Real Academia de la Lengua da visto bueno a costarriqueñidad

Novedades de la edición 23 del diccionario académico incluyen bajar y subir... en la web

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Aunque no en tropel, un nutrido número de palabras hizo su ingreso “triunfal” en el nuevo Diccionario de la lengua española ; son términos que finalmente obtuvieron el visto bueno de la Real Academia de la Lengua (RAE) y podrán usarse sin que sean tildados de “inexistentes”, “desautorizados” o “incorrectos” por la añosa institución.

Entre los términos que se pueden emplear “con toda corrección” a partir del presente año, están privacía, zíper, blúmer, gobernanza, birra, bisnes (en singular y plural), brócoli, amigovio, bluyín, bluf, gane, baipás, membresía, ratón, soul y costarriqueñidad.

Varios de ellos son descritos como propios de América o de algunos de sus países, como amigovio, bisnes, membresía, bluyín, blúmer y zíper (los dos últimos usados en toda Centroamérica).

Algunos son señalados ahora como costarriqueñismos: zocar (con el mismo sentido en otros países del Istmo) y privacía. Otros no reciben adscripción geográfica y, por tanto, serían de uso general, como birra, brócoli, baipás, bluf y gobernanza.

Por cierto, las palabras amigovio y chifrijo –esta ya puede considerarse un costarriqueñismo consumado pero lejos de ser académica– tienen un origen similar aunque sus “ingredientes” son muy distintos; en el primer caso se funden los términos amigo y novio, en el otro, varias sílabas de las palabras chicharrón y frijol.

Asimismo, hay palabras que se emplean en Costa Rica pero la definición las remite a otras naciones donde se usan con el mismo significado que le damos aquí, como tuanis (El Salvador y Honduras), danta (Colombia, Ecuador y Venezuela), achantado (Colombia), candanga (El Salvador y Honduras) y queque (Bolivia, Chile, Cuba y Perú). Tal parece que la Academia Costarricense de la Lengua no ha reportado a la RAE estos términos como de uso frecuente en Costa Rica.

La costarriqueñidad ahora sí existe, pese a que costarriqueñismos como los siguientes aún esperan por ingresar al acervo oficial del castellano: chiva (bonito, agradable), chivearse (enojarse), aturusar, sorompo, zafalomo, pringue, zonto (no al menos con el sentido que se le da en el país) y chispa (no con el significado de inteligente y vivo). Otras formas mantienen su estatus académico, como cabanga, achará y gelado, pero ¡achará que las nuevas generaciones no conocen este término! y más de un gelado no sabe que lo es.

Membresía es un caso interesante pues en el 2001 fue aceptado como “condición de miembro de una entidad”, según su uso en Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Panamá; pero en el 2005 fue desaconsejado en el Diccionario panhispánico de dudas (DPD), también de la RAE, y sustituido por membrecía –“ya que el sufijo español para formar este tipo de derivados es -cía (de abogado, abogacía; de clero, clerecía)”–; sin embargo, en el 2014 se mantiene membresía con el beneplácito académico aunque explica que esta es una adaptación del inglés membership ... También incluye membrecía aunque remite al término con “s” como americanismo.

Desde la creación de la Real Academia Española hace 300 años, posiblemente cientos de palabras han ingresado y salido de los diccionarios académicos producidos en ese lapso; no obstante, en los últimas dos ediciones (2001 y 2014) hemos visto gran cantidad de nuevas palabras de uso frecuente en países americanos y España.

Hispanocentristas

En algunos casos, las propuestas son, a todas luces, hispanocentristas (bueno, al fin y al cabo la institución que edita el diccionario es española), entonces, propone –en aras de la “esencial unidad”, dicen ellos– formas ajenas a los americanos: mantiene iceberg (así, ya sin cursivas), porque en España lo pronuncian /i-ce-bérg/, pero en América decimos /áis-berg/, según la pronunciación inglesa; establece diésel, así pronunciado en la península ibérica, pero en este lado del Atlántico decimos /dí-sel/, según la pronunciación alemana; gay en España –porque allá dicen /gái/–, es /guéi/ en América, que sigue la pronunciación inglesa, por lo que el plural /gáis/ en España varía a /guéis/ en América; consigna espray, que los españoles pronuncian /es-prái/, pero en diversos países americanos se dice /es-préi/. Tema interesante de discusión.

De casos similares como los anteriores, ha prosperado sándwich (porque la pronunciación en ambos lados del Atlántico es igual /sán-duich/), a pesar del encuentro consonántico n-d-w ajeno a la historia de la lengua de Cervantes.

La Academia ha desaconsejado en el DPD nuestro “sánguche” latinoamericano, dizque porque es “del registro coloquial”; curiosamente, el diccionario académico incluye un sinfín de palabras a las que anota como de uso coloquial...

En el área de la informática, la Academia se ha mostrado muy productiva en aras de adaptar la lengua rápidamente a los nuevos usos de la tecnología. A términos como ciberespecio, chip, formatear, interfaz, web, módem, escáner, píxel, clic y disco duro (ya aceptados en la edición previa), se unen este 2014 blog, bloguero, chat, chatear, chateo, bajar y descargar, subir y colgar, memoria caché, ratón y protocolo. En algunos casos, por supuesto, se dio una acepción nueva a un término preexistente.

Aunque son muchos los esfuerzos, hay palabras para las que no propone adaptaciones y las sigue consignando como extranjeras –aparecen en cursiva–, algunos consideran que tales términos no deberían incluirse en un diccionario de lengua, sino en uno de uso o dudas.

Entre ellas, están blues , geisha , ballet , pizza , motocross , jazz , rock , sottovoce y souvenir (aunque el DPD proponía suvenir).

Y aunque nos parezca extraño, porque nunca nos hemos llamado a nosotros mismos así, los costarricenses somos también costarriqueños.

El gentilicio había sido eliminado en la versión del 2001, pero tal parece que en cierto lugar allende la Mar Océano o en algún rincón del Nuevo Mundo hay otros que nos llaman así y, por esa razón, se consigna nuevamente en el diccionario de la Real Academia de la Lengua.

Diccionario académico

Diccionario normativo, creado y publicado por una academia –también llamado diccionario de lengua–. Establece las normas y reglas aceptadas como correctas para un idioma.

En el caso del castellano la Real Academia Española, ahora en estrecha colaboración con la Asociación de Academias de la Lengua Española, publica el Diccionario de la lengua española. Este año vio la luz la 23.ª edición, con 93.111 entradas y 195.439 acepciones.

El lema original de la RAE, cuya primera sesión se realizó en 1713, es “Limpia, fija y da esplendor” y hoy considera “la esencial unidad de la lengua española” como una de sus principales metas.

La primera versión, Diccionario de autoridades, constó de seis tomos publicados entre 1726 y 1739.

Fuente Real Academia Española.

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