Columna Clase Ejecutiva: Libros sagrados y homofobia


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No niego la importancia de los libros sagrados de las distintas religiones y filosofías. No hubiera podido enfrentar la muerte de seres queridos sin el Libro Tibetano de los Muertos y el Bhagavad-Gîtâ. Pero no hay que olvidar que estos libros nacen en una época que los marca y son un producto humano, no necesariamente la palabra de Dios. Porque, ¿cuál Dios? La mayor parte de la humanidad es politeísta, como sus libros sagrados.

El monoteísmo de occidente viene de los hebreos. Hay corrientes místicas hebreas como la Cábala que no son monoteístas. De hecho la palabra elohim es un plural.

Los hebreos, al menos los primeros, jamás se imaginaron que sus libros serían editados y tomados como parte de los libros sagrados de un grupo mucho más grande y posterior: la cristiandad.

Esta bisagra entre el Antiguo Testamento, cuyo origen son los libros sagrados de los hebreos, y el Nuevo Testamento la realiza Paulo de Tarso, un judío griego.

Pero muchas personas, en lugar de ver el origen humano e histórico del Antiguo Testamento lo toman como la palabra directa del Dios de toda la humanidad. Y basados en ciertos preceptos de estos libros y de las cartas de Paulo de Tarso afirman que Dios condena la homosexualidad.

En primer lugar hay que saber que en la antigüedad no existía la homosexualidad como concepto. Existía la posición activa y la posición pasiva y estas podían cambiar. Así el poeta Catulo canta a su amada o a su amado y nadie lo llamó nunca sodomita.

En segundo lugar hay que entender que el pueblo hebreo en sus orígenes era pequeño, asediado y luchaba por establecerse en territorios de otros. Necesitaba crecer y no podía permitirse el lujo de que sus vientres y su semen se desperdiciaran en relaciones homoeróticas.

Para dar más fuerza a estos preceptos de supervivencia se ponen en boca de Dios. Esta condena a la homosexualidad era para ellos en ese momento necesaria.

Extenderla a nuestro tiempo y a nosotros es ahistórico.

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