Gusto y exigencias de los ticos impulsan al negocio de helados a crecer y se diversificarse

Mercado ofrece nuevas opciones de helados entre artesanales y franquicias

  • Facebook (Compartir)
  • Tweetea!
  •  
  • Imágenes

El negocio de helados en Costa Rica se ha diversificado y ya no es más un producto de temporada.

Hoy, los comercios ofrecen a sus consumidores la posibilidad de elegir entre formatos, sabores, ingredientes y hasta con puntos de venta adaptados a sus gustos y demandas.

Hace más de 30 años, las pulperías, la tienda en la fábrica de helados de Dos Pinos (en Barrio Luján), los supermercados y algunas tiendas Pops eran de los pocos lugares donde los ticos debían ir para satisfacer su antojo.

También podía comprarlos en los carritos que pasaban por los barrios vendiendo chocoletas y conos, los helados favoritos de esa época.

Aunque la cantidad de esos carritos ha crecido 40% en las últimas dos décadas, los consumidores nacionales ahora demandan innovación, nuevos sabores y productos, y, sobre todo, nuevas experiencias de compra.

Los helados de yogur, como Moyo, TCBY, Tutti Frutti y Yogurtini; las “ gelaterías ” como Da Noi y La Gelateria; las paletas de La Paletería, Los Paleteros, Yolobon y Enpaleta, y las tendencias más recientes de helados en rollos, como Rollolado y Fry-Oh, entre muchos otros, vienen a competir con los tradicionales helados que se han posicionado por años en la mente de los costarricenses.

Alberto Kracov, gerente de las Gelaterías Da Noi –con siete 7 años en el negocio–, aseguró que hoy en el mercado se ven productos, sabores y formas de comer helado que no se veían años atrás.

Gran parte de la estrategia de los negocios es acudir a las tradiciones costarricenses e innovar con formatos a los que el mercado nacional no está acostumbrado.

“Apelamos a los sabores tradicionales haciendo pruebas de distintas combinaciones. Siempre escuchamos lo que la gente quiere y ese es el mejor termómetro para determinar lo que ‘dice’ el mercado”, comentó Enrique Artiñano, socio de Los Paleteros, quienes hicieron de su Churchilleta un producto popular en el 2016 y hoy cuentan con seis puntos de venta propios.

Apelar a los sabores tradicionales y arraigados a la cultura es una estrategia que no solo ha funcionado a Los Paleteros.

infografia

Susana Quintero, directora de Yolobon, empezó ofreciendo sus helados en la feria del agricultor de Santa Ana y hoy tiene 44 puntos de distribución.

Yolobon vende paletas de fruta natural sin lácteos, preservantes, soya ni gluten, y están hechos con frutas producidas por agricultores locales.

Quintero comentó que en su caso, al encontrarse con un mercado productor y gran consumidor de frutas, Yolobon resulta una oferta atractiva para los clientes.

Estos productos surgen bajo el concepto de “helado artesanal” cuya producción es más lenta pero brinda al resultado final acabados únicos, que le permiten competir en sabor y calidad con los grandes productores locales.

Luis Diego Ramírez, socio de EnPaleta, afirmó que sus helados destacan por su cremosidad, aunque admite que, para alcanzar ese acabado, requieren un proceso más lento y menos escalable, pero con mejores resultados.

Pese a que pareciera que la tendencia de las paletas ha creado productos similares en masa, las marcas se diferencian entre sí por sus acabados, sabores, coberturas, variedad y puntos de distribución.

Otro de los sectores que ha crecido ha sido el del yogur helado.

En el país hay al menos cinco empresas que ofrecen yogur helado de diferentes sabores a los que se les agregan toppings a elección del cliente, muchos con la opción de autoservicio.

Empero, no es casualidad que este nicho de negocio tenga un buen desarrollo.

Según un estudio presentado por la consultora Nielsen en el Congreso Nacional de Lecheros de este año, el volumen de consumo de lácteos en Costa Rica ha crecido 6,5% con respecto al 2015.

El informe señala que Costa Rica es el país de Centroamérica donde el yogur ha tenido mayor penetración en comercios, siendo los supermercados el canal de venta que crece a mejor ritmo.

