Productividad agrícola de Costa Rica creció 78% en últimas dos décadas

Crecimiento se ha visto impulsado por productos no tradicionales como papaya, mango y plátano

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Imagine 50 canchas de tenis. En 1991, Costa Rica obtenía de ese espacio, en promedio, lo equivalente a 14 toneladas de productos agrícolas.

En 2014, 25 años después, el país ha logrado aumentar a 26 la cantidad de toneladas producidas en ese mismo espacio de siembra.

Tal comportamiento se entiende como un aumento en la productividad agrícola (número de toneladas por hectárea sembrada) equivalente a un 78%.

EF analizó el rendimiento de 30 principales productos agrícolas entre 1991 y 2014.

El listado fue confeccionado con información suministrada por la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria (Sepsa), órgano adscrito al Ministerio de Agricultura, y corresponde a productos con los datos más actualizados para cada año en estudio.

La apuesta del país por la incorporación de nuevos productos a su oferta productiva, es señalada como la principal causa que ha permitido mantener una tendencia al alza.

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De igual forma, lograr una independencia de los productos tradicionales, ha dejado sus réditos. Por ejemplo, mientras entre 1991 y 1996 la productividad promedio del sector era liderada por un producto típico como la caña de azúcar, entre 2010 y 2014 tal hegemonía fue adquirida por un bien no tradicional como la papaya.

“La producción del país ahora está distribuida en fracciones más pequeñas y eso es positivo. Hoy, si decae la producción de café y banano, por ejemplo, se afecta el sector, pero no con la misma intensidad que antes”, ejemplificó Karina López, coordinadora de inteligencia comercial de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer).

Hacer que esos números mantengan un comportamiento positivo dependerá de cómo el sector logre incorporar un modelo de agricultura abocada a la generación de valor agregado a sus procesos.

Tradicionales, pero...

De acuerdo con Sepsa, por productos tradicionales se entienden el banano, el cacao, el café y la caña de azúcar.

De todos ellos, el banano fue el único bien que contribuyó a impulsar los números de productividad en los años de estudio, pero no con rendimientos suficientes para liderar. Los demás cultivos muestran una clara tendencia a que su productividad baje.

En promedio, el país reportaba 39,8 toneladas de banano por hectárea entre 1991 y 1996. Para los años comprendidos entre 2010 y 2014, la productividad era de 49,4 . Lo anterior significa un crecimiento del 24%.

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De entre los tradicionales, el café es el subsector que más ha visto caer su eficiencia, en un 32%. De ocho toneladas producidas en promedio en los primeros cinco años analizados, se pasó a cosechar cinco.

Sin embargo, en el caso del grano de oro, un giro hacia la satisfacción de nichos especializados de mercado amortigua el impacto de ese comportamiento.

“Se cae en productividad pero no así en competitividad. Se termina imponiendo la calidad de los productos.

Esa especialización de la agricultura también debe visualizarse”, comentó Miguel Ángel Arvelo, representante del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) para Costa Rica.

Clara diversificación

Son los productos clasificados como no tradicionales los que vieron crecer su eficiencia e impulsaron el rendimiento nacional en esos años.

Un tema de mejores precios, mayores rendimientos genéticos y una demanda creciente del mercado local e internacional, son los factores que han movido los números a favor de productos como el plátano, el mango, la macadamia, la fresa o la papaya.

Por ejemplo, cerca de 45 toneladas de papaya por hectárea se producían entre 1991 y 1995. Para los años comprendidos entre 2010 y 2014, ese número ya promediaba las 92.

De esta forma, la fruta ha sido el producto a nivel nacional que más ha visto crecer su productividad, en 241%, en los últimos años.

De acuerdo con Eric Gamboa, productor de papaya de la zona de Orotina, hoy se paga más por la fruta, lo que se convierte en un incentivo para sembrar.

De acuerdo con precios de la feria del agricultor divulgados por el MAG, en 2008 la fruta se vendía en cerca de ¢326 (colones del 2015) el kilo, este año el precio ha llegado hasta los ¢1.000.

“Esa calidad también se está reconociendo internacionalmente, entonces colocar el producto fuera no es un problema. Tenemos variedades de fruta mejoradas, un árbol da más fruto, por ejemplo, y eso aumenta la producción”, comentó Gamboa.

Al mismo tiempo, la productividad de estos bienes agrícolas se refleja en su aporte en divisas para el país.

Un área donde también se evidencia la pérdida de participación de los bienes tradicionales.

De acuerdo con datos de Procomer, en 1998 el banano y el café concentraban el 66% de las exportaciones del sector agrícola nacional. Para el 2014, la participación de esos productos se vio reducida a un 46%.

“La agricultura comercial dirigida a la exportación sigue marcando el ritmo, lo que nos invita a seguir fortaleciendo esos cultivos. Generan divisas, empleo y encadenamiento productivos”, señaló Carlos Monge, presidente ejecutivo del Consejo Nacional de Producción (CNP).

De esta forma, el terreno cedido es acaparado por otros productos, como la piña.

La fruta pasó de tener una participación del 7% del total de las exportaciones del sector en 1998, a tener un peso del 34% el año anterior.

Esa colocación efectiva de la piña se liga directamente a un crecimiento en su productividad y eficiencia, la cual aumentó un 91% entre 1991 y 2014, en promedio.

El país pasó de producir 29 toneladas de piña por hectárea a 56 toneladas de la fruta en los últimos 25 años.

Agregar valor como regla

Para lograr esa colocación en el exterior, los piñeros se han alejado de la exportación básica de producto fresco.

La oferta se ha inclinado hacia la elaboración de jugo concentrado, mermelada o hasta la fruta en trocitos congelada.

Justamente esa tendencia hacia agregar valor a los procesos es señalada como la ruta que debe seguir el productor local.

“Es aquí donde la productividad no es tan importante, sino el cómo se entra a un mercado y se logra mantener. Muchas veces se produce mucho de una fruta pero o no se vende o la calidad no es buena”, agregó Arvelo.

El apego a la conquista de nichos específicos como el orgánico, el cumplimiento de políticas de carbononeutralidad o comercio justo, son enumerados como ejemplos hacia lo que debe aspirar el sector.

Es un esfuerzo que se debe considerar desde la elaboración de políticas públicas que además incluyan a los productores a lo largo de toda la cadena de valor.

“Éramos pioneros en producir fruta fresca, llegamos a cumplir con los más altos estándares de calidad. Pero pasa que ahora otros países también lo han hecho. Entonces, ¿por qué no pensar en ser únicos en frutas procesadas también?, concluyó López, de la Promotora.

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