Negocio de ropa usada de Costa Rica generó al menos $125 millones en 2012


  • Facebook (Compartir)
  • Tweetea!
  •  
  • Imágenes

Desde hace un año, la cadena de tiendas de ropa usada Paca Loca decidió renovar su concepto: dirigirse a un segmento de clase media y convertir sus espacios en boutiques .

Para uno de sus dueños, Mahmood Berahimi, esa era la única forma de sobrevivir en tan competitivo mercado.

“Algunos tiran la ropa al suelo. Nosotros remodelamos las tiendas, etiquetamos las prendas con precio y seleccionamos nuestra mercadería”, dice el empresario de origen iraní.

Berahimi opera 14 puntos de Paca Loca en todo el país y 4 de Orange Blue, otra cadena del mismo corte, con lo cual da empleo a alrededor de 400 personas.

Por año, abre de 4 a 6 puntos de ambas tiendas con tamaños cercanos a los de 500 metros cuadrados y puede reinvertir entre $20.000 y $120.000 en la remodelación de cada local.

Su mayor competidor, Tiendas Sinaí, opera 43 puntos de venta en toda Costa Rica y está dirigido a clases más bajas y a inmigrantes nicaragüenses. Además, cuenta con un centro de distribución en Zona Franca B, en El Coyol de Alajuela.

Entretanto, Boutique Cleveland sigue un formato similar al de Paca Loca con unos 17 espacios abiertos, cuyas inversiones más recientes –al igual que las de sus competidores– se han dado en zonas fuera de la Gran Área Metropolitana (Sarapiquí, Ciudad Neilly y Liberia, entre otros).

Estos tres negocios se enfrentan en un mercado que incluye a un importante número de cadenas con menos locales como Renovación, ByB, Mundo Americano, Best Choice y California.

Además, la industria reúne un total de 248 importadores que, según datos del Ministerio de Hacienda, tributaron el año pasado.

Aunque los precios de los artículos usados pueden ir desde menos de ¢1.000 hasta los ¢5.000 o más, los grandes volúmenes que se manejan lo hacen ser un rentable y jugoso negocio.

Sin embargo, su crecimiento es cuestionado por importadores de ropa nueva y la industria textil local, que ven en sus condiciones una ventaja desleal.

Para arriba

Solo entre 2007 y 2012, el valor de las importaciones de ropa usada aumentó en 50%, de acuerdo con información de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer). El 87% vino desde EE. UU. y el 10% de Canadá.

Lo anterior representó la entrada de 21,7 millones de libras de ropa al país solo el año pasado.

Si se siguen los estándares de mercado (en 1.000 libras, hay 3.000 artículos en promedio), esa cifra correspondería a 65 millones de prendas, es decir, una media de 14,4 por tico.

Asimismo, si cada artículo se vendió en $1,93 (precio ponderado entre productos premium o seleccionados y crudos o no seleccionados) este mercado generó ganancias de al menos $125 millones.

La rentabilidad del negocio se vuelve más clara al tomar en cuenta que un contenedor de 20 pies, con capacidad para transportar hasta 44.000 libras de ropa, tiene un valor facturado medio de entre $5.000 y $7.000, según estadísticas del Ministerio de Hacienda. Ese mismo contenedor de 132.000 prendas podría comercializarse hasta en $254.000 a precio ponderado.

¿Por qué el auge?

“Este negocio es como el de la comida. Nunca va a desaparecer porque se trata de bienes que la gente siempre necesitará, incluso en momentos de crisis”, dice Luis Rojas, codueño de la importadora de ropa americana Mavi, en Ciudad Quesada.

Mavi importa una carga mensual de 25.000 libras que vende al por mayor a 200 clientes de todo el país. Su crecimiento ronda entre el 10% y 15% anual.

De acuerdo con Rojas, la diferencia de precios entre zona urbana y rural puede ser de hasta un 200%.

Lo anterior responde a que parte de la venta se da en empresas informales y casas de personas que comercializan las prendas.

Para Mahmood Berahimi, el negocio ya no es tan rentable como hace 10 años. Con la apertura de grandes cadenas y pequeños competidores en todo el país, dejó de ser una atractiva actividad.

“El 70% de lo que se exhibe no se vende. Al final, mucha mercadería se tiene que regalar a precios bajísimos. La única forma de sobrevivir es con más tiendas y vendiendo grandes volúmenes”, explica Berahimi.

EF intentó hablar con Álvaro Jiménez, dueño de Sinaí, y David Cleveland, propietario de Cleveland, pero al cierre de edición no se obtuvo respuesta de ninguno.

Y es que en los primeros cuatro meses del 2013, estos actores concentraron una importante cantidad de ropa usada importada al país, de acuerdo con datos consultados en el sistema Tecnología de Información para el Control Aduanero (TICA) de Hacienda.

Por ejemplo, Importaciones El Macizo S.A. y Mundo Sinaí S.A. (ambas representadas por Álvaro Jiménez) importaron cerca del 51% del peso reportado por TICA en ese periodo (2,5 millones de kilos). Por su parte, Seleccionadora Snicker S.A., de David Cleveland, trajo el 10%.

¿Condiciones ventajosas?

Rodolfo Molina, presidente de la Cámara Textil Costarricense, opina que los importadores de ropa usada compiten de forma desleal con respecto a los que introducen al país ropa nueva y a los fabricantes locales.

Lo anterior, porque la ley no los obliga a etiquetar los productos con indicaciones de lugar de origen y los materiales de fabricación como el resto de competidores, lo cual significa un costo adicional para los demás actores.

Orlando Muñoz, del departamento de Reglamentación del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), explicó que la disposición de dejar por fuera a la ropa usada de este control se dio porque no es posible legislar del mismo modo bienes usados y nuevos, y porque al Ministerio de Salud ya vigila la salubridad de estos productos.

De hecho, esa entidad obliga a los importadores de ropa usada a fumigar todas las prendas antes de venderlas y el MEIC le exige no inducir al consumidor a error e informarle que se trata de prendas ya utilizadas, medidas que para Molina no son suficientes.

EF consultó al Ministerio de Hacienda acerca del control que ejerce sobre esta industria que el año pasado tributó solo $2,1 millones, pero al cierre de edición no se obtuvo respuesta.

Sostenbilidad y financiamiento