que están un paso más lejos del proceso, también espera altos rendimientos.

La compañía pudiera ganar alrededor de 12% de la Burbo Bank Extension, según Deepa Venkateswaran, analista de Bernstein Research en Londres. Las estimaciones se basan en las proyecciones de los costos de construcción y operación de DONG, así como los ingresos que obtendrá por la venta de electricidad. La compañía declinó hacer comentarios sobre la rentabilidad de proyectos individuales.

DONG, cuyo nombre es la sigla en inglés de Petróleo y Gas Natural Daneses, se las ha ingeniado para atraer a una amplia variedad de inversionistas importantes. Goldman Sachs tiene una gran participación accionaria en la compañía, pero otras varias empresas, individuos y fondos han adquirido participaciones accionarias en sus muchos proyectos y más están en preparación; una gigantesca nueva instalación frente a la costa inglesa conocida como Hornsea 1 empequeñecerá a Burbo Bank Extension.

DONG vendió participaciones accionarias de 25% a PKA, un fondo de pensiones danés, y Kirkbi, un vehículo de inversión de la familia Kristiansen, que es dueña de Lego.

Sus otras instalaciones han obtenido fondos de empresas como E. On de Alemania y Centrica de Gran Bretaña. Masdar, la compañía de energía limpia propiedad del emirato rico en petróleo Abu Dabi, y la firma bursátil japonesa Marubeni, también han comprometido dinero.

La creciente variedad de inversionistas que buscan unirse es un giro importante respecto de hace un cuarto de siglo.

“La producción de energía eólica en altamar tiene sentido como la próxima frontera”, dijo Jonathan Levy, jefe de política y estrategia para Vision Ridge Partners, una firma de inversión con sede en Colorado.