Tres años de esfuerzos de Mario Draghi para salvar el euro

Los analistas esperan que este jueves el presidente del Banco Central Europeo anuncie un programa de compra masiva de deuda pública


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"Si pierdes la valentía, estás perdido" le decía su padre. A Mario Draghi no le ha faltado valentía, y la nueva ofensiva monetaria del BCE que se espera anuncie el jueves culminará tres años de esfuerzos para salvar el euro.

El esperado anuncio de que el Banco Central Europeo va a empezar a comprar masivamente deuda pública consagrará también la victoria del "estilo Draghi" del presidente italiano de la institución, mezcla de audacia y una comunicación milimetrada que le han permitido vencer las reticencias, sobre todo alemanas.

Colocó la primera piedra en Londres, en agosto de 2012. El rendimiento de las deudas soberanas se disparaba en la zona euro y ante la presencia de inversores convencidos de la implosión inminente de la zona euro, el italiano improvisó el ya famoso "cueste lo que cueste" y dijo estar "dispuesto a todo" para salvar la moneda única.

"Rara vez unas palabras habrán cambiado tanto las cosas", considera Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg.

"Tras estas declaraciones, se recuperó rápidamente la confianza. Tres meses después, la zona euro volvía a crecer", recuerda el analista.

Draghi que había sucedido hacía unos meses al francés Jean-Claude Trichet al frente de la institución, salvó el euro, según la opinión general.

Para muchos, había nacido el estilo Draghi: una comunicación hábil, que destila los mensajes correctos en el momento adecuado, aliado a una innegable audacia, virtud capital imbuida por su padre, fallecido hace 15 años, explica en una entrevista publicada la semana pasada en Alemania.

"No dudó en sorprender y en arrastrar a su consejo de gobernadores", dice Gilles Moëc, economista jefe para Europa del Bank of America-Merrill Lynch.

El consejo de gobernadores, que adopta las decisiones de política monetaria, agrupa al directorio del BCE y a los gobernadores de los bancos centrales nacionales, entre ellos el del muy ortodoxo Bundesbank alemán.

Draghi, que llegó al BCE al final de 2011 con el apoyo de la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy, inició un largo trabajo de persuasión. Su capacidad a seducir a su auditorio y a sus interlocutores es una de sus cualidades, destaca una fuente cercana del BCE a la AFP.

Después de su "cueste lo que cueste", anunció un nuevo programa de compra de activos, el OMT.

Un programa que nunca ha sido utilizado y que Weidmann considera que no es otra cosa que "financiar a los Estados con la plancha de billetes", que amenaza con tener el efecto de una "droga" para los gobiernos.

Con una economía que no acaba de despegar y la inflación en caída libre, las presiones aumentan. París reclama al BCE más activismo, el FMI también. La mayoría tiene en mente un programa de "expansión cuantitativa" como en Estados Unidos o en Japón.

Ante el creciente riesgo de deflación, Draghi logró una nueva vuelta de tuerca en junio de 2014: el BCE redujo sus tasas de referencia a terreno negativo, una revolución para un gran banco central. Desde 2012, la institución ha bajado seis veces las tasas.

En agosto volvió a dar otro golpe de efecto durante la cumbre de banqueros centrales en Jackson Hole, Estados Unidos. Draghi estaba alarmado por las previsiones de inflación y preparó los ánimos para un nuevo golpe de envergadura.

Algunos gobernadores, liderados por Alemania, no están de acuerdo ni con el diagnóstico ni con los remedios, las medidas "no convencionales" que adopta, una tras otra, el BCE.

En octubre 2014, tras los créditos masivos que puso a disposición de los bancos, la institución monetaria anunció la compra de ABS, una de sus medidas estrella para hacer fluir el crédito. Pero Francia votó en contra.

La prensa empezó a hacerse eco de las discrepancias en el seno del consejo contra Draghi, al que le criticaban de una comunicación demasiado personal y demasiado aventurera.

Aislado, empujado a la salida, el italiano estaría dispuesto a irse del BCE para asumir la presidencia de Italia, aseguraban algunos diarios.

Las relaciones con Weidmann son, al parecer, glaciales.

Pero ante una inflación que sigue cayendo, es al final el alemán el que está cada vez más aislado. Draghi se garantiza el apoyo alemán a nivel más alto. La semana pasada se reunió en Berlín con la canciller Angela Merkel, al parecer, para presentarle su proyecto de compra de activos.

Con este gesto, Draghi se preparaba para retirar uno de los últimos obstáculos. Ante la falta de alternativas, Berlín se resigna, aunque no crea realmente en la eficacia.

"La situación a la que nos enfrentamos, es un test para todas las autoridades europeas, incluido el BCE", recordó recientemente Benoît Coeuré, miembro del directorio de la institución. En primer lugar, para su presidente.

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