Para quienes los comercializan, el aumento de la demanda del yogur helado tiene que ver con la variedad de opciones que existen el mercado.

Las heladerías ofrecen en promedio entre 3 y 10 sabores a elegir y más de 15 toppings para acompañarlos.

El éxito de los productos se da también gracias a los cambios en los hábitos de consumo de los costarricenses, quienes ahora se preocupan más por comer saludablemente, conocer la procedencia de lo que consumen y se inclinan por comercios que ofrezcan alternativas libres de azúcar, lactosa y opciones para dietas específicas.

Rollolado y Fry-Oh, dos heladerías que utilizan la técnica de “helado a la plancha” o “helado en rollo” (tendencia que llegó al país recientemente), incluyen dentro de su menú bases aptas para veganos, intolerantes a la lactosa y diabéticos.

La idea consiste en una combinación de toppings que se mezclan con una base líquida y posteriormente se pasan por un plato a 40 grados bajo cero en el que se extiende y se elabora helado fresco, que luego es servido en forma de rollo.

La posibilidad de hacer helado al momento permite que se pueda vender un producto personalizado ideal para aquellos consumidores que tienen requerimientos especiales.

El reto de innovar

Sin embargo, no todo resulta sencillo en el mundo de los helados, sobre todo para los que tienen más tiempo en el negocio.

Francisco Arias, gerente de relaciones corporativas y ganaderas de Dos Pinos, comentó que el consumidor local es ahora más exigente, por lo que su empresa ha tenido que innovar en variedad y presentaciones, para ofrecer productos que generen nuevas experiencias.

Además, para lograr mantenerse en el mercado, muchas empresas han decidido diversificar sus canales de venta para acceder a otros consumidores y que el negocio siga siendo rentable.

Por ejemplo, TCBY es una de las franquicias pioneras en la categoría de yogur helado.

La empresa llegó hace más de 20 años al país y debido las distintas opciones heladeras que han surgido en los últimos años, optó por diversificar el negocio y migrar hacia nuevos modelos.

Gerardo Jaspers, gerente de la compañía, afirmó que el negocio es muy dinámico, por lo que decidieron dirigirse hacia la distribución de productos en cadenas de supermercados y tiendas de conveniencia, sin enfocarse tanto en las heladerías propias.

Otras, como la Gelatería Da Noi, optaron por distribuir sus productos a restaurantes, cafeterías, hoteles, gelaterías y comedores institucionales.

Hace cinco años, la empresa comenzó a ofrecer sus paletas, “gelatos ” y repostería a negocios de terceros como una estrategia de crecimiento paralela a las heladerías.

Actualmente, distribuyen a 50 establecimientos materia prima para elaborar comestibles y productos preparados.

Las empresas heladeras más nuevas también han aprovechado la tendencia.

Gracias a una alianza con Spoon, los jóvenes empresarios de Enpaleta distribuyen sus helados en ochos de los restaurantes que tiene esta cadena en la GAM.

Optaron también por crear una línea hermana de paletas con licor que ofrecen a restaurantes para ser combinadas con copas de sangría y tragos, y así acceder a un sector diferente del que consume regularmente sus productos.

Empero, no todas las empresas logran adaptarse a las tendencias.

Ese fue el caso de Dippin’ Dots, franquicia norteamericana de helados que llegó en el 2014 e hizo un paso fugaz por Costa Rica pese a la expectativa que se tenía con su llegada.

Según comentó José Bonilla, director de Oasis Group –firma responsable de la marca en el país–, los costos de importación de helados son muy elevados y si no se tienen beneficios arancelarios o una robusta estructura empresarial, se hace imposible la comercialización.

Aunque es difícil predecir si la tendencia de helados es una moda o si llegó para quedarse, la innovación en cualquier negocio es esencial para mantenerse porque las necesidades de los clientes cambian, evolucionan y demandan cosas nuevas todos los días.

Para Quintero, una de las claves de cualquier negocio es que “no sobreviven los más fuertes, sino quienes se adaptan mejor a los cambios”.

Sostenbilidad y financiamiento