Empresas del Siglo XXI: El eslogan final


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Hay quienes dicen que la publicidad es como la poesía del comercio y que los eslogan son sus estrofas más eficaces. A pesar de ello, el eslogan es mucho más viejo que la publicidad organizada como la conocemos. Su origen se remonta a varios siglos atrás cuando los jefes de los clanes, en Escocia, alentaban con sus llamados a sus dirigidos en combate.

Se puede decir que el eslogan es el resumen verbal con más trascendencia luego de la marca. Consejo de urgencia, lo llamó el escritor español Pedro Laín. La frase portátil, le dijo Jorge Luís Borges.

Muchas marcas locales e internacionales hicieron despegar el eslogan al podio del recuerdo triunfal. Porque algunas frases creadas comercialmente se vuelven tan populares que terminan por penetrar en el corazón del idioma y se incorporan en lo cotidiano, allí en donde está, paradójicamente, su verdadero origen y razón de ser.

Hasta hace poco, sin estas frases como cierre del anuncio, casi no se podía concebir que existiera una buena campaña publicitaria. Pero los tiempos cambian y el eslogan ya no es lo que era antes. Las imágenes, las figuras, el movimiento o simplemente los colores, desplazan al eslogan que se defiende solo con palabras.

Hoy en día, pequeñas síntesis creativas de incalculable valor y a prueba de cualquier incomprensión, pueden decir todo un gran mensaje sin usar palabras, más aún cuando logran tener un concepto único junto a una idea propia que las respalde. Es como llegar, luego de un arduo proceso de investigación, hasta la última gota de la esencia de la marca y expresarla como el consumidor mejor la reconozca.

Podemos decir que un buen slogan nunca morirá, porque muchos han sobrevivido al producto mismo que los originó, pero debemos aceptar que dentro del auge de la comunicación no verbal se puede estar anunciando el final del eslogan.

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